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Comprar ropa de segunda ya no da pena

Si tenemos la oportunidad de ahorrar, estrenar y de paso, ayudar al planeta, ¿por qué no?

A los jóvenes ya no les da pena usar ropa de segunda. El movimiento por la conservación del ambiente se toma la moda en Colombia y nacen cada vez más, emprendimientos de ropa se segunda mano, distinta a la popular ropa de paca.

Según Boston Consulting Group (BCG), el mercado de ropa usada “está valorado entre los 30 y los 40 billones de dólares, representando el 2 % del valor total del mercado mundial de ropa y de lujo”.

Un informe de la Universidad Javeriana dice que, de la industria textil en Colombia, “en términos de impacto ambiental es preocupante que de las 829 empresas registradas, solo el 33% elabora informes de sostenibilidad, denotando su responsabilidad socioambiental”.

Segundo Closet, El bazar, Beatriz Diez, La Desfachatez, Retrovisorderopa, Tesortiz; aunque en Cartagena se vuelven más comunes estas páginas, la meca de la ropa de segunda mano está en Medellín y a ella se puede acceder a través de redes sociales. La comunidad paisa ha creado grupos de compra y venta en Facebook y WhatsApp, que ya son un bazar virtual donde incluso se solicitan prendas o se mira, a manera de catálogo, qué tipo de ropa y calzado están disponibles. Si es del gusto del cliente, solo con un clic se accede a contactar al vendedor. Pero en este mundo hay cabida para todo: ropa nueva sin etiqueta, ropa con una sola postura, ropa que se nota bastante usada pero sigue en buen estado, ropa de marcas americanas o de diseñadores internacionales... etc.

“Yo quise emprender con mi ropa al quedar sin trabajo, porque necesitaba encontrar la manera de obtener ingresos, y como cuido muchísimo mi ropa, la que ya no me queda puede usarla otra persona para seguir dándole buen uso; aparte la vendo en muy buen precio”, dice la creadora de @Retrovisorderopa.

Por su parte, Beatriz Eugenia Agudelo, de la tienda Beatriz Diez, comenzó hace tres años y medio con su negocio en redes sociales. Ella vende ropa escogida por ella misma, es decir que su gusto es parte fundamental en el éxito de la tienda.

“Trato de darles gusto a todas las personas, uno tiene que pensar en lo que está de moda y en los jóvenes así que amplío mi mente, me fijo en edades. En este negocio uno aprende todos los días, de los chascos, de lo malo, de lo bueno. No ha sido tan fácil”, comenta.

Sus clientes van desde los 18 o 19 años, hasta 70 años.

“Yo soy la que elijo la ropa, yo no compro al bulto. Yo elijo y también tengo una tía y hermana que vendían ropa y ellas saben de gustos y bueno, me mandan. Yo sé a qué sitios ir a buscar la ropa. Mis precios no son tan baratos porque me tomo mi tiempo. En Medellín hay muy buenos sitios; la gente viste muy bien, chaquetas, blazers, gabanes, de acá sacan cosas muy bonitas”.

Beatriz viaja a Estados Unidos y suele traer prendas, escogidas una por una, por ella misma.

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“Antes era de las personas que pensaba que no compraría ropa de segunda pero me he dado cuenta que hay que quitarnos ese tabú de que las prendas traen enfermedades y tantas otras cosas. De hecho, hay ropa que parece nueva, y por qué no apoyar un emprendimiento o a alguien que está en ese negocio y de paso, apoyas tu bolsillo. Me parece una buena alterativa”, dice Paola, de 40 años. Ella, eso sí, pone varias condiciones para adquirir este tipo de prendas: no compra zapatos, ni ropa interior, ni vestidos de baño.

¿Por qué casi no gusta la ropa de paca?

Digamos que la ropa de paca, es aquella que viene empacada en sacos traídos de distintas ciudades del mundo, usualmente de Norteamérica. Esto, a su vez es triste porque mucha de esta ropa fue donada a personas pobres y de alguna manera, llegan a revendedores (que sin saberlo puede ser) las compran y comercializan. Hay piezas desde mil posos colombianos, y queda el sinsabor de ser ropa que se dio con intención de ayudar, no de vender.

Una psicóloga reinventándose tras el desempleo

“La tienda fue una respuesta para mí en un momento en el que me sentía abrumada por la presión profesional, el desempleo y la falta de oportunidades en mi campo laboral me llevaron a buscar otros caminos, recuerdo como si fuera ayer que hice una lista (me declaro fan de las listas) de posibles ideas de negocio que podría crear según mis gustos y habilidades, todas necesitaban una inversión económica significativa, excepto una, vender la ropa que ya no me quedaba, porque había subido de peso y la mayoría de prendas en mi clóset ya no me quedaban”, relata María Valentina Villadiego Ricardo. “Por lo general la talla más grande es la 12/14, esto lo logré pidiéndole ropa a mi familia y proponiéndole un porcentaje de ganancia, con el tiempo fui conociendo más sobre este mundo de la moda sostenible y encontré algunos proveedores que me ayudaron a ampliar esta visión”.

En Colombia como en el mundo, para elaborar ropa se usan sustancias químicas y/o tóxicas, y se consumen grandes cantidades de agua y energía. Esto genera grandes cantidades de desechos y vertimientos que impactan negativamente el ambiente. Si tenemos la oportunidad de ahorrar, estrenar y de paso, ayudar al planeta, ¿por qué no?

Con información de Juan Sebastián Ramos

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