Facetas


Alfredo Guerrero: “Me conmueve la belleza”

Alfredo Guerrero (Cartagena, 1936), uno de los grandes dibujantes y pintores de Colombia, es el más fecundo de todos. ¡No cesa de fecundar bellezas!

GUSTAVO TATIS GUERRA

04 de abril de 2021 12:00 AM

Recorrer su casa y su estudio es como entrar a un tiempo que él ha preservado como una lámina antigua, con destellos dorados de luz sobre los muros y los objetos. El pintor Alfredo Guerrero ha ido guardando tesoros perdidos que la ciudad ha despreciado, el balaustre tirado entre escombros del viejo Teatro Heredia que él replicó para su terraza, con modelos en cemento pintado de blanco, y en cuyos intersticios se cuela todo el cielo de Cartagena frente al mar. Y un esqueleto del anfiteatro del Hospital Santa Clara, que también salvó entre escombros para su estudio fascinante de la anatomía humana. En su estudio hay una calavera humana, una calavera de un mico y otra de un perro. También conserva las lápidas en mármol de sus padres: Fernando Guerrero Núñez y Amalia Tatis Caviedes, que era sobrina nieta de José Gabriel Tatis, el célebre miniaturista cartagenero del siglo XIX.

A sus 85 años, Alfredo Guerrero Tatis, nacido en Cartagena en 1936, es uno de los pocos sobrevivientes del legendario Grupo de los 15 del maestro Pierre Daguet, pero es, además, uno de los mejores dibujantes, retratistas y pintores de Colombia y, sin lugar a dudas, uno de los mejores del mundo. (Le puede interesar: Alfredo Guerrero: la luz del silencio)

Alfredo Guerrero: “Me conmueve la belleza”

Serie de desnudos del pintor Alfredo Guerrero.//Foto cortesía Alexandre Magre.

Trayectoria estelar

Alfredo Guerrero estudió en la Escuela de Bellas Artes de Cartagena, siguió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional y luego, becado, siguió a París y Florencia, recorrió los museos de Europa. Reconoce que él no sería quien es si no hubiera tenido maestros como Pierre Daguet, Ignacio Gómez Jaramillo, el padre del fresco en Colombia; Jorge Ruiz Linares, Roberto López Ocampo y Hena Rodríguez.

Su primer viaje a Europa fue fruto de una beca, pero su viaje personal en 1965 fue apoyado por su padre en su deseo de vivir en Madrid y ser miembro activo del Círculo de Bellas Artes. Luego, se radicó en Florencia, especializándose en la Academia del Desnudo, de la Escuela de San Marcos. Expuso en el Palacio Strozzi y colectiva en la galería Número de la Fiama, Vigo. Recorrió Roma, Arezzo, Fiesole, Asis, estudiando los frescos de Miguel Ángel, Piero de la Francesca, Mantegma y Gioto.

Participó en diversas exposiciones de latinoamericanos en París en Maison de L’Amerique Latine, en el Museo de Arte Moderno de París, Galería Le Poin Auxerre, y asistió a la Escuela de Grabado de la Ville de París.

En 1964 se casó con la pintora Cecilia Delgado, con la que ha sostenido una complicidad creativa y un destino ejemplar de pareja artística. Fueron testigos y partícipes del acontecimiento histórico de Mayo del 68, se unieron a esas protestas pintando carteles con estudiantes de Bellas Artes y conocieron en una noche de cafés al filósofo y escritor Jean Paul Sartre y a Simone de Beavoir.

Alfredo Guerrero: “Me conmueve la belleza”

Serie de desnudos del pintor Alfredo Guerrero.//Foto cortesía Alexandre Magre.

Retorno y honores

Luego de esa intensa y deslumbrante experiencia en Europa, Alfredo Guerrero volvió a Colombia en 1970, y su regreso coincidió con una serie de honores y reconocimientos. Ganó el XXI Salón Nacional de Artistas Colombianos, la II Bienal de Arte de Coltejer, el Salón Panamericano de Artes Gráficas y el Salón de Dibujantes colombianos. Fue una década espléndida, fecunda y de expansión nacional e internacional. Participó en la I Bienal Americana de Artes Gráficas, en Cali, 1971; participó en la Biblioteca Luis Ángel Arango en la Exposición de Dibujantes y Grabadores Colombianos. Expuso en la II Bienal de Grabado Latinoamericano, en San Juan de Puerto, 1972; Salón Latinoamericano de Pintura en Quito; Casa de las Américas, Cuba; Museo de Arte Moderno de Cartagena. Regresó en 1973 a Europa a visitar los museos El Prado, Louvre y Galería Ufizzi.

Alfredo Guerrero: “Me conmueve la belleza”

Fueron años de plenitud creadora, de exposiciones, intercambios y reconocimientos en museos y galerías el mundo. Fue invitado especial a exponer de manera itinerante en Washington, en museos, galerías, centros culturales, universidades, en 1974. A esa invitación especial siguen otras en Estados Unidos. Yogoeslavia, Cracovia, Polonia, Italia, Cuba, Venezuela, Puerto Rico, Colombia. Su recuerdo más triste de esa década es la muerte de su hermano Álvaro en un accidente de aviación en 1975, a sus 35 años. Uno de sus recuerdos más felices es haber conocido al gran pintor irlandés Francis Bacon, quien lo invitó a conversar y a compartir en un café. (Lea también: Alfredo Guerrero o la saga de la luz sin sombra)

Alfredo Guerrero: “Me conmueve la belleza”

En el taller

Se despierta muy temprano a dibujar. Su estudio de dibujo es una antigua terraza transformada en el más íntimo de los espacios para crear arte. “Aquí tengo guardado un misterio que solo yo conozco”, me dice. Le rodean las fotos de sus padres y su familia, la huella de los pies de sus nietos Juan José y Fernando, al nacer, sus dibujos sutiles, casi levitantes, reposados de mujeres desnudas, en pequeño, mediano y gran formato de sus incontables modelos que nunca lo habían sido solo hasta el instante en que él se los sugirió o ellas se lo sugirieron tan solo para ser la figura humana eternizada en sus lienzos. Nunca buscó modelos profesionales. Las tuvo cuando estudiaba en Cartagena, Bogotá, París y Florencia.

Las modelos

“He tenido suerte con las mujeres que me han posado, porque nunca lo habían hecho. Todas las que he pintado son mujeres que hemos conocido, incluso, algunas son sobrinas de mi esposa Cecilia, amigas e incluso, mujeres que han pasado por Cartagena, como una joven inglesa que aceptó posar desnuda para mí. Nadie me ha dicho: ‘No’. Una vez, una señora muy bella me posó y el marido la dejaba en mi taller y venía horas después por ella. Él sabía que su esposa estaba en las buenas manos del arte. Veo la belleza en todas ellas. Las dibujo en el contrapunto de la luz y la sombra y el medio tono. Dibujo y pinto los músculos, hasta la profundidad invisible de los huesos. He vivido siempre conmovido con la belleza”.

Epílogo

Junto a ese ámbito minúsculo donde pasa casi todo el día sin dejar de dibujar, el artista sale a otro inmenso estudio cuya puerta lo conduce a la inmensidad de otra luz antigua donde también declinan las luces del cielo cartagenero. Y allí se consagra a pintar.

Pero en el ocaso y en la noche, suele estar junto a Cecilia, en la terraza de su jardín, en donde ve el resplandor del cielo y la luna y los brillos fugaces del mar con sus barcos errantes.

Delgado, sensible, memorioso, detallista y perfeccionista, Alfredo Guerrero sigue en su vocación que empezó desde niño. Dibuja y pinta sobre lienzo, papel, madera, piedra y muro. “Pinto al óleo con la técnica del fresco, como si pintara sobre un muro al que preparo con muchas capas de color, sin que se noten esas capas”.

Su mano no duerme. Sigue pintando, más allá del sueño, los bordes redondos de una mujer desnuda, cuya luz deja una sombra de color ocre y la huella espectral de sus vestiduras.