Cartagena, en tres teatros demolidos

15 de julio de 2018 12:00 AM

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La memoria de un  siglo se despertó de su letargo, cuando los cartageneros vieron demoler el ámbito de lo que fuera el Teatro Cartagena, el Teatro Calamarí y Teatro Colón, para construir el Hotel San Francisco, previsto para 2021.

Pero al demoler los teatros que ocupaban la antigua huerta del antiguo Claustro de San Francisco, los constructores del hotel y su arquitecto Rafael Tono Vélez, iniciaron la hazaña de recuperar tres patrimonios monumentales de la ciudad  en 26 mil metros cuadrados, más de una hectárea de tierra, en la que están cifrados cuatro siglos de historia que habían sido abandonados mucho antes de la construcción de los teatros.

Uno de ellos es la restauración del antiguo Claustro de San Francisco, el templo con sus tres naves, el artesonado original que fue suplantado con el adefesio de unos techos de eternit en el siglo XX, la recuperación de sus estructuras originales, sus auténticas cubiertas, sus aljibes, sus pasillos que nos conectan con la memoria fundacional de Cartagena de Indias.

Y junto a la restauración del Claustro de San Francisco, el proyecto, que fue aprobado en 2015, incluye la restauración y culminación del antiguo Club Cartagena, según el diseño original de su  arquitecto francés Gastón Lelarge, la recuperación de los Bienes Inmuebles Patrimoniales en todo el área de lo que fuera además el Teatro Bucanero y Teatro Rialto.

La nostalgia de las tres salas de cine que son la memoria de menos de un siglo de los cartageneros, se dan cara con cara con otra nostalgia gigantesca, desconocida y monumental: la recuperación del patrimonio del siglo XVI y XVII, fragmentado por los usos y abusos en el siglo XX y XXI.

Primer salón de cine

El primer salón de cine de Cartagena se abrió bajo un solar bajo las estrellas en 1916, en el antiguo edificio Mogollón, y sus asistentes llevaban sus sillas y taburetes. Todo ocurría bajo el cielo estrellado del verano, porque en invierno era imposible ver cine a la intemperie.

Belisario Díaz arrendó las edificaciones de las capillas de La Veracruz y San Francisco, de propiedad de Bernardo Porto, y fundó el Teatro Variedades, con una infraestructura parecida a la del circo teatro de la Serrezuela, precisa el historiador Francisco Muñoz.

A los hermanos Lequerica Gómez y los hermanos Henrique Mathieu, se les ocurrió construir el Teatro Cartagena, en competencia con el Teatro Colón, que se había erigido en 1938. Contrataron al arquitectio cubano Manuel Carrerá y al ingeniero austriaco Enrique Zeisel, y lo inauguraron el 8 de marzo de 1941.
Trashumantes de sueños fueron los empresarios italianos que fundaron el Teatro Olimpia, antecedente de Cine Colombia, que iban de pueblo en pueblo presentando películas.

Los italianos tenían su empresa consolidada con el nombre de Di Domenico Hermanos. Uno de los distribuidores locales era el capitán Pablo Nieto, el padre de Víctor Nieto Núñez, que llevó cine por todo el país, e inició a su hijo, el fundador del Festival Internacional de Cine de Cartagena, en 1960.

Nostalgia  en penumbra

No hay un solo cartagenero que en algún momento de su existencia no hubiera ido a cine en el Teatro Cartagena, Teatro Calamarí y Teatro Colón.

Los coleccionistas de nostalgias recuerdan que allí el cantante argentino Carlos Gardel tuvo uno de sus últimos conciertos, en su viaje definitivo a la muerte en Medellín, en 1935. Y que allí el músico Agustín Lara cantó y el portero lo detuvo en la entrada porque dudaba que se tratara de Agustín Lara.

Por allí pasaron Rita Hayworth, Marlon Brando, Gillo Pontecorvo, Rainer María Fassbinder, Roman Polanski, Bernardo Bertolucci, Kirk Douglas, Arturo Ripstein, Francesco Rossi, Franco Nero, entre miles de estrellas de cine, directores y espectadores. Y por allí pasó un siglo de vida cultural, porque además de sala de cine, fue escenario de conciertos y espectáculos musicales, veladas  de coronación de reinas de belleza  y otras maravillas que el viento se llevó.

“Gustavo Lemaitre Román, Adolfo Mejía Navarro e Ignacio Villareal Franco trajeron a Cartagena los mejores espectáculos de danza y coros españoles y musicales, como la filarmónica de Guatemala, filarmónica de Washington, el pianista polaco-estadunidense Arthur Rubinstein, el violinista norteamericano Yehudi Menuhin, el guitarrista clásico español Don Andrés Segovia Torres, EI Marqués de Salobreña”, recuerda el historiador Francisco Muñoz.

El teatro de la historia

El historiador Francisco Muñoz mira el mapa antes de que los teatros fueron un escenario. Y entra a las aguas del tiempo al detallar un mapa en donde solo están los planos del antiguo Convento de San Francisco.

Toda la historia de Cartagena pasa por estos tres teatros demolidos. Antes de erigirse como teatros locales en la primera mitad del siglo XX, fueron  ámbitose de la génesis fundacional de Cartagena.

“El complejo seráfico fue construido en la isla de Jimaní, tierra de nuestros ancestros aborígenes”, precisa el historiador Francisco Muñoz.

“Ha sido testigo excepcional de la vida de Cartagena y su gente. Fue quemado por piratas franceses en 1559; reconstruido; tomado como rehén por Drake en 1586, y rescatado por los cartageneros; siempre muy relacionado con la marina y la gente de mar.

Fue ocupado por los hombres de Don Blas de Lezo tras la pérdida de los navíos en 1741.

En las gradas de acceso a la iglesia fueron arengadas nuestras clases populares el 11 de noviembre de 1811; ha sido cuartel, cárcel, manicomio, orfanato y mucho más”.

Restaurar lo perdido

El arquitecto Rafael Tono Vélez dice que lo más complicado en esta hazaña restauradora para construir el Hotel San Francisco, es la fachada del Club Cartagena.

El arquitecto francés no culminó su obra, y esta restauración la concluirá. El hotel tendrá 130 habitaciones, cuatro pisos, y una inversión de 100 millones de dólares. Se recuperarán los espacios patrimoniales, se conectarán los patios interiores, se salvará un brocal de un aljibe hallado en el ámbito del Teatro Cartagena.

Hay que preservar
Los primeros hitos históricos que deben hacerse visible en la nomenclatura cultural de esos escenarios demolidos, según el historiador Francisco Muñoz, nos llevan a “su origen seráfico colonial, que debe prevalecer y conjugarse en un entorno de hombres de mar, héroes como Pedro Romero, que arengó a los getsemanisenses desde sus gradas; Don Blas de Lezo, que acuarteló en él a sus hombres; los piratas franceses Juan y Martín Coté, que le pegaron fuego; corsarios, como Sir Francis Drake, que extorsionó a Cartagena para no destruirlo. Son muchos los protagonistas, así como los años de su historia”.

Pero lo que se debe  poner en valor para honrarlo con esta nueva obra, es “la reconstrucción de lo que ha perdido en sus ya casi cinco siglos de existencia”.

Para el historiador Muñoz, “deben protegerse los pozos y aljibes, recuperar por completo la Capilla de la Veracruz y las dos pequeñas capillas interiores. Manejar con respeto y decoro los restos de los cuerpos que aún reposan en sus terrenos, bien sea de religiosos, militares o civiles, todos y cada uno, con su propia historia”.

Cuando se construró el Teatro Cartagena, se arrasó con la mayor parte de la Capilla de la Veracruz. Aún quedan vestigios que pueden reconstruirse. El teatro Colón ocupó los predios de la Iglesia de San Francisco. No afectó en mayor medida lo que quedaba de su estructura, tras el telón se preservó el arco toral y el altar mayor, en muy aceptables condiciones. El Teatro Calamarí, creado posteriormente, ocupó terrenos abiertos que no habían sido edificados”.

Epílogo
Es increíble cómo el tiempo entrelaza sus enigmas. Rafael Tono Vélez es bisnieto de Daniel Lemaitre (1884-1961), el empresario visionario que intentó crear el primer aire acondicionado en el Club Cartagena, ahora salva del olvido las sublimes arquitecturas del tiempo.

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