Adictas Anónimas a Relaciones Afectivas, cuando somos adictos al desamor

15 de septiembre de 2019 12:00 AM

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El muchacho lloraba y corría detrás de un bus intermunicipal. Le costaba -cómo le costaba- aceptar de una buena vez que el amor de su vida decidió que no lo sería más y que se marchaba de la ciudad. El bus, el chico y las lágrimas aceleraban. Ella apenas miró por la ventana una sola y cortísima vez que le alcanzó para sentir un hueco enorme en el estómago; una revoltura infame de vergüenza, tristeza y pesar que nunca más habría de sentir... pero no se bajó. Pero sí volvieron, como tantas veces antes en los ocho años que duró su noviazgo. “Recuerdo que una vez se iba a matar, según él, porque terminamos. Ese día, discutimos, le terminé y él salió para la cocina llorando y agarró un cuchillo... Qué te vas a matar ni qué mierda -le dijo, le quité el cuchillo y lo mandé para el cuarto”, recuerda ahora, muchos años después, ella. Incluso, la chica le confesó que le había sido infiel dos veces y él le dijo que no importaba con tal de no terminar. “Y lo peor es que siempre me gustó su hermano y se lo dije, pero a él no le importaba. Después de muchas cosas me dejó, yo le rogué como quince días y terminé llorándolo como un mes, pero lo superé. Después volvió a pedirme cacao, ¡hasta me pidió matrimonio!, pero lo rechacé y ya”, cuenta ella.

¿Por qué pisotearse uno mismo en nombre del amor? ¿Es verdad que amar es sufrir? ¿Por qué, aunque sabemos que nos dañan, nos empeñamos muchas veces en continuar con relaciones tóxicas, enfermizas, crueles hasta rayar en la sevicia? ¿Es que nos gusta sufrir o es que de verdad nos queremos tan poquito a nosotros mismos?

Todas esas preguntas tienen respuestas y en Adictas Anónimas a las Relaciones Afectivas (A.A.R.A) las dan gratis. La tesis de este grupo, que se gestó hace 24 años en Bogotá, es que así como hay adictos al alcohol o a las drogas, también podemos convertirnos en adictos a las relaciones afectivas. “Llamamos adicción a la necesidad imperiosa de estar con otra persona, cuando la relación es lo más importante y ocupa el 90% o más de su vida, descuidando las otras áreas de la vida propia como el trabajo, la familia, las amistades, los hijos, etc. Es decir, una mujer es adicta a las relaciones afectivas cuando solo vive en función de que una relación afectiva funcione y está dispuesta a hacer lo que sea para evitar que la relación se disuelva, y cuando decimos lo que sea, es desde escenas en sitios públicos hasta delitos como herir o hasta matar a otra mujer que quiera meterse con ‘su hombre’, o hacerle daño a su pareja para que no la deje o hacerse daño a ella misma en un intento de retenerlo”, explica María, de A.A.R.A.

A.A.R.A es una comunidad de mujeres que intenta recuperarse de su adicción a las relaciones afectivas, a través de un programa basado en las sugerencias del libro ‘Las mujeres que aman demasiado’, de la psicoterapeuta Robin Norwood. “Nuestros grupos funcionan como Grupos de Apoyo, recuperación entre pares. En nuestras reuniones leemos literatura de la aprobada y compartimos nuestra experiencia, fortaleza y esperanza de recuperación con relación al tema de lectura del día. Las reuniones son de dos horas y asisten todas las mujeres que puedan ir a cada reunión, tenemos reuniones a las que pueden asistir 2 mujeres y otras con hasta 20.”, añade María.

¿La adicción a las relaciones es una enfermedad? ¿Por qué?

- En su libro, la doctora Robin Norwood presenta un paralelo entre el alcoholismo y amar demasiado en el que se evidencia que las dos atacan las mismas áreas de la vida de una manera similar. Las mujeres inmersas en relaciones disfuncionales sabemos que esa relación nos hace daño, pero al igual que un adicto al alcohol o a las drogas no podemos salirnos de esa situación sin ayuda ajena. Por eso consideramos que la obsesión por una relación afectiva sí es una adicción.

¿Cómo darnos cuenta de que padecemos esa enfermedad?

- Nosotras tenemos un test de auto-diagnóstico que invitamos a que respondan las mujeres que llegan a nosotras por información. Son 15 preguntas, si la mujer responde afirmativamente a más de cuatro ¡está en camino a tener graves problemas y necesita ayuda! El auto-diagnóstico está publicado en nuestra página web*.

Las enfermedades son enfermedades porque pueden afectar de forma negativa nuestra salud física y mental, ¿cómo puede la adicción a las relaciones afectivas terminar dañando nuestro cuerpo y espíritu? María asegura que, en la etapa activa de la enfermedad, “la mujer puede tener los mismos síntomas físicos que cualquier adicto a una sustancia química, como: abstinencia, taquicardia, ansiedad, insomnio, irascibilidad, etc, y a nivel mental puede presentar una depresión incapacitante”.

Incapacitante, como aquella depresión en la que entró otra chica que conocí hace años. Le costó años aceptar que su exnovio se había cuadrado con otra una semana después de terminar su relación, de tres años. En cuestión de meses, la chica se puso tan flaquita que parecía una adolescente; lo llamaba cualquier cantidad de veces al día, aunque él le pedía que no lo hiciera más e, incluso, le pasaba a su nueva novia al teléfono. “Una vez lo llamó y le dijo: ‘Si no vienes a mi casa, tú vas a ser el responsable de lo que me pase’. Se había tomado una caja entera de anticonceptivos y, efectivamente, él se fue volando a verla y llevarla al médico. Menos mal que solo la mandaron tomar mucha agua”, me cuenta la entonces tercera de la relación.

La ex de un amigo mío se volvía loca cuando él recibía una solicitud de amistad en Facebook de cualquier mujer, fuese fea o hermosa, vieja o joven. Se atrevía, incluso, a insultar a la que se “atravesara”, aunque virtualmente, en su camino. Iba a la casa de él y husmeaba en su cuarto, no confiaba ni poquito en él, pero se aferraba con todas las fuerzas a esa relación. Conocí a otra chica que jamás supo cómo ni cuándo, pero terminó en una relación con un hombre mayor que ella -bastante mayor y casado, por cierto- y coqueto hasta en los sueños, por eso lo celaba hasta con su sombra pero no era capaz de dejarlo... Y eso que sabía que la relación no llegaría a ningún lado ni en esta vida ni en la otra.

¿Hay algún perfil medianamente definido para esta enfermedad? No, esta, como cualquier adicción, no distingue raza, ni edad, ni color, ni pobreza o riqueza. ¿Las mujeres la sufren más? “La doctora Robin Norwood aclara en su libro que las mujeres estamos más predispuestas a desarrollar la enfermedad, ya que muchos de los hombres que crecen en hogares disfuncionales enfocan su obsesión hacia los deportes y otras actividades o desarrollan otras adicciones (es más común que las mujeres nos centremos en la relación afectiva), sin embargo, hay una pequeña cantidad de hombres que desarrolla la enfermedad, y lo apropiado es que ellos conformen sus propios grupos para hombres porque las características y síntomas son diferentes. Además, los patrones de la sociedad no permiten que ellos acepten fácilmente que son adictos a las relaciones afectivas, aunque sí hay grupos de 12 pasos en donde ellos manifiestan el dolor al desamor de sus parejas”.

¿Y se cura?

-Si una mujer se identifica como adicta a las relaciones afectivas debe buscar ayuda, así que es importante que busque en su ciudad grupos de adicción a las relaciones y, si no los hay, en el libro ‘Las mujeres que aman demasiado’, en el último capítulo (‘El camino a la recuperación’), la doctora Robin Norwood plantea una serie de pautas para abrir un propio grupo, solo se requiere que se encuentre a otra mujer con vivencias similares. También pueden solicitar el apoyo y la estructuración de nuestra comunidad a través de nuestra junta de la Oficina Central Intergrupos.

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A propósito de Andy Montañez en Cartagena, volví a escuchar casi te envidio, porque a mí también, me gustaría vivir otra ilusión, pero no puedo, no puedo, no puedo, vivir sin tu amor y Dicen que soy un payaso porque ando detrás de ti y tú no me haces ni caso. Dicen que soy payaso por que toda mi ilusión es tenerte entre mis brazos... Las canciones, de cualquier género, de cualquier año, de cualquier cantante, así como las telenovelas y las películas románticas, han reforzado desde tiempos inmemoriales una premisa infortunada que es, a su vez, el meollo de este asunto: el que ama sufre.

Me pregunto dos cosas: ¿Quién habrá sido el primero en creerse ese cuento? ¿De verdad existe una razón tan poderosa como para que ames más a tu pareja que a la persona con la que estarás toda la vida, es decir: tú?

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