Karina Rojas Suárez camina a paso lento pero seguro. Por estos días, Pablo, su bastón, la acompaña, para sujetarla en caso de que una parte de su cuerpo se duerma y no responda.
Ella está siempre sonriente, agradecida de que nada le duela. Tiene dos operaciones de columna encima. La veo subir las escaleras y a decir verdad es lo más lejano a la comodidad. No se queja, nunca se queja y por eso no ha aceptado que bajen su oficina, desde donde coordina la Pastoral del Colegio Eucarístico de Santa Teresa.Subir y bajar escalones es su terapia. Y la terapia que ella ofrece al mundo está en sus palabras.
Kary, como dice que es su nombre artístico, inspira confianza y transmite amor. Ese es su trabajo, más allá de ser profesora de religión, y de tener a su cargo la dirección de un curso de bachillerato en su colegio.
Continuamente es invitada a las conferencias de liderazgo, superación y autoestima que hacen en Colombia y en otros países y donde se involucra a gente pequeña. Asiste a grupos de jóvenes para que a través de su historia de vida, sepan que cualquier propósito se puede lograr. Quién mejor que ella, que nació con limitaciones en una ciudad que no está hecha para gente en su condición, puede decirle al mundo que las metas están esperando ahí, para ser cumplidas.
Hace poco regresó de Argentina, donde fue invitada internacional. Ha recorrido además Chile, México, España y diversos países de Suramérica.
Estuvo incluso, hace algunos años en Miami, en televisión internacional con el Show Don Francisco Presenta, junto a la modelo y actriz Chiquinquirá Delgado.Por obra divina, la contactaron para que hiciera parte del Show de Don Francisco, en un programa donde presentarían a gente pequeña que tuviera pareja.
“No sé qué era lo que en realidad querían”, revela, “pero como yo no tenía pareja dije que no podía ir”.
Los productores del programa, le preguntaron por su vida, y al notar lo que había detrás de esta mujer pequeña en estatura pero grande en personalidad, le dijeron que esperara un próximo llamado. Y un tiempo después, estuvo en el programa.“Yo era la última de las entrevistadas. Don Francisco me preguntaba cosas sobre mi vida y después yo les daba un mensaje a los tres invitados que estaban ahí. Con Chiquinquirá aún conservo una bonita amistad”.
Kary tiene una condición que se llama acondroplasia, un tipo bastante frecuente de enanismo.
Las necesidades de una persona con esta condición van desde un ortopeda, neurocirujano y otorrinolaringólogo, hasta un genetista. Ella también busca crear conciencia.
“Hay muchos médicos que no saben tratarlo”, explica Kary, “una vez a una señora que tiene una hija en esta condición, el doctor le dijo que su hija tenía acondroplasia. Ella preguntó que qué era eso y la respuesta del médico fue: “usted ha visto los enanitos que están en el circo, bueno así va a ser ella”.Quizá, muchos piensen que al nacer con esta condición, la vida se hace mucho más dura, para Kary es todo lo contrario. Ella dice que es su escuela. Empezó a notar lo que nadie nota cuando conoce a alguien. En sus palabras, “esta lucha ayuda a descubrir la lucha de los demás”. 
“Pienso que si yo no hubiera sido así como soy, no hubiera logrado muchas cosas en cuanto a la parte humana. Si pudiera escoger nacer de nuevo, nacería igualita. El ser humano vive de apariencias y a través de cualquier condición física empiezas a sacar lo que hay dentro para explotarlo”.
A la docente le han ofrecido trabajar en circos, trabajar de bailarina en eventos donde lo importante es la carcajada, propuestas comunes para gente de talla pequeña. Ella explica que en su gremio, hay personas que rechazan esta posición, que hacen parte de ella y gente que, como ella, respeta las decisiones de cada quien.
“Lo único que puedo decir es que no sabemos el entorno donde se criaron y si esa era la única alternativa que veían para sobrevivir”.
Cómo empezó todo
Kary, hija de Don Horacio Rojas (Qepd) y Toñita Suárez, es la segunda de cuatro hermanos, y la única con acondroplasia, así que siempre fue sobreprotegida.Durante muchos años no fue una alumna ejemplar. Cuando estudiaba en el Colegio La Candelaria, la amenazaban con dejarla por fuera por bajo rendimiento académico. Su padre, la aconsejaba y un día, esos consejos surtieron efecto, cambiando su perspectiva de la vida. “Hubo un momento en que dije ‘yo puedo hacerlo y hacer mucho más de lo que hago ahora’”.
Desde entonces, empezó a ocupar puestos de honor y su historia empezó a llamar la atención de quienes la conocían. Investigando en Internet, vio que había mucha gente con sus características, y que había poca información para esos padres que no saben cómo manejar la situación, así que también empezó a escribir.Sus escritos fueron tan llamativos que fue publicada en revistas médicas de Argentina. “Le digo a los padres que no consientan demasiado a sus hijos con esta condición”. Se ríe y confiesa que cuando la mandaban a lavar los platos siempre decía, “yo no alcanzo”.
Las charlas empezaron para un reducido grupo a partir de una invitación de Rochi Stevenson, a quien Kary conoce desde hace años. “Ella tenía el proyecto PLJ, un proyecto de liderazgo juvenil y me ofreció hablarles a los jóvenes sobre mi experiencia de vida”.
Y después de la primera reunión, nunca paró.
Entendió que podía hacer que la gente viera la vida de otra manera y es eso lo que hace de Kary una mujer ejemplar.
