Cualquiera que la ve pasar con su pinta fresca y su caminar sin rastro de pasarela, pensaría que es una cartagenera más, la diferencia se nota cuando habla porque es animosa, espontánea y muy contundente en su español cargado de acentos y manías, propias del intelecto de quienes saben hablar más de un idioma.
Priscila Nzamba Djombo, una canadiense de origen congolés que nació para cambiar al mundo con su irreverencia, visitó Cartagena como pretexto para presentar el libro de su padre Henri Djombo, Ministro de economía forestal y desarrollo sostenible en la República del Congo.
Para apreciarla mejor hay que detenerse a mirar las capas perfectas de su cabello negro, que aunque no es natural, se le ve muy bien. A esta mujer de 28 años, dotada de sencillez, le gustan los colores que tengan que ver con la tierra ha de ser por eso que lleva las uñas de color naranja y sus pestañas deslumbran con el negro brillante que a veces no puede resaltar sus ojos también negros.
Priscila Djombo no solo fue la miss Canadá del periodo 2009-2010, también es considerada una diosa por siete de las reinas y ex candidatas de los concursos populares de Cartagena, a quienes les cuenta su experiencia y exhorta a no vivir del complique y las cosas artificiales en la vida de los certámenes de belleza.
Esta “femme de couleur” en francés o esta negra como ella misma se dice de forma súper delicada, en un español afrancesado, también causó impresión porque en apariencia física no es la reina curvilínea o extremadamente flaca que se espera ver, ella es mejor, solo porque puede decir que es la primera mujer de color, ganadora de un concurso donde solo ganan mujeres caucásicas y que para mayor contundencia, ella ganó con sobresaliente por ser inteligente y estar llena de mucha actitud.
Priscila no le teme a la prensa, pues siempre dice que es más inteligente desde que los medios de comunicación del mundo han retratado su historia de vida y ante todo de raza. En esta Cartagena bulliciosa que hace alarde a la canción de las más bellas, El Universal conversó con esta digna exponente del sur del Congo.
¿Qué tuviste que hacer para convertirte en Miss Canadá?-Luego de ver el anuncio del concurso en el periódico Le Journal de Montreal, sentí que tenía que participar, no sabía lo que me esperaba, pero aun así fui muy decidida. Me presenté a una audición, hice la respectiva entrevista y me explicaron de qué se trataba.
Pasaron unos días y me llamaron para otra entrevista y por fin me dijeron que me habían escogido para participar. Pagué $180 dólares para mi inscripción. Después tuvimos varios encuentros con las otras participantes, talleres, clases, ensayos y salidas para prepararnos a la semifinal que era la primera parte del concurso.
¿Cómo te preparaste para este concurso?-Tuve que prepararme viendo videos de Miss Universo, me concentraba más en las ganadoras, quería entender y ver por qué habían ganado. Me puse a dieta, tuve que hacer ejercicios, en fin tuve que disciplinarme en muchas cosas para poder ganar.
Un salón de belleza y mi padre me patrocinaron en todos los gastos (vestido, peluquería, viaje y más). Me gusta lo mejor, aunque normalmente soy muy sencilla a la hora de arreglarme.
¿Cómo lo supieron tus padres?-Nunca supe quién se lo contó a mi papá, yo estaba decidida a emprender este camino sola porque pensaba que a mis padres no les gustaría la idea, mi sorpresa fue cuando me ratificaron su apoyo porque a ellos le gusta todo lo que tiene que ver con arte.
¿Cómo fue la gala?-Para la gala teníamos que desfilar y decir un texto de presentación, todo un protocolo. Al final de la noche eligieron a quince candidatas para la final y yo era la única mujer de color en esa última etapa. Mi padre viajó más de 20 horas para venir a apoyarme ese día.
¿Cómo lo lograste?-Antes que nada fue la gracia de Dios, segundo la fe, y tercero el apoyo incondicional de mis padres y mi empeño en querer lograr siempre lo que me propongo con disciplina y perseverancia.
¿Cómo afrontaron tus padres que eras una mujer independiente?-La verdad lo asumieron muy bien, mis padres son personas modernas que han viajado mucho y siempre están dispuestos a apoyarme, ellos me enseñaron a no depender de nada ni de nadie.
¿Quieres ser diplomática como tu papá?-La verdad si, aunque de eso aún no estoy segura, sólo Dios tiene la última palabra en mi destino.
¿Quién te habló de Cartagena?-Todo empezó con mi participación al Primer Festival de Poesías y Cantos Ancestrales organizado por la Fundación Nuevo Amanecer Afro en colaboración con la fundación cultural Camilo Sedas y el Ipcc. Ellos me comentaron de esta colorida ciudad.
Mi padre colabora en un proyecto de cooperación internacional con la fundación Camilo Sedas y ellos tradujeron e imprimieron en español el libro de mi padre: “Le mal de terre” o El mal de la tierra. Así fue que conocí a esta hermosa ciudad.
¿A qué otra ciudad del mundo se te parece Cartagena?-A la Habana en Cuba y me recuerda mucho a África, es muy linda y colorida. Parezco más de aquí que de cualquier otro lado.
¿Trabajas en una fundación, qué haces ahí? -Sí la fundación se llama “Racines croisées”, la fundadora es una africana diseñadora de Camerún que se llama Agnes Moume, yo apoyo el programa de líderes que tiene la organización. En la fundación se promueve la cultura africana en Canadá, es decir tratamos de unir a los coterráneos para que se apoyen. También ayudamos a las mujeres instaladas en Québec, a los jóvenes a integrarse a la sociedad como líderes para disminuir la delincuencia.
¿Qué significado tiene para ti ser una mujer africana?-Ser africana para mí es un orgullo inmenso, porque soy una mujer creyente, natural, sin prejuicios y llena de valores. Las africanas somos mujeres valientes, luchadoras e inteligentes. Soy una congolesa disciplinada y siempre dispuesta a dar amor, amistad y una sonrisa.
Las mujeres de mi tierra están llenas de compasión y humildad. Realmente pienso que una mujer debe vivir cada instante de su vida de una forma auténtica y siempre dispuesta a enfrentar los retos.
Un consejo para las chicas que quieren ser como tu...-Les digo que sean mujeres naturales, auténticas, llenas de fe y luchadoras. Nunca olviden que nada es imposible, siempre hay una esperanza para todo el que vive y sobretodo sepan que todas nacimos con un propósito en esta tierra, ¡descubran cual es el suyo y su vida tendrá un sentido!.

