En 2011 escandalizó al país, en especial a los cristianos, al personificar desnuda al mismísimo Jesucristo en una representación del cuadro La última cena, que hizo la revista Soho.
Al año siguiente volvió a estar en el ojo del huracán al publicar una columna en la revista Aló Mujeres sobre Las siete ventajas de la gordura.
Este año se le formó otro lío mientras entrevistaba en su programa Descárate sin evadir al senador Antonio Navarro Wolff, quien perdió a su hijo el pasado 28 de enero. La presentadora le dijo: “Su hijo se fue, aquí tiene dos amigas”. La frase fue malinterpretada y las críticas por las redes sociales no se hicieron esperar.
Como esos, ha tenido cualquier cantidad de sucesos que le pasan por hablar claro, sin pelos en la lengua, sin filtros, sin maquillar. Alejandra Azcárate es de esas mujeres que odias o amas. Es extrema. Es de verdad, y eso cuesta.
Regresa a Cartagena el próximo 30 de agosto a presentar su stand up comedy Descárate con Azcárate.
Aquí un abrebocas de sus reflexiones:
Ellos nunca nos van a entender y nosotras jamás los vamos a cambiar.El papá siempre está esperando que el primer hijo sea varón; por lo tanto, nosotras somos un error al que le cogen cariño.Lo que se permite, se repite.
Ya usted presentó su stand up comedy en Cartagena, ¿por qué tendríamos que ir nuevamente a verla?
-Pues constantemente tiene cosas nuevas. Llevo más de cinco años andando con mi monólogo y, desde que arranqué hasta ahora, siempre estoy refrescando el material, siempre toco temáticas diferentes, obviamente conservando el hilo conductor, que es lo difícil que es ser mujer en las distintas etapas de la vida, hablando también de las relaciones de pareja. Lo único que he conservado desde el inicio es el nombre de la obra, que es Descárate con Azcárate, que yo creo que es lo que me ha permitido haber tenido larga vida, que no es lo usual.
Uno la ve a usted en todo. ¿Cómo ha hecho para diversificar así su carrera?-Ha sido un tema de pasión y amor por lo que hago No se trata de suerte, es disciplina, saber manejar los tiempos, darle la proporción de concentración que requiere cada cosa. Ahorita acabo de terminar de grabar Diomedes, el cacique de La Junta. Empecé desde enero, en unas jornadas bastantes arduas entre Valledupar y Bogotá, haciendo un personaje muy distinto al que he hecho en la vida real, que fue Yurleidys. Pero, paralelamente, estaba conduciendo y manejando el contenido del programa Descárate sin evadir, y al mismo tiempo haciendo mis funciones por todo el país.
Entonces, se trata de concentrarse y disfrutar lo que uno hace. Ser asertivo a la hora de elegir los proyectos que va a tomar, porque, primero, a mí no me gusta comprometerme con cosas que no me hagan feliz; y segundo, que no sienta que me puedo entregar un cien por ciento. Yo amo lo que hago. Eso es todo.
¿Cuándo supo que los medios eran lo suyo?-Mira, yo lo tuve muy claro desde niña: nunca soñé con ser médico, abogada, enfermera, ni reina, ni veterinaria, que son las cosas con las que puede soñar una niña. A mí nunca me pasó eso. Yo, desde niña, tuve muy claro que me encantaba oír radio, me fascinaba ver televisión. Me acuerdo perfecto que quedaba hipnotizada frente a la pantalla. Tengo un recuerdo muy vivo y es diciéndole a mis papás: “yo quiero estar ahí”. No hubo duda. No fue una cosa que me la marqué como una meta, porque no creo en las metas, ya que siento que cuando nos las cumples te dejan un sabor a frustración. Yo soy más de sueños y siempre soñé llegar ahí. Entonces, cuando el sueño se cumple, te deja mucha satisfacción. Si no se cumple, te deja una sensación de buen sabor, porque lo intentaste. Pero a mí la vida me llevó donde siempre quise estar.
¿Cuál fue el trampolín para cumplir ese sueño?-Creo que el gran impulso de mi carrera fue la radio. Cuando trabajé en El mañanero de La Mega, a nivel nacional fue un tiempo donde nació el personaje del cual vivo y a través del cual me comunico: La Azcárate, con el que perdí mi nombre, pero adquirí una nueva identidad.Ya nadie me conoce como Alejandra, soy La Azcárate; y que me conocieran a través de ese medio donde no lo ven a uno sino que lo imaginan, te da un poder laboral muy fuerte, porque es lo que tú piensas, cómo lo transmites, tú sentido del vocabulario, tú rapidez mental. Es un entrenamiento muy fuerte. Por eso creo que la radio fue una segunda universidad para mí.
¿Qué impacto negativo le ha causado ser tan dura y claridosa?-Quizá dificultades, mas no problemas. Porque no es lo mismo. Eso me ha llevado a ser más selectiva con mis amistades. Me ha obligado a manejar mi carrera desde otro punto de vista, teniendo en cuenta que cuando juzgan, critican o están en desacuerdo es frente a mi personaje, no frente a mí. Eso me ha funcionado muy bien. Ahora, en cuanto a la opinión pública y demás, yo respeto todas las opiniones. Me parece supremamente válido que la gente no esté de acuerdo con lo que hago. No todo el mundo tiene que pensar de la misma manera. Si no, la vida sería muy aburrida.
¿Qué pueden esperar lo que asistan a su show en Cartagena?-Yo presento un reflejo de la cruda realidad de mucha gente, no es nada distinto de eso. No cuento chistes. No pretendo ser graciosa. No hay nada menos divertido que intentar serlo. Mi postura, mi personaje, siempre estoy seria. Simplemente sonrío cuando estoy en posición de Alejandra, que es cuando doy la bienvenida a la gente y cuando cierro. Cuando estoy en el personaje es una sátira, una postura altiva, contestataria.Ese cinismo (pesadez para muchos) resulta como una confrontación. La gente cuando se ríe es porque se ve reflejada, entonces es como mi visión del mundo, de cómo veo que nos comportamos las mujeres, cómo siento que se comportan los hombres en determinados escenarios y cómo he visto y vivido que nos mezclamos a través de esas relaciones de parejas un poco conflictivas que todos solemos tener. Es una exposición de nuestro diario vivir.
¿Cuáles son las cuatro etapas de las mujeres?-En la primera, uno aprende que es un error al cual le toman cariño. El papá espera que el primer hijo sea hombre. En la segunda, aprende a mentir para acceder a los permisos. Luego trasladamos esa información para conseguir la pareja y entramos en círculos viciosos de relaciones tormentosas. Y terminamos en el deber ser para el que nos crían: nazca, ennóviese, cásese, reprodúzcase, déjese abandonar y muérase.
Usted se ve muy fuerte, pero ¿qué la pone emotiva?-¿En mi vida real? Claro, lo que dices es muy cierto: a uno lo ven de una manera y necesariamente no es lo que uno es. Soy muy sentimental, sensible a las situaciones, a la música, ante algunas personas y a los recuerdos. La antítesis de lo que la gente ve.
¿Qué olvidé preguntarle y desea compartir con nuestros lectores?-Mmmmmm (pensativa). Ya sé. Creo que la felicidad existe, porque dentro de todo lo que yo digo, que es un cuadro tan descarnado, uno sale con dos alternativas: con el espíritu esperanzado en que sí se pueden modificar las cosas que de pronto uno está haciendo; o puede salir cuestionado por lo que dejó de hacer. Yo sí creo que la felicidad y el amor no son como un momento. La gente cree que es temporal. Pero yo sí creo que puede ser un estado permanente, igual que el amor.

