El drama de la película ‘Lola...drones’ en Barrio Triste, Medellín

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Hace más de 20 años, en el sector de Barrio Triste, en el centro de Medellín, decenas de madres rogaban desconsoladas que no se llevaran a sus hijos. Fue un operativo de las autoridades y se cumplió pese a las súplicas y el llanto. Fue tan dramático para todas esas mujeres que una de ellas no resistió su dolor y prefirió envenenarse.

De eso fue testigo Giovanni Patiño Tejada, un hombre que llegó a rebuscarse a Barrio Triste desde los 13 años junto a su padre, como mecánico, y allí se convirtió en un líder comunitario. Y la desventura de todas esas madres también la sentía como propia, pues a otras las vio nacer en cuevas y antros de ese lugar llamado realmente Corazón de Jesús, donde abundan la pobreza, y las drogas, y la prostitución o la mecánica son los principales medios para sobrevivir.

A raíz de la muerte de aquella desdichada madre, en Barrio Triste hubo una gran manifestación, y ‘Papá Giovanni’, como fue apodado por su labor social ayudando más que todo en la salud, se tomó la vocería ante los medios de comunicación. Para esos días su nombre sonaba con frecuencia en la prensa de la capital de Antioquia.

Por todo eso, le empezaría a cambiar la vida. Víctor Gaviria, el reconocido director de cine colombiano, lo vio. “Las palabras que expresó Víctor, según me dicen unos amigos, fueron: ‘Este loco debería estar en este proyecto’”, relata Patiño Tejada.

Se trataba nada más y nada menos que de la película ‘La vendedora de rosas’. Tuvo un pequeño papel y estuvo coordinando a un grupo de jóvenes, actores naturales, durante el rodaje de ese proyecto audiovisual. “Empecé a entender todo lo que era la producción, luego trabajé en ‘La virgen de los sicarios’, ‘Rosario Tijeras’, ‘Sumas y restas’, como actor y en producción; luego empezaron a buscarme para otros trabajos como un videoclip con Juanes. Trabajé con la prensa internacional, en producción, con CNN, Reuters, France Press y National Geographic. Me fui llenando de todo esto, más el conocimiento de la ciudad, y empecé a hacer mis propios proyectos”, dice.

Y empezó a escribir ‘Lola... drones’, que narra “la llegada de Lola al bar La Rosa, en Barrio Triste. Desde que Óscar, el jefe de una banda de paramilitares del barrio, está preso, los ladrones andan a sus anchas y nadie les pide cuentas. Lola había huido de las amenazas de Óscar, el padre de su hija, y el único que se ofrece a ayudarla es su primo Maricarmen, dueño del bar. Sin saberlo, Lola se encuentra en el peor lugar que pudo haber escogido, pues los hombres de ese delincuente extorsionan y venden drogas en el sector”, explica la sinopsis de la cinta, que no fue seleccionada para la reciente edición del Festival de Cine Cartagena de Indias – FICCI. “Al ver Lola, búsquele la esencia y verá que no es la violencia, prima, lo que es el amor”, apunta Giovanni.

¿En qué momento decide empezar su propio proyecto como director?

- Me daba cuenta de que todos estos directores, nacionales o extranjeros, siempre me pedían que leyera los textos o los guiones para ver si me parecía creíble. De cierta forma yo daba como un aval y ellos siempre me hacían caso. Entonces pensé: Yo, lleno de historias, al lado de los que son, viendo que ellos hacen proyectos muy buenos con lo que yo les cuento, ¿cómo no lo voy a poder hacer también? Y empecé a escribir mi guión, a conseguir recursos, a hacer reuniones con grupos interdisciplinarios, a tener en cuenta a los estudiantes, a los amigos profesionales.

¿Cómo se consiguieron los recursos?

- Solo se trabajó con 24 millones físicos, que nos dio la ONG internacional ‘CISP’, que fueron los que se llevó el director de fotografía. A la gente le parece increíble, porque se hizo con todo lo que se exige para una película sea de calidad, técnicamente. Fue difícil conseguir recursos... si una empresa de luz nos daba algo, le poníamos el crédito; si una empresa me daba las gaseosas... eso para mí era my fácil, porque yo ponía a los muchachos a tomar gaseosa y ellos felices de hacerlo. Para la alimentación, fue muy berraco. A mí me prestaban un Renault 6 y yo me iba para el mercado a las 6 de la mañana con la productora y dos actores. Una vez, un actor que iba a hacer papel de cura llegó personificado y le digo: ‘Vení, que a vos te necesito porque a los curas siempre les dan cosas’. Y fuimos y nos llenaron los costales. Entre todos hacíamos de todo, unos cocinaban y así, nos entreteníamos, pero era duro. Todos estábamos en la misma causa.

¿Cómo convenció a los muchachos de participar?

- Les recordé que ya habíamos hecho ‘La virgen de los sicarios’, ‘Rosario’, pero les dije que no tenía ni un peso, pero sí unas ganas berracas de trabajar y que necesitaba su ayuda. Trabajamos con más de 800 personas, haciendo en la legalidad unos contratos a futuro si se dan las cosas, y todo el mundo decía ‘yo quiero’.

¿Cuánto tiempo tardaron en hacer la película?

- Siete años y medio. El rodaje fue mucho tiempo, generalmente el rodaje de una película dura tres meses, pero había que parar para buscar recursos. Grabábamos por bloques y cuando íbamos al otro bloque Gina Vallejo, la protagonista, estaba embarazada y tenía una barriga grande. Las otras niñas habían vendido el pelo porque alguien les ofreció plata, me mataron un actor y, entonces, se perdió continuidad. Algunos camarógrafos que me apoyaban se fueron de la ciudad. Me tocó esperar un tiempo hasta que retomé con más fuerza.

¿Cuáles fueron esos personajes que más le marcaron en el rodaje?

-Ernesto Franco no tiene manos, y viéndolo hacer sus escenas era como verlo vivir, porque cuando él busca el amor todo el mundo le cobra por su discapacidad y yo lo veía igual. Él, cuando actuaba, sufría y a veces terminaba llorando porque se metía tanto en el personaje que había que consolarlo.

Al no poder presentar su película en el FICCI... ¿qué quiere hacer?

- En el mundo existen más de 100 festivales. La idea también es hacer un programa pedagógico en las universidades del país, esa es la pretensión nuestra, y que nuestro proyecto sea lo que es: un proyecto sociocultural que nos enseñe, que a los niños y a los jóvenes les sirva de prevención, que no se quede en los aplausos, sino que sea un programa que dirija a nuestros hijos o le sirva a cualquier persona.

¿Qué esperan todas estas personas que participaron en el proyecto?

- Que ustedes las valoren, que sientan realmente que es un grito a la distancia y que nos identifiquemos. No esperamos ni dinero, ni fama.

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