Quien considere que para poder pintar se necesita tener dos manos no ha tenido la suerte de cruzarse en el camino con Jesús David Madrid Quintero, un niño de 8 años en condición de discapacidad, que con sus pies pinta de felicidad la vida de todo el que conoce.
Por alguna extraña razón Jesús David nació sin sus dos brazos, ni parte de sus miembros inferiores, sin embargo, esto no ha sido impedimento para que este pequeño, de sonrisa amplia y mirada chispeante, cumpla su sueño de ser un reconocido pintor que lleve su arte a todos los rincones del mundo.
Y es que la pintura juega parte fundamental en su vida o sino que lo que diga su padre, Jorge Eliécer Madrid, un vigilante que en lugar de estar durmiendo el sábado por la mañana, tras el extenuante turno del día anterior, tiene que madrugar a llevarlo a sus clases especiales de pintura en la Institución Universitaria Bellas Artes.
Debido a que viven en el barrio Nelson Mandela, padre e hijo tienen que despertarse el doble de temprano, pues el bus demora aproximadamente dos horas en el recorrido y Jesús David no le perdonaría que llegaran tarde a sus clases o peor aun que no alcanzaran a llegar.
“Tengo que traerlo porque desde que llega el miércoles me pregunta por los días que hacen falta para el sábado, no las ‘monta’ hasta que llega el viernes y me dice: ‘mañana es sábado, tenemos que ir’”, cuenta el padre de Jesús David.
Luego del ajetreado viaje en bus, Jesús David atraviesa corriendo el patio de Bellas Artes y se lanza a los brazos de Zilath Quiroz Hernández, su maestra, para iniciar la clase.
Antes de comenzar la sesión del día, Zilath se percata que el pequeño está más feliz que de costumbre, su padre le susurra que esto se debe a que hoy es su cumpleaños y que por eso debe ser una clase muy especial.
“Vamos a pintar un paisaje marino con los colores fríos, ¿si te acuerdas cuáles son?”, le pregunta Zilath a Jesús, el niño asiente con la cabeza y con timidez indica con sus pies la pintura azul y morada.
Así comienza a pintar con mucha concentración el complejo cuadro, que exige mucho detalle y precisión para no salirse del margen dibujado por su maestra.
Mientras lo pinta deja entrever la felicidad que lo embarga, es como si tuviera un juguete nuevo que no quiere prestar, no permite que lo ayuden, sólo escucha indicaciones pero por ningún motivo deja que le quiten el pincel de sus pies.
Sus pies son como sus manos, con ellos carga y descarga la pintura, enjuaga los pinceles, lo hace con naturalidad, y así continúa pintando.
A medida que va avanzando en la obra, su padre nos cuenta algunos aspectos de su personalidad. Pide que salgamos al patio, y comenta que a Jesús David le molesta que hablen de su discapacidad y que no tolera que lo traten como si fuera una persona anormal.
Nos dice que el niño tiene un temperamento muy fuerte, que lo que más lo enoja es cuando se burlan de él o cuando le demuestran lástima, a este tipo de personas no les vuelve a hablar y se llena de mucho rencor.
Al principio cuando iba a su escuela en Nelson Mandela, le producía mucha curiosidad a sus compañeros de clases y algunos se burlaba de él, Jesús David para defenderse les pegaba con sus pequeños hombros o con lo cabeza.
“Siente rabia del rechazo de los demás, que las personas le digan que no tiene bracitos, eso no le gusta a él, cuando le dicen: ay pobrecito, no le habla más a esas personas”, dice Jorge.
Su padre lo define como un niño muy feliz, divertido y travieso que disfruta correr, jugar y sobre todo sonreír la mayor parte del día.
¡ES UN NIÑO NORMAL!
Jorge Eliécer nos cuenta además que nunca le dijeron en qué consistía la discapacidad de su hijo. La madre de Jesús David, Natalia Quintero, se practicó todos los exámenes pertinentes para conocer qué era lo que había sucedido, pero no dieron con la causa.
Pesé a ser un niño discapacitado, desde sus primeros años logró sorprender a todos con sus extraordinarias capacidades artísticas. Es muy activo, nunca está quieto, si no está moviendo sus inquietos pies, se le pasa hablando, riéndose, mirando de una forma pícara, es como si todo el tiempo estuviera planeando su próxima jugada.
Y es que la habilidad que ha desarrollado con sus pies no sólo es en cuanto al arte, este pequeño toma sus bebidas favoritas, come, enciende el televisor, juega fútbol, corre, dibuja y escribe sin ninguna complicación usando sus extremidades inferiores.
“Él es un niño normal, sólo le faltan sus bracitos y parte de sus piernas, pero es bien hiperactivo, travieso a decir no más e inteligente, él no se deja molestar por nadie, ni mucho menos de sus amigos, que por cierto tiene bastantes”, expresa Jorge Eliécer.
Jesús David ingresó a estudiar pintura en Bellas artes gracias a una beca que le otorgó esta entidad con el fin de que se formara y aprovechara ese gran don que tiene. Como su tutora escogieron a Zilath Quiroz, que lleva 15 años como maestra de artes plásticas en dicha institución.
“Yo le pregunté a Dios el primer día de clases que cuál sería mi regalo en estos 15 años de docencia y me enviaron a Jesús David , un niño con mucho talento y pasión por lo que crea, es un regalo celestial y con él reafirmé mi misión de enseñar con mucho amor a las nuevas generaciones”, nos dice Quiroz Hernández.
Casi cuando está finalizando el cuadro, Jesús David se siente un poco más en confianza y expresa que cuando tenga 23 años de edad logrará ser un gran artista.
“Cuando sea más grande seré como uno de esos artistas que sale en la televisión, voy a ser un gran pintor y podré ayudar a mi papá y en especial a mi mamá con todas sus cosas”, puntualiza Jesús David sonriendo.
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