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El hombre caimán lleva 40 años haciendo reír a los colombianos

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Le dio un infarto, estuvo secuestrado, su padrastro lo maltrataba cuando niño y tuvo a su hijo dos meses en coma. Al parecer, razones suficientes para que el humorista Álvaro Lemmon se dedicara a otro oficio.

Sin embargo, nada de eso ha sido suficiente para alejarlo del humor. Eso y la música son las únicas pasiones que sabe hacer bien en la vida.
Ya son 40 años como cuentachistes y 15 más de músico. Ha tratado de diversificar su carrera escribiendo libretos y componiendo canciones. Ahora mismo está dedicado a su nueva producción musical, Álvaro Lemmon, sólo boleros.
Son más los momentos difíciles que los alegres, pero siempre ha sido un enamorado de la vida y de las mujeres. Es más, fue yéndose detrás de una mujer como empezó en Bogotá su sueño de ser humorista.
El hombre caimán visitó Cartagena para participar en el Festival del Buen Humor Costeño, que se realizó en la taberna Vueltabajero Bar, con motivo de su tercer  aniversario.
Dialogamos sobre su familia, sus momentos más tristes, el humor y su trayectoria artística en estos 40 años de estar haciendo reír a los colombianos.
¿Heredó el sentido del humor de sus padres?
Te voy a decir la verdad, no fue ni a mi mamá ni a mi papá.  Mi mamá y papá se separaron cuando yo estaba pequeño. Él se fue para Estados Unidos. Mi papá es cartagenero. Vivía en un edificio en la parte de atrás del Reloj Público. Yo me fui a vivir con mi mamá a Magangué. Ella era profesora en una escuela. Me tocó duro, porque tenía padrastro y era medio jodido. Además, no era muy estudiado y cuando uno es bruto, le gusta maltratar a las personas.
¿Cómo fusionó la música con el humor?
Más agarrados de la mano, imposible. El único cómico musical se llama Álvaro Lemmon. Hay tríos, cuartetos, pero yo soy único y soy único en mi estilo. Yo soy Álvaro Lemmon siempre. La vida va cambiando todo, pero yo he mantenido mi esencia.
¿Qué es lo más gratificante de su oficio?
Ver a la gente reír y que me quieran mucho. La gente en Colombia me adora. Cuando me dio el infarto, todo el mundo rezaba porque yo no me muriera. Recuerdo que la cogí suave, pensé que era una corazonada  (sonríe).
¿Cuál fue su primera aparición formal en televisión?
Trabajé con Dora Cadavid en un programa que se llamaba ¿Qué hace la juventud? Y ahí cantaba boleros, baladas con mi guitarra. Después perfeccioné mi técnica. Aprendí a educar la voz, estudié por correspondencia en la Academia Novos, donde estudiaron Pedro Infante, Agustín Lara... Además, nací con el don del canto.
Usted es muy devoto a la Virgen de la Candelaria. ¿A qué se debe?
En Magangué, cuando yo tenía 7 años, había un lienzo de la Virgen de la Candelaria, que es negra; y decían que le movían los aretes, los ojos, pero nunca fue testigo de eso, hasta que en una ocasión me la quedé mirando y me movió los ojos y aretes. Salí corriendo de ese lugar.
Otra vez, jugando en la calle (las calles de Magangué eran de cascajo y los postes de hierro) se me ocurrió tirarle piedritas  a los postes para que sonaran, y una de las piedras que cogí tenía en el centro la imagen de la Virgen de la Candelaria. Para mí, fue un milagro.
¿Por eso le compuso una canción en su más reciente CD?
Sí, es que yo le prometí que algún día regresaría a componerle una canción y es justamente Virgencita morena. Hace un año fui a un pueblo que se llama Majagual, que es feo. Llegué donde la virgen el 2 de febrero, que es su día, para cantarle. Hablé con el cura. Él tenía miedo, porque soy humorista y creía que me iba a tirar la celebración. Me dieron un espacio, salí, canté y, cuando me percaté, el cura y el obispo estaban llorando.
¿Alguna vez le ha tocado hacer reír teniendo ganas de llorar?
Mi hijo, el que tiene 42 años, le dio púrpura trombocitopénica cuando tenía 5 o 6 años. Esa enfermedad hace que la sangre trate de salirse por los poros. Yo estaba recién ingresado al elenco de Sábados Felices. Tocaba hospitalizarlo.
Sacarlo de la clínica costaba 12 mil pesos, de modo que, por fortuna, me salió un show en Medellín en el que pagaban 20 mil pesos. Hacía mis shows y la gente se toteaba de la risa; y yo, llorando por dentro. Esa noche no pude viajar, así que cuando llamé al doctor para saber cómo seguía me dijo que me agarrara de los santos, porque si eran las 9 de la noche y el niño no orinaba, moriría.
Eran las 7 y 30 y me puse a orar. Mientras lo hacía, se me vino a la mente la imagen de la Virgen de la Candelaria y me sentí tan tranquilo, porque sabía que ella lo salvaría.
Llamé faltando un cuarto para las 9, y el doctor me dijo que mi hijo ya había orinado y qué no sabía de qué santo me había agarrado, pero me había escuchado.
¿Cuál ha sido el momento más difícil en estos 40 años? 
El más duro también fue el mejor. Tengo una deuda con Jesucristo: le prometí que si salvaba a mi hijo, que estuvo dos meses en estado de coma, no volvería a ser infiel con alguna mujer diferente a la mía. Llevo 7 años en eso. Me salvó al niño y estoy feliz con eso. El man me quiere mucho. Es más, se me aparece en los sueños.
¿Qué no le pregunté que desee compartir con los lectores?
Que soy una persona sumamente buena, que nunca he tomado, ni fumado. Que me han hecho cualquier desprecio en la vida, pero yo no le paro bolas a eso.
 

Lo que Álvaro Lemmon más disfruta de su trabajo, es poder hacer reír al público. FOTO: LUIS EDUARDO HERRÁN
Lo que Álvaro Lemmon más disfruta de su trabajo, es poder hacer reír al público. FOTO: LUIS EDUARDO HERRÁN
Álvaro Lemmon visitó Cartagena para participar en el Festival del Buen Humor Costeño, en la taberna Vueltabajero Bar. FOTO ÓSCAR DÍAZ - EL UNIVERSAL
Álvaro Lemmon visitó Cartagena para participar en el Festival del Buen Humor Costeño, en la taberna Vueltabajero Bar. FOTO ÓSCAR DÍAZ - EL UNIVERSAL
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