Tiene fortaleza. Eso se percibe en el primer encuentro con ella. Está hecha de un material tan fuerte como el de los Camiones 240 marca Caterpillar que maneja, con un peso de 170 toneladas y una capacidad de carga de 240 toneladas.
Toda una maravilla a la vista, este tipo de maquinaria debe llegar a su destino por partes, pues por su tamaño no puede transitar en ninguna carretera de Colombia.
Carolina Lozano Rodríguez tiene 32 años y vive en Hatonuevo, Guajira. Es madre soltera de dos niños pequeños y es la única operaria de su línea compuesta por 45 personas.
Egresada de la Universidad Popular del Cesar donde estudió Enfermería, no ejerció su profesión. “Me casé y me divorcié teniendo dos niños. Uno necesita sus cosas, así que ingresé a trabajar en la vigilancia aquí en la empresa, como coordinadora de accesos y ahí me fue bien, fue donde conocí al personal administrativo que me podía ayudar a entrar a Cerrejón”, cuenta.
TecnoGuajira (que hasta hace unos meses fue TecnoCerrejón) fue el programa al que ingresó Carolina, subiendo peldaños en esas “metas” que según dice, se trazó luego de separada. “Me inscribí y como te digo, se me han dado las cosas. Tengo muchos planes... muchos proyectos, el más importante pues es seguir aquí en la empresa para la estabilidad de mis hijos”.
De mirada firme y agradable, afirma. “¿Qué te digo?. Somos pocas las mujeres que tenemos el privilegio de estar aquí porque no a todas les gusta esto y lo echan adelante. Esto es difícil, los turnos nocturnos, las jornadas de doce horas, un día de día, un día de noche, cuatro días es nuestro turno y descansamos tres. No es fácil dejar los hijos”, explica.
En el trabajo, tiene una pareja desde hace tres años y 44 compañeros que se preocupan por ella. “Ellos confían bastante en mí. Me cuidan siempre y en las noches están atentos. ´Caro que no te escuchamos, que esto que lo otro´, dice replicando las llamadas de sus amigos mientras trabaja. “Viven muy pendientes”.
Carolina viste de botas. Su cabello se pierde bajo el casco de protección y su mirada en esas gafas transparentes, que le dan un aire de seriedad. Escondida en su camisa reflectiva se ve la sencilla blusa blanca de encaje que lleva, antítesis de esta indumentaria diseñada para su seguridad. “Yo hace mucho tiempo decía. “noooo ese trabajo es para hombres” porque yo soy muy femenina, pero me ha parecido muy bueno la verdad”.
En Cerrejón son bastante estrictos con las normas de seguridad, y con toda razón, pues “nada vale más que la vida de una persona”. Es un mundo distinto. Para que los visitantes recorran las instalaciones y que el carro arranque, todos los pasajeros deben tener los cinturones puestos. La vestimenta de protección es exigida y las zonas restringidas son impenetrables.
“Mi trabajo es de bastante responsabilidad con los compañeros y las máquinas. Todo es como un engranaje y se hace realmente en equipo. Es un proceso. Aquí uno tiene que venir muy concentrado... muy pendiente”.
De noche, acompaña a los trabajadores, Radio Cerrejón, una emisora que es especialmente para los operadores, con programas nocturnos divertidos, donde incluso se hacen tomas en líneas (vagones blancos donde los operarios toman su “lunch”, un paquete con comida para la jornada) para mantenerlos despiertos y concentrados.
ENTRE GIGANTES DE METAL
Hay 300 enormes camiones en Cerrejón, que trabaja en un área de 69.000 kilómetros cuadrados, conocida como La Mina. Esos 300 equipos, están divididos en unos marca Hitachi de 320 toneladas, Caterpillar de 240 toneladas y los llamados carboneros de 190 toneladas. También existen hasta el momento 35 palas de cargamento, que trabajan en los “tajos”, o áreas divididas (económicamente rentables) de donde se extrae carbón. Estas últimas máquinas son mucho más grandes que los camiones y por cada “cucharón” pueden cargar 35, 42 o 19 toneladas.
Ahora, el nuevo desafío de Carolina es manejar una descomunal pala eléctrica. “Mi reto no es seguir aquí, quiero ser operaria de pala eléctrica y ya me hicieron las pruebas. Gracias a Dios me fue muy bien. Estoy esperando porque siento que mi ciclo en el camión terminó. Con la pala eléctrica (que Carolina quiere manejar) son de tres a cuatro pases (cucharones llenos) para llenar un camión 240. Para uno de 320 es de seis a siete pases... bueno ustedes lo ven desde aquí pequeñito, pero es el más grande que hay”, enfatiza con algo de emoción.
La velocidad de estas máquinas en los tajos, es de unos 30 kilómetros por hora y están controlados mecánicamente para no superar los 70 kilómetros.
Jesús Núñez López, es el superintendente del Tajo La Puente, donde labora Carolina. Él es Ingeniero de minas, nacido en Villanueva, Guajira. “Unos quince años atrás no veíamos a las mujeres capaces de trabajar en esto, porque creíamos que esto era de fuerza y mira que las mujeres han resultado más fuertes que nosotros los hombres y se quejan menos”, dice con una sonrisa amable.
Carolina no cambia su profesión y ríe cuando le pregunto qué siente al montar en esos vehículos que alcanzan la altura de un edificio de tres pisos. “Se siente único”, dice, “es una experiencia que ojalá pudieran vivir”.
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