Facetas

Javier Hernández en el juego de la vida

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JOHANA CORRALES
31 MAY 2015 - 12:00 AM

Usted se topa con Javier Hernández Bonett, y lo primero que se le viene a la mente es el fútbol.

Resulta complicadísimo disociar lo uno de lo otro. Tiene estampada en la frente la imagen del Gol Caracol.

Nació en Manizales y, desde que era niño, tenía una afinidad muy marcada por el balompié. Para poder salir a echar un partidito con sus amigos del barrio, le tocaba ayudar a su madre con los quehaceres domésticos. De otro modo, era imposible que le diera permiso.

Y, aunque no debutó como jugador, sí lo ha hecho como comentarista deportivo, convirtiéndose en una de las autoridades más influyentes del medio en el país. Es un experto en fútbol, pero no intimida. Tiene carácter, pero también flexibilidad. Habla mucho, pero escucha con atención. Parece serio, pero es un mamador de gallo absoluto.

Conversamos sobre su familia, los personajes que ha entrevistado, sus tres premios de periodismo, su intento fallido en la política y el matoneo del que ha sido víctima en las redes sociales, después de que circularan varios memes de Refisal con su cara: lo acusaron de que él era el que le traía la saladera a la Selección Colombia.

Por su supuesto, también hablamos de fútbol.

Hábleme de su familia, ¿cómo eran sus padres?
-Los dos ya están en el cielo. Eran seres increíbles. Mi papá era de Manizales, pero parecía del Caribe. Mi madre, tenía un temperamento más fuerte que el de él. Los cinco hijos nos criamos a imagen y semejanza de ella. Mi papá iba de pueblo en pueblo a vender artículos dentales. Se pasaba hasta 20 días en eso y luego llegaba a la casa a pedir el balance de cómo nos había ido en el colegio. Mi mamá velaba por la disciplina del hogar. Es más, me acuerdo que en ese tiempo nos ponía a lavar el baño, a barrer y a trapear para poder salir a jugar fútbol.

De todos los personajes que ha entrevistado, ¿recuerda alguno que lo haya marcado por su historia de vida?
-Hay un personaje que amo entrañablemente. Es un samario, se llama Rocke Montilba y tiene una historia fascinante. Era un soldado y en el cañón de La Llorona, allá en el Urabá, hubo un ataque guerrillero y él hacía parte de la escuadra del Ejército que estaba patrullando la zona. Cuando se dio el hecho, el comandante les dijo que necesitaba que cinco se sacrificaran aguantando para poder salvar al resto de la tropa. Él quedó dentro de esos cinco.

A Rocke lo secuestraron y, en el cautiverio, se enamoró de la guerrillera que lo cuidaba (es un don Juan). Convenció a la guerrillera, y a un soldado profesional, para que se fugaran con él. Él pasó a nado un río y llegó a un batallón. Esa ha sido una de las fugas más espectaculares.

Después lo condecoraron, se pensionó y se fue para la Sierra Nieva de Santa Marta. A los seis meses de estar allá, se le dio por regresar al Ejército a presentarse como soldado profesional. En un operativo fallido en el que perseguían a los guerrilleros, Rocke se estaba devolviendo y un cabo le dijo: “Monltilba, regáleme un cigarrillo”. Y cuando él se devolvió a dárselo, pisó una mina y perdió las dos piernas y un ojo. Pero cuenta la historia de una forma que uno no sabe si reírse o llorar. El tipo lo primero que preguntó a quien lo rescató fue: “Fíjese a ver si tengo eso”.

Yo le decía a Rocke que cómo era que en un momento así, él se preocupara por eso. Recuerdo que me dijo: “Eche, uno sin dos pies, sin un ojo, y sin esa vaina, ahí sí está jodido”.
Mire, yo he entrevistado a Pelé, a Maradona, a Pékerman, a Álvaro Uribe, al presidente Santos, pero no había conocido a una persona como Rocke Montilba. Ese es el símbolo del optimismo en Colombia.

¿Cómo hace hablar uno al Pibe? Y lo más insólito: ¿cómo se gana un Premio Simón Bolívar con esa entrevista?
-El día de la entrevista del Pibe Valderrama, fui a cubrir al presentador de Día a Día. Pero estaba muy preocupado, porque eso era ponerme a estudiar cultura general; y, más que eso, cultura de farándula. Entonces llegué y me encontré a Fernando González Pacheco, quien me dio el consejo más importante que he recibido en mi vida: “Nunca sea distinto a como es usted en la vida real. Porque la gente lo descubre, y más si es en televisión. Siéntese como si estuviera en la sala de la casa”. Cuando abordé al Pibe, no empecé a hacerle interrogantes sino a charlar con él. En el jurado estaba Heriberto Fiorillo, del Premio Simón Bolívar. Y cuando entregaron ese premio, hubo una consideración del jurado: era el modelo de entrevista que debía servir de referencia para los futuros periodistas, porque el entrevistador nunca quiso estar por encima del entrevistado, y tuvo la gran virtud de darle tanta confianza, que el entrevistador terminó siendo solo un intermediario.

¿Por qué cayó en la tentación de la política?
-Me sentía un poco cansado del medio, y miraba con preocupación todo lo que estaba pasando en el país. Me crié en un barrio de Medellín, que es hoy la Comuna 13, una de las más violentas. Crecí en el barrio Santa Mónica, abajo del Convento de la Madre Laura, y me tocó una época maravillosa jugando fútbol. Sentía mucha felicidad. Pero cuando me fui a vivir a Bogotá, que iba con menos frecuencia, me encontraba que muchos de los de mi generación habían muerto y sus hijos asumieron el rol del picaíto de fútbol, de hacer el sancocho en la calle, pero me di cuenta que ya no eran amigos sino pandillas. Había tráfico de drogas. Veía descarriados a los hijos de mis amigos.

En medio de eso, se me metió que el Estado tenía que responsabilizarse por estos jóvenes. Hicimos un proyecto deportivo que no se pudo coronar. Y eso que sacamos 40 mil votos, pero, por el umbral de los partidos, yo estaba en uno muy fuerte como es el Conservador; y, mientras en el Liberal entraban con 30 mil, a mí no me alcanzaba.

¿Cómo es el ambiente en cabina antes de empezar un partido de la Selección Colombia?
-Uno sufre antes de la transmisión. A medida que va entrando en acción el partido, bota todo ese miedo y ya es una interpretación lo que hace.

¿A cuál periodista admira tremendamente?
-Mi gran ídolo es Jorge Eliécer Campuzano. Yo empecé con él.

¿Cuál fue el regaño que marcó su carrera?
-Me lo pegó el mismo Campuzano. Una vez vino a jugar al Nacional un argentino de apellido Paila (troncó como él solo). Campuzano era el dueño de la sintonía, y yo estaba haciendo mis primeros pinitos como comentarista en su programa. Estando al aire dije que Paila tenía cintura de nevera. Cuando dije eso, Campuzano me miró raro, pero yo seguí hablando. Cuando terminé, me llevó a su oficina, me sentó y me preguntó: “¿Usted por qué dijo eso? ¿No vio que el papá y la mamá de Paila vinieron de Buenos Aires a ver jugar su hijo y estaban oyendo la transmisión? ¿Usted vio sus caras? Le quiero recordar, joven, que los medios son para hacer amigos, no para hacer enemigos. Y cuando uno vaya a dar un argumento, tiene que ser sólido, no subjetivo. Y ridiculizar está prohibido hasta que yo sea el director de la transmisión”. Ese fue mi primer regaño, y no lo voy a olvidar jamás.

Y, ¿por qué es tan inolvidable?
-Porque lo puse en práctica. Antes los comentarios eran: “Óscar (un centro delantero del Once Caldas), no pelea ni una herencia”. No le decían si era bueno, malo o regular. O “Fulano de tal, menos mal no llovió, porque le saldrían ramas”. Ese llamado de atención me dio una línea que he tratado de seguir.

Pelé, Maradona y James, ¿quién es el mejor? ¿Mencione una virtud de cada uno?
-Pelé está por encima de los dos. Y eso no quiere decir que James, en el futuro, no lo pueda estar. Pelé ha sido el tipo más importante en la juventud brasileña. Pelé como Ministro de Deportes lo que hizo fue obligar a los equipos a que no podían utilizar jugadores, por talentosos que fueran, sino estaban estudiando. Es muy integral; y, ha sido tan inteligente, que no ha sido ni directivo ni técnico. Maradona es una persona a la que se le reconocen sus grandes virtudes como jugador de fútbol, pero, como persona, creo que es la antítesis de Pelé. Y James Rodríguez está en un camino que, hasta el momento, ha mostrado gran equilibrio para disfrutar con armonía los triunfos. Es muy difícil pedirle a un pela'o tan joven, en un mundo con tantas tentaciones, que se porte bien, que pueda ser figura de un super equipo como el Real Madrid y que no caiga en los escándalos.

¿Qué es lo que más hace brillar a James, su sencillez como persona o su calidad futbolística?
-Creo que es un complemento de las dos. Por ejemplo, el gesto que tuvo cuando la Selección Colombia llegó a Bogotá, después del campeonato del mundo: en la tarima,  sacó la camiseta de Falcao y dijo: “este triunfo también es tuyo. Este triunfo es para ti”. Ese gesto me pareció que fue maravilloso. Hace poquito también afirmó en El País, de España, que todo el triunfo que logró en Brasil, en realidad le tocaba a Falcao.

¿Por qué le dicen Refisal?
-(Endurece el rostro) Esa es una herencia que me dejó el Gol Caracol. Al árbol que más frutos da, es al que más duro le dan. Antes a Adolfo, quien era el comentarista principal, le decían “El Salerito”; y después, la agarraron conmigo. Pero a mí ese tema, la verdad, no me inquieta. Lo que sí me da es tristeza, porque, apelando a un estudio que hizo la Universidad Nacional, leí un artículo de la mediocridad del pueblo frente a la responsabilidad de elegir bien. Eso lo que muestra es que nuestra sociedad no tiene la capacidad de aceptar sus propios errores: se los echa al otro. Yo voy a un sitio y si se cae algo, eso no es mi culpa. Eso fue culpa de fulano de tal. Así yo haya tirado la cáscara de banano. El principal problema de los colombianos es pensar que el otro tiene la culpa.

Eso que pasó, simplemente, me sirve de reflexión. Como te digo, ni me ofende, ni me incómoda, porque sé que, como personaje público, uno está expuesto a críticas o a mamaderas de gallo.

¿Se considera un tipo salado?
-No, en lo absoluto. Si tengo que hacer un inventario de todo lo bueno que le ha pasado a Colombia, yo he estado en casi todo. Saquemos cuentas: 1987, Primer Título Suramericano Juvenil, era transmisión exclusiva de RCN, yo estuve ahí. 2001, Copa América, yo transmití. 2005, a nivel juvenil, Colombia quedó campeón. Copa Libertadores, título del Atlético Nacional(1989) y del Once Caldas(2004). Ni Édgar Perea, puede decir que ha estado en todas en las que yo estuve. Y eso que no te he hablado de los Juegos Olímpicos. El tema no me afecta, porque, interiormente, he sido hasta de buenas.

Lo único que me preocuparía es que le hagan matoneo a mi hija de 8 años. Porque los dos hijos mayores se ríen, y a cada rato me mandan los últimos memes que circulan en la red.
 

El comentarista deportivo habló de los memes de Refisal. Fotos: Julio Castaño/ El Universal/

Cree que es tipo con suerte. Fotos: Julio Castaño/ El Universal/

Ganó tres premios de periodismo. Fotos: Julio Castaño/ El Universal/

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