“¡Aquííííííí sueeeena El elegante, la máquina del ritmoooooo! ¡Está pegaaaao!”, se escucha de esa, la voz agudísima que a ti, querido lector cartagenero o costeño, te parece estar oyendo ahora... Y no se escucha en Cartagena, léeme bien: ¡suena en París!
Ni la mente del picotero más soñador hubiera sido capaz de imaginar lo que Gina Villacob ha logrado, montar un picó del otro lado del océano Atlántico, del otro lado del charco, del otro lado del mundo, mejor dicho: en París.
¿Cómo empezó todo? ¿Cómo es que un picó termina sonando en la capital francesa champetas como ‘El gato volador’, clásicos inmortales de Lucho Bermúdez como ‘Salsipuedes’? Gina, una cartagenera de 36 años es la artífice de este sueño y nos responde.
***Para hablar de ‘El elegante’, primero tenemos que hablar de su mamá, de su creadora. Ella nació un 25 de marzo aquí, en ‘La Fantástica’, y creció en Las Gaviotas, jugando con sus primos y escuchando música: champetica, salsa, cumbia, porro... Mejor dicho, la chica creció y se convirtió en una melómana que se graduó del Colegio Nuestra Señora de la Candelaria sin tener ni idea de qué hacer con su vida. Se presentó en cuanta carrera, pero finalmente decidió que escogería finanzas y negocios internacionales, por aquello de la seguridad financiera, valga la redundancia. Estudió en Barranquilla y en Bogotá, y decidió que en pocos años terminaría una maestría, así que comenzó a buscar opciones en el exterior ¡y bingo! Encontró a París.
‘La ciudad del amor’ era el lugar perfecto: allá la educación es pública, así que la escolaridad no es cara, además le dan chance de trabajar y la cereza del pastel: aprendería otro idioma. En 2004 agarró sus maletas y agarró un avión, pensando que solo estaría un año en la capital de Francia. Mentiras, una oportunidad llevó a la otra y la otra, entonces ya no fue un año, sino dos, tres... y ahora lleva catorce años viviendo en Europa.Gina es experta en finanzas, tanto, que trabaja en el área comercial de un banco alemán con sede en París. Pero nada de eso ha desplazado su lado melómano. “Siempre he tenido esa doble faceta entre lo cartesiano – profesional, pero también lo artístico, más que todo por la música”, me dice mientras me explica que como buena amante de la música, se la pasaba pendiente de la movida rumbera de París. Cuando llegó a esa ciudad, se encontró con edificios viejos y una noche “muerta”... ¿Cómo así? “Los bares, por ejemplo, abrían hasta las dos de la madrugada y muchas veces tú ibas y no había música. Yo decía: ‘Carajo, aquí como que la música no le importa a la gente’, pero todo era por el asunto de los vecinos, porque la ciudad es vieja, los edificios no estaban insonorizados, entonces de unos años para acá se fueron adecuando calles, acomodando los sótanos y la reglamentación se fue adaptando a esa movida”.
Es como si la vida nocturna de esa metrópolis hubiera resucitado, y con esa resurrección también llegó el boom de la música caribeña. “Desde hace cinco u ocho años, el reconocimiento de la música colombiana se ha impulsado muchísimo gracias a bandas nuevas como Bomba Stéreo y Sistema solar, por ejemplo. Y ahora con Balvin, que es un fenómeno mundial”, me explica.
Cuando Gina empezó a ver que la nueva generación comenzaba a “tomarse las riendas de la noche”, a amar tanto nuestros ritmos y a organizar fiestas en las que se bailaban música colombiana, se le prendió el bombillo: “Ajá, ¿pero por qué yo no puedo hacer eso, desde mi cultura?”, así que poquito a poquito empezó a organizar fiestas y toques con gente de la escena, con otros jóvenes colombianos que le apostaban a la cultura. Y un buen día, como cosa del destino, conoció a Julián, un francés que sin conocer si quiera la palabra picó armó una máquina de sonido.
“Yo tenía esa idea en la cabeza, de llevar un poco de la música, del calor de Cartagena a París, pero me hacía falta la parte técnica, y tuve mucha suerte, porque me conocí con un pelao, un ingeniero de energías renovables. Él montó una máquina cien por ciento de energía solar, con unos parlantes del año 50 que recuperó… Cuando lo conocí, le conté de los picó, y se quedó súper emocionado. Él había venido a Colombia, pero no había ido a un picó y estaba haciendo casi lo mismo, le dije: quiero hacer esto… Creé todo, soy la directora artística de ‘El elegante, la máquina del ritmo’… Creamos la ilustración con Kike Sierra, un ilustrador cartagenero, y, bueno, así empezamos”, me cuenta.
Ahora, ‘El elegante’ tiene placa propia y una imagen, como todos los picó, que quiere homenajear a la naturaleza (lo que más sobresale en ella es un jaguar) y a las fiestas en el Getsemaní cartagenero.
Ahora, el sueño de Gina toma cada vez más forma: desde el año pasado, ‘El elegante’ ameniza rumbas en espacios abiertos en primavera y verano. “Intento hacer una fiesta cada mes y medio. No puedo hacer todos los fines de semana por cuestiones de permisos, además la producción necesita financiación y todo sale de mi bolsillo… De primavera a verano, ponle tú que haga tres o cuatro bailes”, me cuenta. En invierno, la fiesta es estilo caseta, ya es sin la máquina, en interiores, pero “con el mismo sabor y el mismo vacile de afuera”. Las fiestas comienzan a las dos de la tarde y pueden extenderse hasta las dos de la mañana, o hasta donde la ley ordene.
Gina se ha esforzado para conseguir todo el dinero, para que quienes quieran asistir al picó de París no tengan que pagar entrada.
“Tengo una premisa muy clara: mi objetivo es crear un espacio abierto a todos, intergenaracional… que sea como un picó de aquí, de barrio, un lugar donde uno se sienta cómodo, que sea fácil de acceder, y que sea un espacio para presentar a los talentos colombianos en París, que estén asociados a la movida de la música tropical, la champeta, la salsa y ritmos urbanos. También tengo muy presente que quiero que sea un espacio que ponga el trabajo de las mujeres que le camellamos a la música”, confiesa.
Y ella, la misma Gina Villacob que trabaja de nueve de la mañana a seis de la tarde en un banco, contestando correos y llamadas, y asistiendo a reuniones, se quita “el disfraz de banquera” -ella dice así- para meterse de lleno en el maravilloso mundo de la música. Ella también se le midió a enfrentar sus inseguridades y convertirse en Dj: su nombre artístico es La niña Gina, en honor a la niña Emilia y a todas las cantadoras de bullerengue que ha parido el Caribe colombiano. Ella las ama y, por supuesto, también las pone a sonar en París.
Gina ha conseguido el equilibrio perfecto entre matemáticas y música, entre el banco y el picó, entre el hemisferio derecho y el izquierdo de su cerebro. Y seguirá trabajando así, hasta que un día pueda vivir de la música, de su amada cultura picotera.
“Lo que quiero es un lugar que la gente vaya y se la goce, y quiero gozármela yo también. El día que no me la goce, se acaba esto”.
Siento que Gina pasará a la historia como la cartagenera que ‘de verdad’ le puso las alas a ‘El gato volador’, porque consiguió que volara desde Colombia para París. Ella es la mujer que hizo que esa, tal vez una de las canciones más populares de la historia de la champeta, sonara en ‘E elegante’, el picó de París. Hizo que el gato champetúo tradujera su nombre a ‘Le chat voleur’.
¿Por qué El elegante?“El nombre salió en el chat que tengo con mis hermanos, Tatiana y Mauricio, con ellos he compartido mucho desde todo el proceso. Yo quería que fuera un homenaje a la fiesta de Cartagena y a la naturaleza. Si ves el diseño, es muy femenino todo, es un jaguar que tiene alrededor unas palmeras, y la gente bailando cerca, como si fuera una fiesta en Getsemaní”.
DATO: El usuario del picó en Facebook El Elegante Picó y en Instagram es @El_Elegante_Pico.




