Facetas

Emigdio le metió un gol a la superación

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INDIRA ARIZA PÉREZ
29 JUN 2014 - 12:02 AM

Los deportistas profesionales o empíricos, siempre están expuestos en cada juego a lesiones irreversibles o en el mejor de los casos a una lenta recuperación.

Así le pasó a Emigdio Gaviria, un cartagenero que cuando tenía 16 años se lesionó jugando fútbol y por un descuido terminó perdiendo la pierna derecha. La filosofía de vida de este hombre que hoy está cerca de cumplir cuarenta años es que “las lesiones son mentales y que a la vida hay que hacerle muchos goles para mantenerla”.

“Ese día el balón daba volteretas, rodaba por empeines sudorosos, las rodillas empezaban a doler y la estabilidad se plasmaba al admirar los raspones en las piernas de cada jugador. El deseo de ganar no desfallecía en nuestro pecho, pues los latidos también retumbaban en las bocinas que eran nuestros oídos. Todo comparecía ante el portero justiciero que se balanceaba a cada extremo del arco, buscando atajar cualquier intento de gol.

Este sentimiento de fulgor aumentaba en el campo igual que la tensión, que daba paso al apuro que existía entre las piernas y el esférico; ambos daban fuertes señales de que se lograría la victoria, pero esta como en cada juego estaba reservada para el final”. Así suelta sus ideas Emigdio Gaviria Medrano, sin resquemor y andando con gabela.

En medio del hito que lograban los jugadores de un equipo y sus oponentes, se notó un traspié que  volcó el cuerpo de uno de los atletas, este no demostró ninguna señal de dolor y tampoco se amilanó ante la caída, siguió corriendo, pero al acoplarse al ritmo del juego, el balón le jugó una mala pasada y esta vez la patada de un adversario lo sacó de la grama. Con un dolor inexplicable en su pie derecho y sin saber cuáles serían las consecuencias a futuro, Gaviria salía de la cancha con un golpetazo. Tenía 16 años cuando ese partido con sus amigos le cambió el rumbo a sus pasos.

Por un descuido
Cinco años pasaron luego de esa problemática lesión y Emigdio asegura que por desatención, no prestó el debido cuidado a las molestias que venían de su pie derecho. Él, en vista de sus  incontenibles dolores, fue al médico tratando de buscar alguna solución a su caso, y ahí le ordenaron una biopsia para descartar cualquier anomalía. El resultado mostraba que nada era normal, Emigdio tenía osteomielitis crónica, una infección interna, que en este caso se alojaba en el hueso calcáneo.

Según la mayoría de personas que son diagnosticadas con esta infección, los gastos aumentan, pues el tratamiento no es barato. “Todo es caro y si bien en los hospitales públicos hacen lo posible para brindar atención, obtener un turno para esta especialidad puede tardar meses. En Cartagena, igual que en el resto del país, es una completa odisea pedir cita con el especialista, al final, la consulta te la dan para dentro de tres meses o más” dice tajantemente Emigdio.

Este hombre de tez blanca, cabellos lacios, entremezclados con canas, ojos claros y saltones cuenta que su pensamiento lo perturbaba al no saber cuál sería su futuro. Todo confluía en su pie derecho cuando empezó los curetajes o raspados a nivel del hueso calcáneo que le había mandado el médico. “Me sentía dominado por la angustia.

Ese proceso fue muy molesto, además me presionaban el muslo y me inyectaban un líquido para matar los microbios”. Así se dejó hacer este pesado tratamiento que lo tenía esperanzado, pues pensaba que iba a resultar un éxito. “Creía que todo había curado, pero con los días confirmé que nada había servido para salvar mi pie. El dolor había vuelto y esta vez con más intensidad”.

Había que amputar
Gaviria supo por boca de sus familiares que lo único que había por hacer era amputarle la pierna.   
“En esos momentos lo único que me pasó por la mente fue matarme. Me sentía  impotente y lleno de miedo”. Él cuenta que no se atrevió a hacerse daño gracias a los consejos de su tía Haydee Gaviria, quien lo impulsó a operarse para que por fin descansara de sus dolores.

“Lo único que me calmaba el dolor era sumergir el pie en agua muy caliente”. La cita con el quirófano y sus peores miedos fue el 10 de febrero de 2005, la hora en que su pie derecho dejaría de andar rondaba por su mente vacilante y abrumada. “Cuando me amputaron, me sentí aliviado”.

“Luego de perder la pierna, no hacía nada, estaba en la casa, desanimado y uno de mis amigos me alentó para que consiguiera una prótesis, alegando que yo no debía usar muletas”. Así empezó a buscar quien le hiciera esa pieza que le faltaba, ese espacio al que le tenía resentimiento porque lo consideraba hueco. La primera parte en la que buscó fue en el  barrio La Esperanza, pues le habían contado que  había un taller improvisado donde hacían prótesis.

A Emigdio solo le quedaba conseguir el dinero, que “en esa época eran como dos millones de pesos” y dice que al final reunirlos no fue problema, porque sin su consentimiento, su amigo Jorge Nieto, que vivía en Estados Unidos, hizo una recolecta y reunió la suma de 2.500 dólares y se los trajo para que él pudiera asumir los gastos.

Este hombre elocuente que cuenta con desparpajo todo lo que le aconteció por esos días y además indica que la experiencia es digna de aparecer en cualquier película hollywoodense, dice que esa primera prótesis era muy mala y que el hombre que la fabricó lo estafó y además le dijo que la fricción que lo molestaba al usar su nueva pierna era normal y que debía aguantar hasta que le salieran cayos. “Eso es mentira, aprendí que nadie debe soportar tanto dolor con una prótesis; la pieza debe encajar a la perfección y no convertirse en una tortura”

Una nueva etapa
Gaviria se despeja mentalmente para hablar de sus sueños y experiencias y narra, que empezó a asistir a la Fundación para la Rehabilitación Integral IPS (REI), en el barrio Olaya Herrera. Su acercamiento a la entidad fue como la de cualquier otro paciente. Su inquietud eran las prótesis y siempre quiso comprender este mundo. “La Fundación REI me dio todo, hice cursos hasta de computación”. Emigdio recuerda que la organización Handicap Internacional, que trabajaba con REI, les dictó  un curso para aprender a hacer prótesis.

La técnica que  se utilizaba era especializada. “Las prótesis de madera son estéticamente muy feas”.
Dos años después de la cirugía y luego de recibir la capacitación básica, Emigdio fue convocado para irse de intercambio a El Salvador para estudiar tecnología en órtesis y prótesis por tres años.

Regresó a Colombia el 4 de diciembre de 2010, convertido en tecnólogo en órtesis y prótesis con categoría Ispo 2. Las oportunidades volvieron a llegar, esta vez para alinear sus  pasos hasta Eslovenia, lugar en el que culminó su carrera convirtiéndose en profesional en órtesis y prótesis Ispo 1, la fase más alta en este campo. 

Los ojos de Emigdio han sido testigos del recorrido que ha hecho con su prótesis, solo él puede reventarse contra el mundo que pisa de forma diferente desde el 2005, cuando la vida le arrebató su pierna derecha pero también le regaló innumerables caminos para correr, aunque esta vez sea con prótesis.

“Todo cambió en mi vida, ahora luego de recordar el pasado me siento más pleno porque nada sucede por casualidad, en el fondo las cosas tienen su plan secreto aunque nosotros no lo entendamos”. Emigdio Gaviria espera con ansias la llegada de su primer hijo con Dalis Fuentes, y como todo padre espera enseñarle a correr y sobre todo a jugar fútbol, solo que con precaución.

Dos años después de la cirugía y luego de recibir la capacitación básica, Emigdio fue convocado para irse de intercambio a El Salvador para estudiar tecnología en órtesis y prótesis por tres años.

Luego de perder la pierna, no hacía nada, estaba en la casa, desanimado y uno de mis amigos me alentó para que consiguiera una prótesis, alegando que  yo no debía usar muletas”.
 

Emigdio Gaviria elaborando una prótesis. LORENA HENRIQUEZ-EL UNIVERSAL

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