Giselle baja de un taxi frente al Mall Plaza a las 3:50 de la tarde, se para firme con sus piernas montadas sobre plataformas doradas y empieza a caminar sonriente, saludando hasta a quienes se voltean para no verla pasar. Trae puesto un tutú blanco y un top de encaje beige que marca la firmeza de sus senos y lo oscuro de su piel. Lleva su cabello liso y negro en una cola de caballo, sobre lo más alto de su cabeza.
No es un atuendo cotidiano, como tampoco lo es la banda que trae cruzada sobre su hombro derecho: es miércoles 17 de mayo y hoy Giselle, siendo la reina de la Diversidad, desfilará en la marcha M17 con toda la luz del sol pegándole en la cara. Es la reina y caminará junto a otras mujeres trans, de día, frente a la sociedad cartagenera para reclamar lo que muchos otros ya tienen: derechos.
Al lado de Giselle van otras mujeres con tutú, es la insignia de la manifestación, otras llevan faldas ceñidas y tops sobre el ombligo. Mientras esperan que comience la caminata, danzan, modelan y cantan -juntas, como aprendieron a estar para cuidarse de los peligros- y extienden con orgullo la bandera que las caracteriza. “Tiene dos franjas azules que representan lo masculino, una blanca que es el género neutro y dos rosa que son lo femenino. Nunca antes habíamos marchado con ella, así que la alzaremos con orgullo”, dice Giselle sosteniendo un extremo de la tela. En la otra punta de la bandera está María Alejandra, de cabello rojo y rizado, vestida con jean y blusa blanca. Con una tímida sonrisa, mueve la mirada entre sus compañeras y el camino que deben recorrer.
Horas antes habían estado con otras cinco mujeres trans, preparándose para la marcha en el apartamento de Giselle. Mientras la reina se arreglaba, María Alejandra permanecía sentada a un lado de la sala: tenía miedo. “Este año han asesinado a cinco hermanas y estar a la vista de todos me da nervios, es como exponerse más de la cuenta”.
Giselle también sentía miedo, pero se movía por la habitación y cantaba que iban a demostrarle a los cartageneros que no son mutantes, “hoy reclamaremos salir a la calle y disfrutar de los espacios públicos sin ser estigmatizadas, sin ser maltratadas. Hoy demostraremos que no somos seres nocturnos y que el día también es nuestro”.
Buscando caminos
A las 4:40 están sobre el carril exclusivo del SITM. Christian Howard, uno de los coordinadores de la marcha lo determina así tras pasar media hora esperando a que agentes del Datt les abrieran una vía. Empleados de Transcaribe piden presencia del Esmad, el policía de tránsito se atraviesa entre los marchantes y desde la estación de Chambacú, unos viajeros gritan groserías. Giselle les tira besos y María Alejandra sonríe. La compañía de todos les ha quitado el miedo y disfrutan esa tranquilidad, aunque saben que el temor volverá.
El M17 fue destinado este año para visibilizar la lucha de la mujer trans en Cartagena, quieren recordarle al Estado y a la sociedad que son la población más vulnerada de los LGTBI, tal vez porque son la más visible. “En la vida cotidiana, este respaldo que vemos ahora no existe: somos maltratados por la gente y por el Estado, nos mantienen en las sombras de la noche y ahí nos golpean, no podemos acceder a los espacios comunes”.
La queja de Giselle se expande: cuando van a acceder a los servicios de salud, a las mujeres trans no las llaman por el nombre que han decidido tener sino por el que les pusieron sus padres; antes de ser atendidas les exigen una prueba de VIH, “como si fuéramos las únicas contagiables”. Las entidades que deben protegerlas, las agreden… ¿Piensan María Alejandra y Giselle en eso mientras caminan por la avenida Pedro de Heredia cantando arengas? No, una está enfocada en que de todas las maltratadas y agredidas, solo hay un puñado marchando; la otra en que muchos de los que les gritan “maricones”, son los que las buscan en la oscuridad.
El Esmad nunca llega. Pasan tres articulados y la marcha se encoge, pero sigue. Los buses se detienen y Giselle ruge: “¡Lo paramos todo!”. Están gritando que Transcaribe también es trans cuando el agente regresa y les pide que se pasen al lado del carril del solobús. Giselle y María Alejandra cruzan con la bandera Trans y quedan de primeras en la caminata. Sonrientes, alzan la tela y cantan junto a las demás una palabra que en su vida ‘real’ muy poco dicen: “¡Ganamos!”. El sol sigue en el cielo, iluminando su camino hasta el Museo Histórico de Cartagena. Es de día y durante los 60 minutos que dura la marcha, Giselle y María caminan libres y sin miedo por las calles de su ciudad.
[bitsontherun IyWDQ7fh]
Te puede interesar: