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Bajo la luz y amparo del humor

Bajo la luz y amparo del humor
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El secreto de su humor es la naturalidad.
El secreto de su humor es la naturalidad.

El secreto de su humor es la naturalidad. Una suerte de expresión artística infrecuente que en su caso es fluída y cálida.

Luz Amparo Álvarez no puede evitar reírse de sus propios chistes cuando los finaliza. Pero no hay libreto, es una actitud -como ella misma lo llama-, y una especie de terapia que le brinda una perspectiva diferente para afrontar la realidad.

Sin embargo,

y durante el camino de su adolescencia cuando soñaba con ser cantante, pasión que ahora alterna.

Su capacidad para notar las situaciones más absurdas que emergen de la cotidianidad y sus capacidades vocales que había entrenado en el canto, la situaron pronto al lado de Crisanto Vargas en el ‘Manicomio de Vargasvil’.

De allí, la trancisión sería a la radio, un espacio favorable que desencadenaría en definitiva todas las aptitudes que hoy la perfilan como una de las mejores imitadoras del país.

Por sus cuerdas vocales se pasea

, entre muchas otras.

Pero su capacidad creativa también ha hecho emerger a personajes propios como Estertulia Ibarra Casas (la segunda dama de la Nación), y Dina Mirta Torres (la guerrillera informante que de vez en cuando se escapa de su cambuche para contar algunas de sus experiencias en el monte), o Marilyn Monroy (una diva frustrada de los años cincuenta que quiso ser la Marilyn Monroe colombiana).

A Cartagena, ciudad a la que visita siempre que tiene un fin de semana libre, llegó el jueves pasado para presentar su espectáculo cómico-musical

, en el que junta uno a uno sus talentos para tomar por asalto a un público ávido de risas.

Los telones se abren y caen en todas las ciudades marcando el final de las funciones, y al final, frente a un espejo, hasta ella es víctima de su propia ironía y sarcasmo, circunstancia que revela a una mujer sencilla y capaz de burlarse de sí misma.

- (Risas) Al principio yo la veía a ella y salía corriendo porque ella levanta pesas todos los días, y decía que no me quería. Yo le volaba.

Pero ya hay una muy buena relación con Natalia. La admiro mucho porque es emprendedora, trabajadora y berraca.

En algún momento se volvió un personaje del que yo no quería volver a saber nada porque en todas partes me decían: ‘hable como Natalia’. Ya hasta mi novio me decía que hablara como Natalia París en la noche... (risas).

Ya no quería saber nada de esa imitación pero entendí que uno se debe al público. ¿Y si a la gente le gusta ese personaje y lo disfruta porqué no disfrutarlo yo también?

Es un personaje que lo hago ya con los chistes y si le cambio la filosofía no lo va a disfrutar nadie, pero Natalia le ha demostrado al país una cosa muy distinta.

-A veces me cuentan cuando estoy en show: ‘Acá esta el hermano de Noemí’... Cuando hago humor en los teatros y veo gente que está relacionada con los personajes o al mismo personaje sentado al frente mío, lo hago con tranquilidad porque el humor nunca lo he hecho ni con odio ni con amor. Jamás hago humor por hacerle daño a alguien o por promover a alguien o porque le tenga cariño. Lo hago de la manera mas objetiva y divirtiéndome para que el público se divierta.

- El humor en mi familia es pan nuestro de cada día. Mi familia es tan chistosa que vengo siendo la seria de la casa.

Mi mamá canta y mi papá era el divertido, tierno y chistoso. Entonces creo que heredé algo de los dos.

Quería estudiar contaduría y terminé contando chistes (risas)... la verdad es que no me sé ni un sólo chiste.

Desde el colegio era la indisciplinada, la burletera, la que imitaba, y sí he sido muy gozetas toda la vida. Me gusta la ironía también, por eso me gustó tanto el humor de actualidad y político, porque la ironía hace parte de mí.

- Lo más duro de una carrera como esta es sostenerla. Al principio nunca creí que lo podía hacer. No estaba convencida porque siempre había soñado ser cantante, y cantaba desde muy pequeña y a eso me dedicaba.

Desde el colegio cantaba y ese era mi oficio desde los 16 años. Pero entonces se me empezó a desviar la carrera y ese sueño de cantar se fue quedando como a un lado. Al principio la comedia me pareció divertida y por curiosidad la hacía, pero también me daba tristeza dejar la música...

- La necesidad... (ríe) no mentiras... Hubo un momento muy duro de decisión. Era muy complicado. Fue cuando era la única mujer de un equipo de 16 hombres (en el ‘Manicomio de Vargasvil’) y ellos eran las estrellas del humor del momento, es decir  Tola y Maruja, Vargasvil; un grupo grandísimo yo era la única desconocida y la única mujer.

Entrar en ese medio fue un choque durísimo. Yo estaba muy joven y en algún momento yo lloraba todos los días y tuve que tomar la decisión de seguir o irme pero me encantaba lo que estaba haciendo en radio. Para mí la radio era la magia más grande a la que yo había tenido la oportunidad de tocar y sentir. Entonces eso me atajaba y no me dejaba ir.

Hasta que dije que lo iba a asumir como mi oficio. Cuando decidí que la imitación y el humor era mi oficio empecé a trabajar por eso y a enfocarme. Después lo tomé como mi carrera.

Yo era como resabiada, yo decía: ‘que no, que no, que no’. Pero me pasó como a Álvaro Uribe con la reelección (risas). Así la misma vaina.

- Lo he alimentado pero también he entendido que no todo el mundo tiene la oportunidad de estar informado. En ‘La Banda Francotiradores’ hacía un humor recalcitrante.

Hoy cuando hago un show hay algunas dosis de humor político pero me centro más en el humor de actualidad para que sea más general porque pienso que el show es como un matrimonio con el público y hay que darle lo que pueda digerir... Digamos que en alguna época yo era más puntual con situaciones políticas pero no todo el mundo entendía porque no todo el mundo tiene tiempo de estar informado, la gente a veces llega tarde a la casa o no tiene tiempo de ver o escuchar noticias...

Ahora ya está un poquito más general para que lo pueda entender todo el mundo y he querido meter personajes musicales para alimentar el show con la música que es el complemento de mi vida, y así estoy haciendo las dos cosas que me hacen más feliz.

- La sinceridad y la honestidad. Uno tiene que ser muy real con lo que dice, con lo que siente, con lo que hace. Pienso que el humor parte de la naturalidad.

Cuando uno ve a alguien que está tratando de hacer un chiste pero lo está actuando mucho uno no lo ve real, uno no se ríe. En cambio cuando hay tanta naturalidad y tanta gracia eso te hace reír y es lo que se llama ‘Vis Cómica’. 

Hay gente que con sólo verla... Yo me di cuenta que servía para el humor cuando hablaba en serio y la gente se reía. Decía: ‘bueno por aquí es el camino’. Hay gente que vos le ves los gestos y ya con sólo verlo te ríes.

Desde ese momento yo decidí no operarme la nariz nunca... (ríe). Y ahora que voy a lanzar disco me dicen: ‘Cuidado cantas reguetón porque te ponen Nariz Yanqui’.

- A mí me tocó porque trabajaba con 16 hombres y todos los días se burlaban de mí y me hacían chistes. Entonces yo dije: ‘no puedo llorar todos los días, esto no puede ser parte de mi vida’. Entonces cogí cuero, un cuerito duro, y eso no te imaginas lo que me ha servido en la vida. Mas como de actitud, para ver la vida de una manera diferente.

Entonces el humor aparte de una profesión es un aprendizaje.

- Ahora las relaciones son buenas. Ella y yo no somos amigas pero somos compañeras. A diferencia de Jairo Martínez al que sí lo considero mi amigo. Tratamos de tener un ambiente en armonía, entre gustos hay disgustos pero no debe haber guerras.

-No me vas a creer porque lo digo estando acá. Aparte de la ducha es Cartagena, y cada vez que tengo un fin de semana libre me vengo para acá. Este es mi paraíso

- Me encierro en un apartamento, madrugo a caminar por la playa, luego tomo sol todo el día queriendo sacar todo el frío de Bogotá (ciudad en la que reside hace 14 años) o "tardear" en la Ciudad Vieja. Esa es Cartagena para mí... es mi relax.

- Hay algunos personajes que son con caracterización, otros son simplemente los gestos porque siempre digo que las pelucas son accesorios pero tampoco son necesarios.

Cuando tienes el personaje por dentro... cuando tú lo tienes, sólo con el gesto y la mirada la gente puede ver al personaje. Como será que mi esposo dice que sí me parezco a Natalia París (risas). Claro que dice que cuando estoy peleona me parezco más a Amparo, y cuando estoy muy brava a Piedad Córdoba. Dice que todavía no me le he parecido a Íngrid Betancourt porque todavía no lo he demandado.

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