Tiene 31 años y aparenta 20. No es la típica actriz flaca con senos grandes y voluptuoso trasero que vemos en la pantalla.
Es muy delgada, carismática, misteriosa y con ideas muy profundas. Se tenía que ir para la clausura del Festival de Cine y, aún cuando la manager, o quien haya sido, le insistía que terminara la entrevista, se tomó el tiempo para responder cada pregunta.
Comenzó en la televisión haciendo novelas. Por lo menos, yo la recuerdo como “Caperusa Rojas”, en La guerra de las rosas; “Antonia”, en Francisco el Matemático; hasta producciones más complejas como la película Satanás, La cara oculta y recientemente Operación E.
Y es que Martina, al poco tiempo de ingresar a la televisión, dio el salto al cine, contando con la suerte de estar acompañada de grandes actores y directores de México, Francia y España, que creyeron en su talento.
Es casi una diva internacional, en el mejor sentido. Sin embargo, es consciente que así como ascendió tan rápido, una mala decisión podría troncar su sueño de ser actriz.
Dialogamos en la piscina del Hotel Casa San Agustín, en el Centro Histórico. Habló de sus miedos, de algunos de sus papeles más importantes, del cine en Colombia e incluso del momento en que decidió ser vegetariana, un tema por el que le preguntan la mayor parte del tiempo.
¿Recuerda el momento en que supo que sería actriz?
Yo estaba muy joven. Podría tener 12 años. Recuerdo, si te soy sincera, que fue viendo una película donde actuaba Harvey Keitel, que a mí me encanta, dirigida por Abel Ferrara, Miss 45. Una película que no era para una mujer de mi edad y siempre me llama mucho la atención. Me maravilló mucho ver esa historia, una historia muy dura y violenta, algo me llegó al corazón, y me dije: “quiero estar ahí”. Creo que la primera vez que la vi tenía 11 años. Hasta que supe cómo se llamaba.
¿Le incómoda cuando la cuestionan por ser vegetariana?
No, para nada. Creo que fui vegetariana natural. A mí nunca me gustó la carne, ningún animal. Siempre tuve muchas mascotas y no me parecía normal verlos en mi plato, no lo entendía. Luego comprendí que no era que yo tuviera algún problema con la comida o algo sino que era vegetariana y me volví oficialmente vegetariana. Digo oficialmente, porque nunca quería comer carne. Fue por ética y por amor a los animales. Me resulta insoportable pensar en la muerte de un animal.
Usted parece una mujer muy serena, ¿qué cosas la hacen enojar con facilidad?
Varias cosas. Yo soy muy tranquila, pero también tengo emociones muy intensas. Uno como artista debería mantener un nivel, pero a veces siento que soy hipersensible, todo me afecta, me dan ganas de llorar con todo lo que pasa en el mundo. Me dan rabia las injusticias, las mentiras, la gente que hace daño. Otras cosas más pequeñas como el tráfico, porque me gusta ser muy puntual; que los aviones se retrasen, porque no encuentro qué hacer.
¿Cómo fue la experiencia de trabajar en Operación E?
Fue un trabajo intenso, real, con niños, con animales. Como era una historia real no sabíamos, muchas veces, dónde íbamos a grabar. Las escenas se repetían dos, máximo, tres veces. Fue un papel que hice con mucho respeto. El director de la película me preguntó que si yo era capaz de interpretar a una mujer mayor y con siete hijos. Lo pensé, me proyecté y le dije que sí. Trabajar con Luis Tosar también fue una bendición. Saber el tremendo actor que es fue fundamental para exigirme más como profesional.
¿Qué siente cuando las revistas internacionales la elogian no sólo por su belleza sino por su trabajo?
Se siente muy bien, es una sensación muy bonita. Todo eso que me dicen lo agradezco mucho, pero tengo claro que no me puedo confiar. Este medio es muy variable, un solo papel que hagas mal; o, una película que no sea el gran éxito, puede hacer que todo cambie.
¿Qué papel rechazaría?
Un papel que no me genere emoción, que no represente un reto actoral para mí, que al leerlo no me cause miedo. Los demás estoy totalmente dispuesta a interpretarlos.
¿Le gusta escribir?
Sí, pero de ese tema no me gusta hablar tanto. Porque sé que escribir es una disciplina; y, por las múltiples cosas que tengo, no le he dedicado el tiempo.
¿Qué le gusta escribir?
Escribo cuentos. Lo mío es la prosa. Me encanta volver los cuentos novelas.
Usted que ha viajado tanto, ¿cómo cree que perciben a Colombia en cuanto al cine?
Colombia antes para la industria no era una prioridad, pero eso ha ido cambiando. Lo que más me encanta es que en las producciones se muestra de forma muy marcada la cultura de nuestro país. Se rompen imaginarios, esquemas que se tienen sobre Colombia.
¿Qué es lo que más le apasiona del cine?
Cuando estoy filmando, siento que tengo otra vida. No contesto teléfonos, me aíslo, porque vivo las cosas muy de adentro. Lo que me gusta del cine es que en mi vida personal soy muy dispersa, hago muchas cosas, y el cine me centra, es como mi Biblia.
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