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Luis Molina y una editorial para hispanos

El editor barranquillero Luis Molina Lora, autor de Bien cocido, nos habla sobre los buenos escritores ... y sobre aquellos no tan prolíficos.

Luis Molina y una editorial para hispanos
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Decir que se nace siendo escritor es una falacia, pero decir que se puede aprender a ser un escritor, también lo es. Nadie puede copiar las sensaciones, percepciones de otro, cómo siente el hambre fulano... cómo el espinazo se pega a la espalda (eso sería un buen ejercicio), por lo que, así como la huella dactilar del ser humano, el ‘arte de escribir’ nace adherido a unos pocos afortunados. Eso no quiere decir que no se deba cultivar. Más importante aún es hacer que otro sienta lo que se quiere decir con un manojo de letras que se ha ordenado para llevar un mensaje en particular (aunque aquí también intervienen las múltiples percepciones del lector). ¿Cuántas páginas leerá un editor a lo largo de su carrera, cuántos estilos deberá descifrar para determinar qué es digno de publicarse y qué no?

Luis Molina Lora es barranquillero, Literato de la Universidad de Ottawa, y Editor en Jefe de Lugar Común, un espacio abierto a talento hispano y a escritores prolíficos de todas las etnias, desde Ottawa, en Canadá.

Con su obra ‘Bien cocido’, Molina ganó el XIV Concurso Nacional de Novela y Cuento, de la Cámara de Comercio de Medellín. Por estos días celebra la publicación de su libro.

“Siempre he sido inseguro con mi propio trabajo y no quiero pensar mucho por qué ganó, porque si uno piensa qué fue lo que les gustó, empieza a pensar en fórmulas. Y eso me da pánico, porque las fórmulas matan la creatividad, las miradas especiales que uno tiene que tener sobre las cosas y sobre la vida”, empieza, en referencia a su galardón.

La historia de ‘Bien cocido’, es en honor a su esposa, Brigitte Tique, quien es chef, en Canadá. Allí estudió y ha trabajado. “A ella le escuchaba sus historias y sus frustraciones cotidianamente... sobre el trabajo, lo que contaba de los colegas, y me parecían relatos muy interesantes, muy raros, entonces yo a veces le preguntaba ¿cómo sigue todo? y notaba su frustración.

“Un día decidí dedicarle una historia, yo, que nunca le había escrito nada a ella, una historia sobre comida y restaurantes. No utilicé ninguna de las anécdotas que me compartió, pero sí todas estas situaciones dinámicas de poder... de ahí llegó todo. Me pareció pertinente explorar ese tema, a fondo... la comida, en un contexto migrante como el canadiense”.

A Canadá, tierra de inmigrantes académicos, exiliados y estudiantes de toda América Latina: Chile, Argentina, Colombia, Venezuela y Perú, llegan bastantes aspirantes a escritores.

En sus palabras, “personas que escriben hay en todas partes”. De hecho, les da clasificaciones:

- Escritura por el Síndrome de Ulises o el Síndrome del Inmigrante. “Hay personas que escriben a raíz de su experiencia migrante, lo que genera un choque o un impacto. Cuando se tiene una experiencia de esas, tan traumática, tan fuerte, las personas sienten que su experiencia es única, original, que solo les ha pasado a ellas; estos escritores tiendes a escribir y a comunicar su historia.

“Necesitan muchísimo oficio, muchísimo trabajo, pero algunas veces sus historias pueden ser interesantes y la gente las puede consumir; aunque la mayoría de las veces en realidad no son para nada atractivas.

- Están los más preparados, quienes tienen un dominio técnico pero no necesariamente hacen un trabajo literario.

- Hay escritores sin formación que pueden llegar a ser material literario, quienes con reescrituras podrían llegar a ser buenos autores.

- Y hay personas que no tienen formación, pero que tampoco tienen trabajo literario.

“Lo que es difícil, y no es diferente en otros lugares del mundo, es que las personas que escriben tengan manuscritos que puedan ser publicados. La idea y la historia se escriben, de entrada, pero luego hay que trabajarlos y editarlos. Ya es un nivel de profesionalismo que se va dando con los años. Eso es lo que resulta más difícil, que esos manuscritos puedan ser convertidos en libros, pero ahí está el trabajo que me gusta hacer, trabajar con los autores... con los que lo permiten”, aclara Luis Molina Lora, quien le concedió esta entrevista a El Universal:

¿Es posible aprender a ser un buen escritor?

- Yo creo que no. Digamos que él puede desarrollar todo un trabajo de formación. Las personas a las que les gusta escribir tienen una combinación entre pasión, profesionalismo, artesanía, dedicación y bastante lectura. Uno se puede convertir en escritor, pero tiene que estar todo esto. Ahora que estoy en esta posición, me encuentro con una cantidad de personas que quieren ser escritores, no por el hecho de escribir, sino por la fama que puede dar. Y la fama no es un buen elemento para escribir

Un escritor aprende, pero no se le enseña.

Por otro lado, me fascinan los talleres literarios, estudié Literatura, me formé, pero el taller fue fundamental para aprender a leer y a criticarme. Los comentarios de mis colegas, discutir, hablar de la materialidad de la escritura... pero no me atravería a decir que un taller literario me formó como escritor.

¿Qué les recomiendas a los aspirantes?

- Recomiendo siempre ir a talleres literarios. Les recomiendo ir a cursos de formación, pero cuando saben lo que están buscando o al menos están abiertos a ver con lo que se encuentran. Si no hay pasión, gusto o dedicación, meterse a una escuela para estudiar un pregrado o una maestría, o diplomado o lo que haya, no necesariamente hará que resulte un escritor de allí.

¿Crees que los escritores tienen una sola obra magna a lo largo de la vida?

- Creo que es cierto, aunque no lo pondría de esa manera. Si tuviéramos que aceptar esa premisa, se puede decir que es verdad, porque cuando se escribe, siento que el escritor va agotando la cantera de donde saca material.

El aspecto creativo es muy importante; lo que creo es que uno tiene que hacer trabajo creativo, ejercicios de creatividad. La experiencia y ejercicios cotidianos permiten tener una mirada original, peculiar sobre la vida, sobre las cosas.

Si yo mantengo esa constante, esa mirada cada vez que escriba, algo bueno va a salir. Pero cualquier otra obra posterior, si es igual, pues se está copiando; si es diferente... por alguna razón, ya se nota que no fue lo mismo, entonces hay tendencia a comparar. Tenemos un afán comparatista tremendo, siempre estamos comparando.

En conclusión, creo que hay un proceso personal en donde el autor se va agotando, a pesar de todo el ejercicio que puede hacer.

Lo que hay es que disfrutar cada obra.

Sobre la calidad de la escritura en un mundo de redes sociales...

- Creo que ahora se lee más y mejor que antes. Antes era peor. Se lee de manera multimedial; las lecturas hoy son más complejas, pero claro que podemos ver la estupidez más cerca de nosotros, pese a que soy muy crítico con esta gente que escribe estas... frases y se creen muy creativos, no necesariamente es la generalidad y esto hace que tenga esperanza.

Los escritores se están formando en la medida en que publican. Las publicaciones antes eran para los escritores que se habían fogueado... solo lo mejor de lo mejor llegaba a editarse.

Con las tecnologías, con la democratización de las tecnologías de publicación, hoy te publicas lo que quieras en las redes en una hora, lo montas en Word, le haces una cubierta y si se ve todo profesional, lo pones en Amazon.

Uno tendería a pensar que hay tantas personas escribiendo. Pero eso no significa que esté empeorando el modo de escribir; sencillamente, se sabe que esa persona no llegará nunca al nivel de un escritor medianamente conocido en su región o con buena reputación. Es alguien que escribe, todo el mundo sabe que ha publicado libros, pero todo el mundo sabe que no es bueno... el único que no se da cuenta es quien publica.

Pero esas personas al menos hacen un ejercicio de escritura, un ejercicio de lectura.

Yo trato de ser muy democrático y bueno, hay que ver la recepción: la gente se encarga de darle el reconocimiento a quien merezca, pero por supuesto que tú tienes derecho a publicar lo que quieras.

Uno no puede pasar del anonimato al desprestigio... eso alguien lo dijo primero.

Los autores publicados en Lugar Común

- Hemos publicado a John Jairo Junieles, con Mucho gusto, Pablo Escobar Gaviria; a Gerardo Ferro con el excelente libro Antropofobia, Premio Nacional de Cuento de la UIS. A Adolfo Ariza Navarro, con Mañana, cuando encuentren mi cadáver, novela que se llevó el Premio de Novela Corta Juan Rulfo - Radio Francia del 2009; también publicamos Los intrusos, del barranquillero Paul Brito.

Tenemos buenos escritores como Javier Samudio, de Cali; Teobaldo Noriega, de Santa Marta, quien vive en London Ontario, y Andrés Mauricio Muñoz, cuya obra Un lugar en donde rece Adela es muy buena.

Son escritores emergentes con muy buenas obras, quienes en unos años van a ser parte del cartel de literatura de escritores colombianos, ahorita están, más allá de la formación, haciendo un muy buen trabajo.

Consejos para escritores:

1. Siempre es una recomendación para los autores, el cultivar espíritu crítico, no solamente hacia afuera, sino hacia adentro. Pensar en ‘qué quiero decir yo’ y que lo diga... y luego que lo diga bien. Eso va para los escritores jóvenes. Aconsejo que tengan lectores, que no sea la mamá, ni el papá, ni el hermano, sino un amigo crítico.

2. Que participe en los círculos de talleres literarios, para leerle a otros y escuchar lo que otros tienen que decir, y lo que otros hacen. Es reescribir la escritura... una serie interminable y obsesiva de escrituras, hasta que se encuentra el tono.

3. No acelerarse para publicar, porque ya matan el libro y muy seguramente no estaba listo para ser publicado, así que deben tomarse el tiempo.

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