Si Julia Salvi se hubiera propuesto sitiar a Cartagena de Indias, para una guerra, la hubiera ganado, pero la ha sitiado con música, en sus cuatro puntos cardinales.
Lo hizo por mar y aire, como si hubiera calcado el mapa del sitiador Pablo Morillo, pero para la más grande aventura del Cartagena Festival Internacional de Música: desde el Convento de La Popa, el puerto marítimo, las capillas de sus hoteles cinco estrellas, el mejor escenario cultural emblemático de la ciudad, que es el Teatro Adolfo Mejía, el Centro de Convenciones, la Plaza San Pedro, las iglesias de cuatro municipios de Bolívar: Santa Catalina de Alejandría, Mompox, El Carmen de Bolívar y Magangué. Y no satisfecha con todo lo anterior, en once años de festival logró traer la más grande ópera de Mozart: Las bodas de Fígaro, en alianza con el Festival de Spoleto. Ha logrado que la música que vino a bordo en plena conquista española hace más de quinientos años, y más allá de la Independencia, la música francesa de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, regresara a Cartagena en el espíritu de los franceses y el Nuevo Mundo.
¿Quién es esta mujer aguerrida, obstinada, perfeccionista, ambiciosa, para quien ninguna dificultad impide avanzar cuando tiene la voluntad de cumplir un sueño?
Todo empezó cuando conoció y se casó con Víctor Salvi (1920-2015), arpista y el mayor fabricante y guardián de arpas históricas, cuyo museo conserva 70 de distintas épocas. Una de esas reliquias es un arpa que perteneció a María Antonieta en 1773, y un arpa africana de madera tallada, que parece sonar con solo mirarla.
Víctor Salvi, nacido en Chicago, es de ascendencia italiana, creó en 1955, Salvi Harps, en Piasco, Italia, y el Museo dell’ Arpa Víctor Salvi, en 2006 y la Fundación Víctor Salvi, en el año 2000 en Chicago. Murió a sus 95 años en Milán. Su padre Rodolfo era constructor de arpas. Sus hermanos Aida y Alberto, arpistas.
Un día vino a pasear a Cartagena de Indias, junto a su esposa Julia, luego de un largo peregrinaje buscando el mejor escenario para hacer un festival, y al cerrar los ojos frente a la luz dorada del atardecer, dijo: “He encontrado por fin la ciudad para el festival: Tiene la atmósfera, el encanto antiguo que no tiene otra ciudad en el mundo y la gracia única del Caribe, y esa ciudad es Cartagena de Indias”.
En todas las quimeras de los dos sonaba Claro de luna, de Beethoven, predilecta de Víctor Salvi, y qué curioso que el 20 de mayo en la ceremonia ante las cenizas de Víctor Salvi y sus hijos, lo que sonó fue precisamente Claro de luna.
La naciente orquesta
La naciente Orquesta Sinfónica de Cartagena, que acaba de debutar con éxito en la Sociedad Portuaria, resultado de una convocatoria pública, es el gran semillero colectivo y sinfónico derivado de esfuerzos en la ciudad, como son los casos de Comfenalco, Unibac, Colegio Inem, y el semillero de la Institución Nuevo Bosque.
“Hay mucho talento musical en Cartagena, tenemos un ritmo tradicional, pero hay que enseñar la formalidad de la lectura, base de la música clásica. Los seleccionados en la Orquesta Sinfónica de Cartagena tienen a su vez, la pasión por la música tradicional como por la música clásica. Es una doble fortaleza que además de interpretar lo tradicional sepan interpretar lo clásico. Y logren ese equilibrio para su formación integral. Si se empieza desde temprana edad, es mejor el resultado.
Lo excelso tiene el mismo valor a la hora de interpretar lo tradicional y lo clásico. La orquesta será estable y contará con un director colombiano invitado. El objetivo es que sus miembros (hay 22 jóvenes seleccionados), tengan una experiencia enriquecedora artística y humana. Que crezcan humana y académicamente, que sean ejemplos para la sociedad. No todos tienen su instrumento y el festival está en el proceso de adquirir un parque instrumental. La Universidad de Cartagena nos ha apoyado”.
Antonio Miscená, el director general del festival, es un estudioso y apasionado de la música del mundo, pero especialmente la de Colombia. El festival se hace posible gracias a los recursos de todo el país. “Es un festival de la ciudad y de Colombia”, reafirma Julia Salvi.
Genera el evento 350 empleos directos para la ciudad. La sola producción de Las bodas de Fígaro costó 2 millones de euros.
“Culminado el festival, Cartagena sigue siendo parte de mi agenda. Ahora ocupará más espacio de mi tiempo. Es una tremenda responsabilidad”.
Un día en su vida...
¿Cómo es un día antes o después del festival, en la vida de Julia Salvi?
Se despierta a las 4 y 30 de la madrugada. Se conecta a las 5 con Europa. Bebe una taza de café. Muy temprano sigue los pasos del Museo de Arpas que tiene en Piasco, Italia. Lee los diarios europeos y colombianos, revisa los correos electrónicos, escucha las noticias radiales, y se sienta de 6 a 7 a planear su día, a reunirse en su sala de juntas, o a emprender un viaje a Medellín, Bogotá o Cartagena. Desayuna frugalmente, pero en Cartagena cae en tentación ante una arepa con huevo. No se trasnocha. No hace mucha vida social, porque no le alcanzaría el tiempo para planear todo lo que tiene que hacer. Lee sobre los otros festivales musicales en el mundo. Con un año de anticipación, apenas culmina el festival de Cartagena, se sienta con el director general Antonio Miscená para trabajar en dos planos: el tema del próximo festival y la elección de los mejores intérpretes. Alguna vez, siendo muy joven aprendió a tocar piano, pero no continuó. Tiene gustos musicales combinados: Bach, Chopin, Beethoven, Ravel, Stravinski, Mädler, Händel. Le inquieta y seduce conocer las vidas de los músicos clásicos: saber, por ejemplo, que Chopin, era un hombre frágil, enfermizo, tierno, pero desafortunado en el amor. Tuvo tres amores frustrados. Descubrir que detrás de los grandes músicos, no todo es felicidad, y muchas de las composiciones se han forjado en medio del sufrimiento, la enfermedad, el amor y la guerra. O en medio de la persecución como el caso de Madlër que tuvo que ocultar su identidad por judío.
Epílogo
Desde ya Julia Salvia empieza a diseñar paso a paso, el nuevo desafío musical para Cartagena en 2018.
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