Facetas


El fantasma de la quiebra se pasea por el Centro

Unos han cerrado sus puertas con la esperanza de, algún día, volver. Otros, presenciales o desde la virtualidad, resisten, como los músicos del Titanic, hasta lo último, anhelando no naufragar en un mar de deudas.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

23 de agosto de 2020 07:30 AM

Contrario al resto de Cartagena, donde el afán citadino resucita, en el Centro Histórico las aldabas resaltan más que nunca en las puertas cerradas. Las casonas coloniales, épicas, suntuosas, antiquísimas, ahora están cerradas. Como si un espanto estuviera a punto de invadirlas o como si ya las hubiera desolado. ¿A dónde se ha ido todo el mundo? ¿Cuándo volverán? ¿Volverán?

Rolando Pérez, a quien todos conocen mejor como ‘Lucho Colombia’, ha enfrentado al fantasma de la desolación ‘pandemística’. Su café - bar, a un lado de la Plaza Santo Domingo, en el convento del mismo nombre, ahora hace pandebonos en algo que llama ‘Pan para héroes’, que son enviados por donantes al personal de hospitales o a quien lo deseen. Es una forma de reinventarse.

En frente, una Gorda de Botero -solitaria y con un tapabocas rojo- es testigo de las vacas flacas: sus vecinos, los restaurantes, han cerrado sus puertas (algunos de ellos desocupado sus locales), Pacos y Kalamary aún resisten. En Bourbon Street ya no suena el rock, porque ya no está, ni el aroma habitual de los mariscos inunda la plaza, el Michael Jackson amateur se ha ido, con el mimo, con los vendedores de rosas, con los foteros y el suelo luce desnudo sin tapetes de artesanías. La economía del Centro Histórico mismo parece un gran Titanic, con todas sus clases sociales abordo: opulentas, elegantísimas y distinguidas, medias, bajas y obreras, ahora todas envueltas en el mismo alambre de púas, nadando como pueden, sobreviviendo, zozobrando, esperando salvavidas.

Unos se marchan, otros quedan...

En aquella hermosísima Plaza de Santo Domingo, el habitual almacén Tennis -me cuentan vecinos- hace poco desocupó su local esquinero. Si te adentras en el Callejón de los Estribos, no encontrarás ya dos tiendas antiguas de esmeraldas y joyería fina. Lastimosamente, de ellas no queda ni el nombre. ¿Qué la habrá pasado al almacén La Rosa Blanca?, que tantos años tenía. No lo sé.

El fantasma de la quiebra parece pasearse como un espectro malévolo por las calles del Centro. “Han desocupado locales que da es miedo, unos siguen atendiendo por WhatsApp, otros solo están cerrados y esperando poder reabrir. Ese, Perú Mar, que es muy famoso, desocupó su local, ahora pondrán ahí La Diva”, me comenta Luis Díaz, quien frecuenta la zona. El restaurante está o, más bien, estaba en la calle Santo Domingo, donde hay sitios visitados por presidentes, ministros, políticos, altos mandos, artistas, escritores y demás. En esa misma vía, así, de la nada, aparece el fantasma de otra tienda, de la que tampoco queda ni su razón social en la fachada: “Ahí vendían vestidos de baño y ropa de mar”, reseña Luis. Ahora no es más que un local fantasmal.

Un corazón desalmado

El punto de quiebre para la quiebra de muchos negocios en el Centro Histórico han sido los arriendos. “Puedes encontrar arriendos entre 7, 10, 50, millones de pesos. El tema acá principal es el inmobiliario, el Centro de Cartagena maneja unos números únicos en el país; sostener esos números cuando no hay productividad se convierte en algo imposible y no hay un control sobre los cánones de arrendamiento. Son muchos locales los que ya están cerrados en el Centro”, me comenta un empresario que, por temas legales, prefiere no mencionar su nombre, tampoco el de su negocio, ahora también un fantasma. Por culpa de la pandemia, no pudo pagar el arriendo y lo demandaron por una millonada, sus arrendadores fueron indolentes. “Ya cerré. Tengo que entregar. No tengo ni plata para el trasteo, ni para pagar un depósito. Ni siquiera para pagar un abogado”, narra. Para colmo de males, le exigen devolver el lugar que remodeló, tal cual como estaba antes: casi en ruinas. Ahora busca llegar a un acuerdo. Paradójica y dolorosamente, justo en estos días, recibió un reconocimiento internacional como uno de los mejores lugares del Centro. (Lea aquí: Piloto del Centro Histórico se pondría en marcha en septiembre)

Si bien hay quienes han logrado acuerdos directamente con dueños de locales, otros no. El tema podría ir más allá, pues algunas inmobiliarias estarían haciendo valer, en estos tiempos de pandemia todas las cláusulas habidas y por haber en la letra menuda de los contratos, para cobrar penalidades por incumplimientos a negocios prácticamente en la quiebra. “Eso es algo que está sucediendo, sí es verdad”, me ha comentado Pedro García, otro comerciante. También habría propietarios de locales que estarían aprovechando para deshacer contratos antiguos, que no les representan mucho dinero, para cuando pase la pandemia arrendar sus propiedades por un costo mucho más alto.

El fantasma de la quiebra se pasea por el Centro
Esta solía ser una tienda de ropa en la plaza de San Pedro.
La crisis sin
extranjeros

Por fortuna, el anterior no es el caso Sirlene Dantas (foto). Ella, o su negocio, sobrevive gracias a que su arrendador la ha tratado “como a una hermana”. Su joyería y tienda de esmeraldas la encuentro en la Calle de la Iglesia. Huele a pintura fresca. Están remodelando. “¡Ha sido terrible todo esto! Nosotros, a comienzos de año, hicimos una inversión muy grande, me quedé sin una moneda de a peso, todo lo invertí en mercancía, porque este año pintaba muy, muy bueno, tener un alcalde hacía la diferencia con años anteriores, que no teníamos, entonces esto pintaba muy bueno”.

¿Cuáles son tus expectativas en este momento?

-¡Voy a caminar de rodillas de aquí al señor de Buga!... No, mentiras, gracias a Dios pude llegar a un acuerdo con el propietario del local y por eso he sobrevivido.

Antes de llegar ahí, al pasar por la Calle Santos de Piedra, había notado a otras dos joyerías vacías. Una de ellas llamada Mapalé y otra sin letrero. En esa misma calle, me sorprendí al escuchar que el antiguo local de Artesanías Obed Díaz, una institución en la venta de este tipo de productos, también está vacío al igual el de los helados Yog You. En el Centro el caso de las joyerías se agrava por la falta de turistas extranjeros, pues en general este comercio es pensado más para el turista de afuera que para el de aquí. “Esto es lo que hace la diferencia con nuestros compradores. Un colombiano ni siquiera sabe bien que la esmeralda existe, en cambio los extranjeros vienen a lo que vienen, ya conocen el producto. Ahora que se abra el turismo nacional, el látigo va a ser ese, ganarnos al turista de aquí, promocionar que tenemos un producto único en el mundo, realmente no tenemos ni la más remota idea de cuándo volverá el turista extranjero”, recalca Sirlene. Y añade que, lastimosamente, un producto como las joyas difícilmente se puede vender por Internet. “Tuve que dar de baja nuestro capital, porque realmente ninguno sabía cuándo puede volver el turismo internacional que representa más del 90% de nuestras ventas. Tenemos la esperanza de algún día regresar”, añade Henry Rodríguez, dueño de la Joyería Muzo, otro fantasma en la Calle de Ayos. (Lea también: Centro Histórico: sectores del turismo y entretenimiento lanzan SOS Centro Histórico)

Más fantasmal

Los fantasmas de negocios se aparecen en el centro por doquier. Atravesando la Calle Manuel Román y Picón, hay otras dos joyerías vacías, pero sobrevive a los escollos de la pandemia Collage, el restaurante de Mauricio Bedoya. “La verdad es que no sé cómo he hecho. ¡No sé cómo hago para no cerrar!, le pongo actitud positiva, sigo funcionado con domicilios, pero aquí (en el Centro) no hay vida, esto está muerto”, me explica él, quien también es dueño de Palo Santo. “¡Ah!, La Pepita ya no está y Varadero también se fue”, exclama mientras nos marchamos. Atravesando la Calle del Colegio, que últimamente tenía un auge en la vida nocturna, las noticias tampoco son alentadoras, hay más fantasmas. “De aquí se han ido Restaurante María y Restaurante Don Juan y más adelante una joyería”, me narran. Al llegar a la Esquina hay otra joyería vacía en la Calle de El Porvenir. Más adelante siento alivio al pasar por la Calle del Cuartel y ver que todavía está ahí la Gelatería Paradiso, pero me produce desazón saber que ya Mila no está con sus postres en el lugar donde solía, en la Calle de La Iglesia. Ábaco, la librería, ha cerrado su sede alterna, pero la principal continúa en lucha: “Han bajado las ventas este último mes, pero seguimos vivos”, comenta María Elsa Gutiérrez, su administradora. En San Diego, Iván Gil, en la Calle del Santísimo, tuvo que cerrar su popular Esquina Sandiegana, uno de los sitios más emblemáticos de salsa, y espera reabrir en algún otro lugar cuando pase la pandemia. Y así, el Centro va luciendo cada vez más fantasmal que nunca. En el paisaje que ahora compone las fachadas de las casonas coloniales están las marcas de donde alguna vez hubo letreros, esos que anunciaban marcas, servicios, productos, pero que también guardaban sueños y proyectos derribados por la pandemia del coronavirus.

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Locales desocupados

Recorriendo algunas calles del Centro encontramos locales vacíos, muchos de ellos los propietarios de los negocios los han desocupado, lo que no significa que necesariamente hayan dejado de existir como marca o que hayan dejado de funcionar o vender. Algunos han cambiado a la virtualidad o se han reinventado. Otros esperan que pasen las restricciones por la pandemia para reabrir.

Apertura del comercio
Fenalco Cartagena, a través de una carta, solicitó al alcalde, William Dau, “considerar la apertura del resto del comercio que aún permanece cerrado y los restaurantes, y así frenar el desolado panorama que hoy observamos en calles e inclusive en muchos centros comerciales cuyos establecimientos no resistieron la evolución temporal de las restricciones”. Y, además, piden a la Administración que “comparta el proyecto de decreto que contenga y acopie la decisiones que al respecto está pensando tomar a partir del 1 de septiembre y escuchar a la comunidad frente a su contenido, con anticipación y permitirle estar listos para tan anhelado momento”.