Facetas

Sofronín Martínez, recuerdos de su música

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GUSTAVO TATIS GUERRA
22 JUL 2018 - 12:00 AM

No hay un solo recuerdo de Luis Fernando Martínez Marrugo (Cartagena, 1951), que no esté permeado por la música, y la memoria sonora de su padre Sofronín Martínez.

En su casa de la urbanización La Española, donde el músico vivió su últimos siete años, hay más de setenta años de historia musical cartagenera y continental.
En la terraza de su casa, luego de muchos amaneceres de música, se propuso el nombre de Adolfo Mejía para el teatro municipal.

El genio de Mejía fue amigo cercano de Sofronín, al que sus amigos solo lo llamaban Sofro, un hombre de múltiples ahijados y querencias en todo el Caribe y el mundo, recordado por los cubanos como El hombre de la eterna sonrisa.

En esa misma terraza han pasado legítimas leyendas de la música local y universal, como: Tite Curet Alonso, el célebre autor de letras de clásicos como Anacoana, Los entierros, Plantación adentro, Juanito Alimaña, entre otras dos mil composiciones.

También el musicólogo e investigador cubano Cristóbal Díaz Ayala, para citar algunos de una inmensa peregrinación de músicos y artistas del Caribe y las Antillas. La cadencia artística y la humanidad de Sofronín lo erigieron en el Rey del Feeling en Colombia. Los cubanos que homenajearon a Sofronín en el Festival del Bolero, decían que era una reencarnación del músico cubano José Antonio Méndez, autor de “La gloria eres tú”, en la manera de transmitir sentimientos con la voz y la manera de rasgar la guitarra.

Grandes estrellas del bolero, como César Portillo de la Luz,  autor de Contigo en la distancia, Omara Portuondo, Marta Valdés, Beatriz Márquez, entre otros, celebraron la amistad y la estatura artística del gran Sofronín Martínez.

El cantautor español Joan Manuel Serrat fue personalmente a buscarlo a su casa para conocerlo. Sofro fue la estrella que iluminó la música cartagenera, junto a Cenelia Alcázar, en el legendario bar Quemada, durante 27 años, hasta el último concierto de la noche del 28 de febrero de 1996. Allí lo iban a buscar artistas, escritores y expresidentes. Alejandro Obregón irrumpía embriagado a la medianoche al bar, y se arrodillaba ante Cenelia y Sofronín, para que le cantaran el Ave María, que le recordaba a su madre, la escuchaba embrujado y al terminar, salía llorando. El escritor y humanista Ramón “Tito” De Zubiría, cada vez que venía a Cartagena, venía a buscar a su amigo Sofronín Martínez, al igual que Daniel Samper Pizano y Pilar Tafur.

En casa como en la vida social, Sofro era un hombre impecable, elegante, prudente, tierno, discreto y generoso, que jamás habló mal de nadie, y usaba siempre un pañuelo perfumado de Jean Marie Farina. Nacido en Pasacaballos, se fue a vivir muy temprano inicialmente a Turbaco, para luego residenciarse definitivamente en el corazón de Cartagena. Vivió 15 años en la Calle Larga, en la casa donde estuvo Fátima. Allí tuvo como amigos al profesor Betsabé Caraballo, luthier y ejecutante de la guitarra, y al poeta Jorge Artel.

“Nosotros vivimos muchos años en Getsemaní, en la Calle del Guerrero, en el Callejón Ancho, en la Calle San Antonio. No es casual que las cenizas de mi padre reposen en la Iglesia de la Trinidad”, dice Luis Fernando, quien cada semana pasa cuatro veces por esos caminos que lo devuelven a su infancia y juventud, junto a sus padres.
Sofronín empezó como percusionista en la Orquesta de Emisoras Fuentes, en la Calle Sargento Mayor, en un momento musical de Cartagena, en la que se quedarona vivir en la ciudad destacados músicos cubanos como el pianista Armando Cartaya, de la Orquesta Rumba Habana, y junto a él, el bajista Pedro Echemendía, el saxofonoista Enemelio Jiménez y el cantante Pepe Reyes. Fueron cuatro años de Sofronín en Emisoras Fuentes.

Más tarde, en 1955, se fue con Armando Cartaya para Cali. Regresó en 1957 a Cartagena, y se vinculó a la orquesta del Hotel Caribe, con Lalo Orozco y Remberto Brú. Participó en la Orquesta de Pacho Galán. Grabó con el gran cantante de boleros Bob Toledo. Se hizo compadre de su gran amigo Clímaco Sarmiento, al bautizarle una hija.

Una casa musical
La casa  de Luis Fernando Martínez está llena de música por todos los rincones. Él es una memoria viviente de la música cartagenera de más de medio siglo. Es el mayor de cuatro hermanos. A él le siguen: Cecilia (psicóloga), Adolfredo (Licenciado en Educación Física) y Jorge Enrique (economista y percusionista).

Se siente privilegiado de haber nacido en la mitad del siglo pasado, y conocer a tantos músicos que son sus grandes amigos. Haber conocido a Alex Tovar, a Teresita Rendón, tener la amistad de oro de “Rafael Itier, que me estima como si fuera su hijo, la  amistad de tantos músicos como Tite Curet Alonso, Israel Cachao López, el Gran Combo de Puerto Rico, Andy Montañez, Justo Almario, Víctor del Real, Juan Carlos Coronel, Emiliano Ramírez, Juan y Carlos Piña, Juancho Torres, Cristóbal Díaz Ayala, y Enrique Muñoz Vélez, biógrafo y amigo entrañable de mi casa y de mi padre”.

La amistad era para su padre, un arte cotidiano y sacerdotal. Siempre sonriente, sereno y servicial, Sofronín tuvo como a un hermano a su amigo Antenor Barboza, y a una amiga y hada madrina: Diana Burgos. No alcanzó a cumplir sus 75 años, porque en un homenaje en Bogotá, a punto (no: apunto) de ponerse de pie para salir al escenario, perdió el conocimiento y se desvaneció. Durante 19 días estuvo hospitalizado. Aún mantenía el semblante sereno y dulce, con la sonrisa delineada en las comisuras de los labios. Era un hombre feliz. La música le sobrevive, como su esposa Esther Marrugo y sus cuatro hijos.
 

Epílogo

Al morir, Sofronín Martínez dejó tres guitarras acústicas y una eléctrica. Al final del duelo, Luis le quitó las cuerdas a las guitarras.

Pero años después, las entregó a sus hermanos. Hace poco le entregó la guitarra eléctrica a su sobrino baterista, Carlos Manuel Palmet Martínez, quien vive en su apartamento de Miami, y le rinde tributo a su abuelo músico.

Cuando fue a reparar la guitarra en este 2018, el viejo lutier a quien se la llevó se quedó enmudecido tocando aquel instrumento que se le hizo familiar.

Al mirarla por dentro y por fuera, deslizó sus manos con perplejidad: “Esta guitarra la fabriqué yo en 1972, para un músico colombiano: Sofronín Martínez”.

Sofronín Martínez (/1925-1999), el Rey del Feeling en Cartagena. Álvaro Delgado

Luis Fernando Martínez es una memoria viviente de la música en Cartagena. Hijo mayor de Sofronín Martínez. Luis Eduardo Herrán-El Universal

Luis Fernando Martínez evoca a su padre, Sofronín Martínez. Luis Eduardo Herrán-El Universal

Álbum de Sofronín Martínez, seleccionado por Daniel Samper Pizano y Pilar Tafur. Cortesía

Sofronín Martínez con César Portillo de la Luz, en Cuba. Álbum familia Martínez

Sofronín Martínez, Tite Curet Alonso, Cristóbal Díaz Ayala y Luis Fernando Martínez, en Cartagena. Álbum familia Martínez

Luis Fernando Martínez comparte recuerdos de su padre, Sofronín Martínez. Luis Eduardo Herrán-El Universal

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