Todo le sale bien. Sobre sus hombros descansan diversos proyectos urbanísticos de la ciudad. Desde los más sencillos hasta los más complejos. Y todos con resultados exitosos.
Es el artífice, tras bambalinas, de condominios tan exclusivos como Morros 1, Boquilla Marina Club, Morros 922, Morros 3, Morros Vitri, Morros Epic y Morros Ultra.
La idea de hacer de Cartagena la Miami colombiana ha sido, quizá, su hazaña más arriesgada, pero exitosa, en estos 30 años en el negocio de finca raíz.
Sin embargo, dedicarse a esto nunca estuvo en sus planes, y menos aún en los de su padre, Rodrigo Puente Arroyo, un ingeniero civil que soñaba con que su hijo siguiera sus pasos.
Fue así como ingresó a estudiar Ingeniería en la Universidad de Florida, Gainsville, USA. Estando en una de las clases que se ven en tercer año, se percató de que no estaba haciendo lo que le apasionaba, y se retiró.
Por fortuna, su padre siempre había influido en sus decisiones y la mayoría de electivas que había escogido durante su carrera eran de administración. De modo que se graduó en esa carrera muy pronto.
Cursando el último semestre se encontró con un amigo que le aconsejó que para subir su promedio le recomendaba una clase que dictaba un brasilero.
“Mi amigo me dijo que tomara unas clases fáciles de finca raíz, mira esa vaina. Cuando llegué a la clase, me di cuenta del potencial de lo que podía hacer en Cartagena. Me sentía hipnotizado. Me fui dando cuenta cómo podía mostrar a la ciudad de otra manera en la parte arquitectónica”, expresa.
Recién graduado, se vino a Colombia a poner en práctica todos los conocimientos que había adquirido en el extranjero. Estaba muy ansioso por empezar a trabajar, pero la primera persona en aterrizarlo fue su padre, ese viejo como él mismo lo llama del que aprendió cómo ser cristalino, honrado y sobre todo cumplido.
“Me decía que en los dos próximos años que íbamos a trabajar juntos me tenía que quedar callado. Es que mi viejo decía que yo hablo mucho. Entonces, quedamos en que en ese tiempo me dedicaría a escuchar”.
En aquel momento su padre había ganado la licitación del Puente Román y el “Duque”, como lo llaman sus amigos, se dedicó a aprender y a conocer el funcionamiento de una empresa desde adentro.
Para qué servía una secretaria, un almacenista y... en fin, cada empleado dentro de una compañía.
Para esa misma época, su viejo tenía unos socios con los que se había comprometido a sacar adelante el Centro Comercial Getsemaní, un proyecto que desde el inicio mostró que sería un fracaso.
“Estaba con mi papá en una reunión de esas que hacían y cuando acabó, el viejo salió y me dijo: ‘mira, Duque, me comprometí con esta gente que está aquí, pero a mí no me gusta el arquitecto y creo que el proyecto va a ser un fracaso, pero quiero que estés aquí, porque necesito que aprendas del fracaso”’.
El Duque quedó en shock con las palabras de su papá, quien le insistía que seguiría en el negocio, porque ya había dado su palabra.
“Le dije, ¿pero cómo así viejo, ¿por qué no te sales del negocio y ya?’ Pero él me decía que no se saldría y encima de todo que me tenía que quedar y que me iba a ir mal, imagínate tú esa vaina, y tal cual sucedió”, precisa.
Las palabras de su padre se habían cumplido: el negocio fue un fracaso, pero el Duque entendió cuáles eran las decisiones que jamás debía tomar al mando de una empresa.
Decidió incursionar en el negocio de finca raíz de Bocagrande y Castillogrande, pero era un mercado muy competitivo, parecía que todas las plazas estuvieran copadas.
Pese a esto, tenía un plus que lo diferenciaba de los otros: sus estudios en Miami le habían dado una visión demasiado moderna, que no tenía su competencia.
Utilizando unos lotes que eran de su padre se unió con un reconocido arquitecto de la época, Sergio Londoño, y juntos comenzaron a dibujar curvas, movimientos arquitectónicos y colores que hacían que sus diseños fueron los más modernos.
De ahí salieron ideas extraordinarias que pusieron su nombre a sonar en la lista de los promotores de finca raíz más cotizados.
Uno de los elementos que más utiliza para sus proyectos es el vidrio, y es precisamente éste el que hace que se cree esa ilusión de que Cartagena se está pareciendo a Miami.
Cada vez más está usando vidrio en sus diseños, permitiendo que se vea más el exterior de las viviendas y dándole un toque chic y sofisticado a las creaciones.
Otro de los sellos que tienen sus diseños consiste en que parece que nunca pasaran de moda. Siempre se ven nuevos, intactos, como si perduraran en el tiempo.
“Para mí es importante que cuando pasen 10 años, los productos que adquiriste se sigan viendo como nuevos. Si tú vas hoy a los Morros y ves un producto de hace 10 años lo ves como nuevo”.
Estos condominios, ubicados al norte de la ciudad, contrastan con la pobreza que existe en poblaciones cercanas, como La Boquilla, que no han logrado un buen nivel de desarrollo.
Sobre este punto considera que esos sectores deberían ir acordes con las inversiones que se hacen; y propone, en el caso de La Boquilla, hacer una cuadra autóctona donde haya buenos restaurantes y otros establecimientos.
“Ellos tienen a su favor el paisaje, el mar. Esto se ve en todas partes del mundo. Ellos podrían absorber la humedad del desarrollo y crear ellos mismos, dentro de sus prácticas autóctonas, una fuente de negocios, pero embelleciendo a la comunidad. Hay que trabajar en eso”.
Aun con tantos años en el negocio, todavía siente miedo de fracasar. Por eso asegura que el mejor antídoto para sus miedos es la educación y el fortalecimiento del núcleo familiar.
Salvó su nombre
En su vida también ha habido caídas fuertes en las que ha perdido absolutamente todo. Sobre eso le pregunté en la primera parte de esta entrevista, pero no respondió. Sólo al final, cuando sintió en confianza, retomó el interrogante.
“Esa recesión se cumplió ordenadamente con todos los proveedores, todos los bancos, se entregó hasta el último centavo que se debía, se salvó el nombre únicamente. Luego vino la etapa interesante de la seguridad de Uribe cuando se manifestó el crecimiento del país y le volví a comprar al banco todos los activos que le había entregado. Logré renacer sin un peso, sólo con la credibilidad, el cumplimiento y la honestidad de haber cumplido en una época”.
Lo que más lo hace enojar con facilidad es el incumplimiento. No soporta cuando le quedan mal con algo. Con los años, ha logrado dominar ese sentimiento y ha aprendido a ser un poco más paciente.
Afirma que la felicidad la compone su familia, su señora y los éxitos. Pero más allá eso, hay algo que lo tiene enamorado de su trabajo y es la posibilidad de generar trabajo y oportunidades a un gran número de personas.
“Saber que puedes generar trabajo a tanta gente es lo que más me llena de satisfacción. Porque, finalmente, que los éxitos traigan o no la parte económica, eso va y viene, pero darle trabajo a mi gente, eso es lo más importante”, concluye.

