Facetas


El país de gordos y flacos de Eduardo Butrón

El arte del magangueleño se expone en el Salón BAT con dos obras que nos hacen reflexionar sobre la naturaleza, y sobre nuestra feliz y triste sociedad.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

24 de enero de 2021 05:40 AM

El arte puede atraparnos en cualquier circunstancia, lugar o tiempo. Dejarnos inmersos en universos de formas, colores, figuras, olores, sabores y pensamientos. A Eduardo Butrón Hodwalker le sucedió viendo una exposición en Barranquilla, en 1985, en la galería de las hermanas Lara. “Ahí me incliné por el arte, yo no lo estaba buscando, sino que el arte me encontró esa noche, y supe que esa era la forma de expresar todo lo que sería el universo pictórico de Eduardo Butrón (...) desde muy pequeño me incliné por la creación artística, empecé a trabajar con caracoles, con algas, con troncos, con elementos y materiales que encontraba en el río”, detalla.

Nació a orillas del río Magdalena, en Magangué. Precisamente ese torrente de agua recorriendo incesante la costa magangueleña lo inspiró, se sumergió en el río para hacer arte de alguna manera. “Me doy cuenta que el río estaba presentando un grado alarmante de contaminación. Es decir, los magangueleños hemos sido un pueblo que le hemos dado la espalda al río Magdalena, entonces todo va hacia el río: basuras, desechos, aguas servidas, contaminadas. Entonces, desde hace 25 años comencé una labor titánica de recoger todos los desechos del río Magdalena”, refiere. Titánica porque no ha parado desde entonces y porque su eco resuena por las figuras que arma.

“Yo me levantaba temprano, a las 6 de la mañana, y recogía basuras. Entonces, me enfoqué en la bolsa de agua, esa que inconscientemente uno se toma y no arroja al tanque. Logré recoger 15 mil bolsas de agua en la ciénaga y en el río. Con ellas empecé a tejer un trasmallo, una obra que ganó cuando yo participé en el Salón Regional de Artistas”, narra.

Denominó así a su obra porque, ciertamente, el trasmallo es un elemento que atrapa, pero también permite pasar, era de alguna forma dejar pasar el agua pero al tiempo atrapar toda aquella contaminación del río. “Luego hice otro trasmallo - explica- con 25 mil botellas de plástico, ese concepto ambientalista es el que me abre a mi el espacio en el panorama artístico”.

En Magangué desde hace 25 años ha emprendido una labor de tratar de influenciar en las nuevas generaciones, de enviarles mensajes para que sean más conscientes con el medio ambiente, a invitarlos a tener más acciones en pro de la naturaleza.

Un perfomance
25 años de arte

El arte de Eduardo Butrón ha sido fecundo, es un referente protector de un medio ambiente golpeado y ultrajado, pero que es salvado en parte por este artista empírico de Magangué. Con persistencia. “Cuando la gente se percata de que lo que tu estás haciendo es algo, entonces la gente joven tiene acciones más positivas con el medioambiente, lo importante es cómo estas acciones, a través del arte, inciden en el pensamiento colectivo, cómo mueven a una comunidad a pensar de una manera muy positiva. A partir de ahí mi trabajo se volcó a eso, a trabajar con cáscaras de huevo, con conchas, con guarrú de café, no hay algo con lo que no trabaje dentro de todo ese universo creativo, buscando un lenguaje pictórico que me identifique y que me ayude a recrear el universo de Eduardo Butrón”, afirma.

Han sido 25 años como guardián ambiental, de grandes obras que ha recopilado en un video-performance. Se titula: ‘Una mirada desde lo real’, recoje ahí esa preocupación ambientalista como artista por la contaminación que presenta el río Magdalena y de su trabajo con el agua como ese elemento del futuro, invitando con sus obras a que tengamos acciones más positivas con nuestra fuentes hídricas. El video perfomance ha sido seleccionado como ganador del BAT Salón de Arte Popular que se expone por estos días en Cartagena en el Museo Histórico.

Son 65 obras y 2 videos de artistas empíricos colombianos, que se destacaron entre las 1.647 piezas que se presentaron a la convocatoria nacional. Entre ellos el video perfomance de Butrón, que nos habla sobre ese impactamente mensaje que no ha dejado de transmitir en más de dos décadas.

La felicidad y la tristeza

Recorriendo el exposición del BAT Salón de Arte Popular sobresale un cuadro-colage. Es otra obra también firmada por Butrón. “Participo en esta exposición con otra obra que es el rostro de Botero. Es una obra que se dio en ese afán de búsqueda. Mi mamá es una persona que siempre archiva cosas, ha vivido toda su vida guardando cosas, piensa que algún día esas cosas van a servir para algo, y lo jodido es que sí sirven (risas). Debajo del colchón ella tenía unos papeles de regalo que le habían traído, como muy antiguos, desde Medellín”, cuenta.

En ese papel regalo se repetían las caras de los gordos y las gordas de Botero, entonces Butrón los tomó y empezó a hacer el rostro de Botero con las figuras de sus propios gordos. “Es una obra que se hace por capas, se hace con muchas capas y esas capas muestran siempre gordos felices. Entonces pareciera que viviéramos en un país donde todos somos felices, que nos quieren vender la idea de que somos el país más feliz del mundo, nada interesa, nada importa. Y, luego, hago un marco al rededor de la obra donde tomé a imágenes de todos estos niños de La Guajira que se estaban murieron de inanición y que se habían muerto de hambre. Entonces, son rostros famélicos en blanco y negro y en tonalidades grises, como en referencia a un país que se niega a ver lo que está por los bordes. Es una obra de muchos contrastes, por un lado está llena de color y por otro muestra toda esta tragedia que está pasando. Se llama País de gordos y flacos”, señala.

Desde lo empírico

“Pareciera que no, no estamos atrapados en los rigores de la Academia, pero todo lo contrario que seamos empíricos nos exige que investiguemos, que estudiemos por nuestra cuenta, quizá ese toque arbitrario, popular, es lo que hace muy rico el trabajo de los artistas populares: es un diálogo directo con la obra. Este mi tercer año en ser seleccionado para el Salón de Arte Popular, es un salón muy importante. Siempre ha sido esa lucha porque, si bien es difícil, en un país como el nuestro, hacer arte en las capitales, imagínate cómo es hacer arte desde Magangué, Bolívar”, refiere el artista sobre su recorrido empírico en el arte y añade: “Creo que yo soy una muestra de que la tenacidad, la persistencia es lo que hace al ser humano, en un momento en el que estamos viviendo, lo que se está necesitando son seres humanos más comprometidos con las causas sociales, en ese tránsito entre mi experiencia, lo que vivo en mi entorno es realmente lo que me enriquece (...) En realidad soy un convencido el arte, sueño arte, vivo arte, mejor dicho yo soy un artista neto, puro, mi trabajo es muy trasparente además”, complementa.

En el barrio San José, uno de los sectores populares de Magangué, en una vía que ya han bautizado como la calle de los Butrón, la vivienda del artista se ha convertido con los años en un centro de acopio. “Gracias a Dios mi casa en Magangué se convirtió en un sitio de guardar cosas. La gente me dice guarda que si el foco, que si las fotos, cualquier cosa. Hice arte en cuarentena. Durante esta pandemia empecé a crear con todo lo que se encontraba en mi entorno, sin salir de aquí, porque de eso se trataba, cómo la cuarentena le exigía a los artistas, crear en nuestro espacio, en nuestro entorno, era una manera de acercarme al otro sin salir de aquí, era como estar aquí y allá. Hice obras con ralladura de limón, con un almuerzo y dejé que el almuerzo se dañara de un día para otro y veía como el hongo lo iba consumiendo, entonces era algo así de cómo la vida es efímera”, relata.

Epílogo

El magangueleño hace obras a gran escala. Sus mosaicos adornan las calles de Magangué y las letras del nombre de su ciudad, en la entrada al municipio.

Pinta y hace arte con todo lo que se encuentra. El arte atrapó a Eduardo Butrón aquella noche de 1985 en aquella sala de exposiciones de Barranquilla y el desde entonces él busca atrapar a otras almas a través de su arte.