Facetas

Cheo Romero: "No sabía que me querían tanto"

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RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ P.
04 ENE 2015 - 12:00 AM

“El día que yo pase desapercibido, me retiro del espectáculo”, le escuché decir a Cheo Romero en alguna ocasión, cuando alguien le dirigía un apunte jocoso sobre uno de los tantos peinados que se ha hecho a lo largo de su carrera de comentarista de farándula.

Ese episodio pudo haber ocurrido hace unos diez años. Pero hace unos minutos, en medio del salón de belleza donde labora Bornacheli, su esposa, Cheo hace otro comentario  que también tiene algo que ver con su cabellera:

“En las fiestas de noviembre me pinté el pelo de verde, pero, en cuanto me hospitalizaron, me lo cortaron y ahora me está saliendo blanco”.

Nunca ha sido robusto, pero siempre se preció de tener la misma agilidad y timbre de voz de un adolescente volátil. Pero ahora, cuando ha perdido diez kilos de peso y reflexiona sobre su cabellera nívea, puede decirse que ya se le notan los 66 años de edad que supo esconder muy bien con sus vestidos de luces, sus zapatos guaracheros y su cabeza engominada.

Un fragmento de esa luminosidad comenzó a perderse desde el momento en que alguien montó una foto en las redes sociales, en donde aparecía un Cheo Romero despelucado y circunspecto sobre una camilla de la Clínica Madre Bernarda.

Fue sorprendente, porque nunca nadie lo había visto en una faceta como esa. La suya siempre fue la imagen del hombre enérgico, apabullante, ubicuo,  altisonante y un poco imprudente que se escuchaba en las emisoras, conferencias o en las tarimas de los espectáculos que nunca se perdía. Hasta en los sepelios de sus amigos y de las estrellas de la farándula había siempre un espacio reservado para que lo ocupara Cheo Romero. De otro modo, el acontecimiento podía considerarse incompleto.

“Ahora sólo salgo de mi casa cuando tengo cita médica; y los domingos, porque me toca hacer Salsa y playa”, afirma y añade que ese programa  acaba de cumplir 23 años en la emisora Olímpica Stereo. 23 años en los que Cheo ha salido y regresado, según el calibre de sus relaciones con los directores y los gerentes.

“A veces son personas difíciles, y tú sabes que yo no me la dejo montar de ninguno. Entonces, si tengo que irme, me voy, pero siempre me vuelven a llamar, porque dicen que Salsa y playa sin Cheo, no es Salsa y playa”.

Su nombre completo es José Guillermo Romero Verbel, pero el apelativo de Cheo Romero ya se convirtió en una especie de marca que remite obligatoriamente a la música afroantillana, tal vez por Cheo Feliciano o por Cheo Marquetti, dos monstruos del canto caribeño entre Cuba, Puerto Rico y Nueva York.

Con la misma capacidad memorística que siempre ha utilizado para retener hasta los detalles más nimios de la vida de artistas y deportistas nacionales y extranjeros; y con el mismo trueno de voz que lo ha caracterizado en más de 30 años de comunicaciones, deshilvana los últimos acontecimientos relacionados con sus quebrantos de salud:

“El 17 de noviembre me empezó a doler el estómago. Masticaba, pero no tragaba. El primero de diciembre me hospitalizaron y solo me daban sopas coladas, mientras  me hacían exámenes de toda clase y me daban medicamentos para aliviarme los dolores. Después dije que no quería más sopas coladas y comenzaron a darme alimentos sólidos. Así fue como el médico resolvió darme la de alta el viernes 5 de diciembre, pero no me vine para mi casa en Plan Parejo, sino que me quedé en el apartamento de mi hermana en La Plazuela, porque sabía que mucha gente estaba pensando en visitarme y no quería que se les complicara el traslado de Cartagena a Turbaco.
El sábado 6 de diciembre regresé a mi casa, pero siempre pendiente del reposo que me recomendó el médico. Por eso salgo poco. A veces, cuando me aburro de estar acostado, doy una vuelta por el barrio, pero la mayoría del tiempo estoy en mi casa. Me levanto a las 4 de la mañana a escuchar las noticias, deportes y música. Vuelvo a acostarme a las 10 de la mañana y me levanto a las 12 a almorzar y a ver los noticieros de televisión. A las 9 de la noche me veo la telenovela Niche y me acuesto a las 10”.

Dice seguir con rigurosidad las recomendaciones médicas, aunque no ha dejado de asistir los domingos a Salsa y playa, pero la diferencia radica en que ahora, cuando termina el programa, se marcha directo a su residencia, en vez de visitar uno que otro cervecero o mano a mano picotero, como hacía en años pasados cuando almorzaba y cenaba a deshoras y se empinaba un litro de Coca Cola a la hora que se le antojara,  a lo mejor sin tener en cuenta la previa cantidad de cervezas, tragos de ron o whisky que había ingerido en medio del retumbar de la salsa que siempre le ha encendido la sangre.

“Es posible que de ahí provengan mis malestares, y eso que ya tengo dos años que dejé de consumir licores, cosa que hice por mi propia voluntad, sin que alguien me dijera, aunque tomé la decisión, porque ya no soportaba los guayabos tremendos, que eran como si me hubieran dado una paliza. Los médicos aún no me dan los resultados de los exámenes, pero tampoco me han sometido a ningún tratamiento. Las únicas drogas que tomo son Dolex, cuando me siento algún dolor; y Reladol, para una tortícolis que me ataca de vez en cuando”.

Tal vez para muchos conocidos de Cheo, la primicia de sus quebrantos en las redes sociales sirvió también para sacar a la palestra que tiene una esposa y dos hijos (Kelly Johana y José Guillermo), pues siempre se le veía solo  en los acontecimientos que eran de su interés, aspecto que él califica como un pacto de respeto mutuo con su parentela.

“Lo que pasa es que a mi esposa no le gustan los espectáculos ni los tumultos. Mis hijos no tienen los gustos míos. Pero Boarnacheli me apoya en que siempre esté en los espectáculos buscando información, viendo y haciendo las cosas que me gustan. Cuando llegan las fiestas de noviembre y las navidades, los tres se van para el pueblo de ella, y yo no les pongo problema, porque entiendo que ellos también deben tener su espacio”.

Parece tranquilo cuando dice que no lamenta perderse el “Festival de la salsa y el bolero”, donde siempre ha sido un invitado especial; ni los espectáculos de fin de año que se han programado por estos días en Cartagena, “porque son artistas que ya he visto y con los cuales me he tomado fotos en varias partes del país”.

Sin embargo, no ahorra palabras para describir la emoción (y las lágrimas) que experimentó el pasado viernes 26 de diciembre en el barrio Los Calamares, cuando un grupo de amigos  le rindió un homenaje, al que asistieron personajes del mundo deportivo y del espectáculo y en donde se derramó champaña y se consumieron pasteles en honor de uno de los personajes más emblemáticos que ha tenido la Cartagena popular “en todos los tiempos”, como diría el mismo Cheo.

Cheo Romero, en su residencia del sector Plan Parejo, municipio de Turbaco (Bolívar). CORTESÍA

Algo que lo enorgullece es su colección de fotos con artistas y deportistas. Aquí con Joe Arroyo. JULIO CASTAÑO - EL UNIVERSAL

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