Es host, mesero, asistente de cocina y hasta el jefe.
Gregorio Enrique Herrera es el tipo más simpático del restaurante La Vitrola.
Lleva 19 años administrando el lugar (el mismo tiempo que tiene el restaurante en Cartagena), pero por su enérgica personalidad es como si tuviera un par de meses en ese puesto.
Acordamos la cita por teléfono. Por el tono de su voz, pensé que se trataba de un señor de estatura media, gordo y con bigote. Es todo lo contrario.
Tiene 50 años, pero no los aparenta. Sus compañeros de trabajo le encuentran parecido con el cantante Marc Anthony y todo el tiempo le hacen bromas pesadas al respecto. Mas a mí se me parece al actor John Leguízamo. Un poco menos guapo.
Tiene el poder y la potestad para obsequiar desde un trago hasta la botella más costosa del establecimiento. Todos se acercan a pedirle hasta el más mínimo consejo. La hora que estuve con él fue interrumpida por lo menos 10 veces por su equipo de trabajo, que le consultaba con insistencia cada una de sus decisiones.
Cuando me senté en la barra, me preguntó si ya había desayunado. No me dio opción de responder. Ordenó una porción de patacones con queso costeño. De tomar, pidió que nos trajeran café con leche. Sin preguntarme antes si eso era lo que me provocaba o si yo tenía hambre. Tiene una capacidad impresionante para envolver al comensal. Tanto, que obedecí al instante y me tomé toda la bebida. Al final, en tono de regaño, me dijo que dejé casi todos los patacones.
Luego de su amplia trayectoria por varias de las cadenas de hoteles de la ciudad como el Hotel Caribe, Cartagena Real y El Dorado, comprendió que la atención y prestar un servicio de calidad son su filosofía de vida.
Y fue ese carisma y ángel que tiene, los que llevaron directo a trabajar en La Vitrola. Desde que empezó, supo que sería un reto difícil de asumir, pero su experiencia compensó cualquier obstáculo.
“Llegar aquí también significó un reto al ver tantas personalidades y compaginar con ellos, intercambiar ideas, hablar de lo que hacíamos, cómo lo hacíamos; entonces, han sido 19 años de muchos triunfos personales”, expresa.
Y es que en el tiempo que lleva en el local ha tenido la oportunidad de conocer a cientos de famosos y figuras políticas que cuando llegan a la ciudad, no dejan de visitar el restaurante.
Intenta no tener preferencias con ninguno de sus comensales. Por eso, prefiere decir que cada momento que compartió con cada uno de ellos fue especial.
Algunos de sus clientes han sido el actor y director de cine, Mel Gibson; la reina de España, Sofía; los cantantes Julio Iglesias, Juanes, Shakira; el ex presidente, Bill Clinton, el actor John Leguízamo; y el estadounidense, Benjamín Bratt, entre muchos otros.
“Todos los momentos aquí en el restaurante son importantes. Julio Iglesias, me parece una persona que tiene mucho calor humano. La reina Sofía, una mujer muy noble, sencilla y descomplicada. Mel Gibson tiene muy buen sentido del humor. Benjamín Bratt me dio la impresión de ser muy centrado”.
Es tanto clic que este cordobés, criado en Cartagena desde los 5 años, logra hacer con sus clientes que cuando tiene la oportunidad de volverlos a ver por el restaurante (que es casi siempre) terminan siendo grande amigos. Ese es otro de los regalos que le ha dejado su profesión.
“Mi trabajo se convierte en diversión desde el momento en que entro. Desde el instante en que ingresa el primer comensal, ya comienzo a divertirme. Aquí vendemos 50% en alimentos y bebidas y el otro 50% es servicio. Y esto último es lo más importante”, concluye.
Su jornada empieza a partir de la 9:00 de la mañana, que es cuando llega al local a organizar las órdenes de compra, el movimiento del día anterior, confirmar las reservas, reunirse con el chef. Va saliendo del restaurante después de medianoche. Sólo se siente seguro de irse cuando el último cliente ha sido atendido.
Son pocas las horas que comparte con su familia. Pero ellos están acostumbrados a ese ritmo de vida. Es más, lo apoyan incondicionalmente.El segundo de sus hijos, motivado por lo que veía en su padre, decidió seguirle los pasos. Hoy trabaja como gerente de Alimentos y Bebidas del Hotel Centinela en Ecuador.
Gregorio cree que su trabajo es el mejor pasatiempo que conoce y por eso disfruta al máximo desde recibir al cliente en la puerta, hasta llevarlo a la mesa, tomarle la orden (si es el caso), sugerirle platos y hasta llevarle la cuenta, si tiene la oportunidad de hacerlo.
“Cuando uno hace lo que le gusta, se siente bien con tu trabajo. Esto resulta para mí como un hobby. Se trata de coger tu oficio y convertirlo en un pasatiempo, en algo que te guste. Para mí, poder atender a una persona, darle más que trago y comida en la mesa, es darle calor humano”, concluye.

