“No me he visto ninguna de las películas de mi papá, ni me las quiero ver…;”, sentencia con voz grave y desde su metro noventa de estatura, este gigante de 25 años.
La frase la dice con convencimiento pero tratando de evitar cualquier asomo de la timidez con la que inició la entrevista.
Tras un cuarto de siglo de ausencia de su padre, el célebre y versátil actor italiano de cine Franco Nero, Franquito (como lo conoce su familia más allegada) todavía siente el sinsabor de esa distancia, pero la asume como una circunstancia más de su vida.
Sin embargo y aunque no lo recuerda -como es natural-, su nacimiento, el 25 de noviembre de 1987, fue noticia mundial. Se convirtió, gracias a los medios de comunicación, en el desenlace de la historia del amor pasional que se fraguó desde 1984 entre el galán italiano y la negra chocoana Mauricia Mena.
Ellos, sus padres, se conocieron una tarde de domingo en la casa de Castillogrande de la italiana María Fava, donde Mauricia trabajaba como ama de llaves de la familia. Él, por su parte, llegó a la residencia de los Fava para el rodaje de la película extranjera ‘Un solitario y medio’, pero nadie adivinaba, pese a las dotes de seducción del artista, que se iniciaría entre ambos un romance que derivó en el escándalo de una demanda por paternidad a la luz de la opinión pública colombiana de finales de los 80.
Ante la exigencia del reconocimiento legal del hijo de la chocoana, Nero interpuso recursos de apelación en un pleito jurídico que duró más de cuatro años de investigaciones pormenorizadas, muestras biológicas, e interrogatorios por parte de la justicia colombiana.
Franquito, a quien en 1991 el Juez Primero Promiscuo de Cartagena Tarsicio Herrera reconoció como hijo legítimo del actor, sólo ha podido enterarse de las particularidades del amorío a través de archivos de prensa porque desde muy pequeño su madre, con la dignidad que siempre la ha caracterizado, levantó, entre el recuerdo del padre y la curiosidad de su hijo, una barrera de honorable silencio.
De su padre, además de los visibles rasgos genéticos, tiene el apellido real del actor: Sparanero. Pero el italiano jamás se ha comunicado con él, ni siquiera quedó un acuerdo tácito y mucho menos legal de manutención.
Al contrario de su medio hermano Carlo Sparanero Redgrave, guionista y director de cine inglés, hijo de la actriz inglesa Vanessa Redgrave, el hijo de Mauricia Mena ha vivido sus 25 años en Cartagena y acaba de graduarse como tecnólogo en sistemas.
“Uno no puede obligar a las personas a hacer lo que no quieren, y mi papa nunca se interesó…; Yo por momentos sí sentí interés en buscarlo y traté y traté de establecer un contacto con él. Indagué (en redes sociales y a través de amigos en Cartagena) algún número o un correo o algo por el estilo para comunicarme con él pero la búsqueda no arrojó ningún fruto…; la mayoría de las personas que yo pensé que tenían relaciones o fueron apegadas a él ya no sabían dónde se encontraba ni cómo me podían ayudar”, explica sin un ápice de resentimiento.
Con nobleza en sus ojos también asegura que sus intenciones de conocer al actor no son económicas, se trata más bien de una deuda personal, casi como un mirarse al espejo en su progenitor para, como él mismo lo dice, conocer “sus sentimientos”.
“Pasaron 25 años y no voy a pedirle plata a un señor que no conozco. No me interesa conocerlo por plata sino por la persona que es y siempre y cuando él me quiera conocer…; Aunque no puedo negar que me gustaría saber cómo es él en persona. Esa es la razón por la cual yo no lo quiero ver en películas. Me gustaría saber qué tipo de sentimientos tiene, y si alguna vez quiso saber de mí”.
“Una guerrera”
La que sí ha estado presente todo el tiempo, consintiendo y apoyando especialmente su educación y sus frustraciones, es su mamá, a quien visita casi todos los viernes y sábados en La María, pues desde 2010 Franco Sparanero Mena decidió emprender la aventura de vivir con su novia.
En cinco meses cumplirá tres años de convivencia con Irene Pinto. Comparten una casa austera pero cómoda en el barrio San Fernando. Allí Franquito ha improvisado un pequeño taller de computadores con el que se gana la vida, mientras – dice- consigue un trabajo estable.
“La relación que tengo con mi mamá es excelente. Siempre ha estado allí. Siempre pendiente. Tengo un hermanito (de 14) y una hermana (de 16) en La María. Mi mamá fue la que me dio el brazo entero para que me metiera de lleno a la tecnología porque ella se dio cuenta que a mí me gustaba e hizo todo lo posible para que terminara la carrera…; Es una guerrera. Tal vez le falte dinero y no tenga una casa lujosa pero siempre busca el método para ayudarnos a mí y a mis hermanos”.
Por eso –indica- nunca se ha sentido solo pese a no tener un recuerdo claro de su padre. “Nunca me he sentado con mi mamá a hablar específicamente de él. Y para ser sincero él es la última persona en la que pienso. A mi mamá tampoco le gusta hablar del tema. Quizá sólo recuerdo una vez que estaban dando una película y mi mamá me llamó y me dijo: ‘mira ese es tu papá’. Yo lo vi de lejos y ya. Pero conversaciones sobre él nunca las hemos tenido. Yo entiendo y respeto que ella no desea hablar de eso”.
Más de 150 filmes
Además de conseguir pronto un trabajo, Franco Sparanero Mena admite que lo que más quiere es casarse con Irene a quien conoció, seis años atrás, mientras ambos estudiaban sistemas. La atracción fue inmediata y su intuición lo llevó a escribirle textos poéticos en un sutil asedio consentido por la contraparte.
“La verdad no sé si todos crean en el amor a primera vista pero eso fue lo que realmente me pasó a mí. Recuerdo que nos conocimos mientras esperábamos una clase en el salón de Bienestar Universitario. Ella fue la última que entró a la clase. Recuerdo que se sentó y mi intuición me dijo que de pronto podría acercarme y tener algo más con ella y el paso definitivo fueron los poemas. Aunque no tenga las cualidades de mi papá sí soy un poco escritor”.
Franquito celebra el hecho de que su madre y novia se lleven muy bien, pues son a la larga las dos mujeres en las que más confía, dos satélites que lo orbitan e impulsan a proyectarse no como el hijo de un actor famoso, sino como un joven emprendedor y carismático que aún espera su golpe de suerte.
Entre tanto, su vida avanza como la de cualquier otro cartagenero de a pie. Explica que disfruta mucho ir a la playa de Castillogrande y se considera a sí mismo un cinéfilo consumado. También se precia de tener muy buenos amigos y de ser un asiduo consumidor de comida rápida y camarones, calorías que quema en sesiones semanales de baile hip hop con su grupo ‘Real Conexión’, que integra a más de 15 jóvenes de distintos barrios de Cartagena y del cual es fundador.
Por su parte, su padre, Franco Nero, a día de hoy tiene 71 años y ha participado en más de 150 películas internacionales, siendo la más reciente Django Unchained del director estadounidense Quentin Tarantino, estrenada en diciembre pasado.
La última vez que se lo vio en Colombia fue en 1987 compareciendo ante las oficinas del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en Torices. Días después, repentinamente, viajó a Italia.




