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El gran pintor que nació del encierro

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Hay un pedazo en blanco en su vida. Después de los electrochoques, en el desaparecido Hospital de San Pablo, a Luis De La Haye se le ‘borró el casette’ y no recuerda nada. En absoluto. Hablaba solo, con las paredes, decía incoherencias. Estaba desconectado. La terapia eléctrica era para ‘curar’ su adicción a las drogas. Fue una época sombría, lejos de esos colores que ahora hay en su vida.

Luis creció en el barrio La María. En un intento de su familia por alejarlo de las pandillas se mudó al Alto Bosque. Aunque sí, lo desviaron de un camino peligroso, a los 14 años él tomó otro: el de los alucinógenos. “Era mal estudiante, no iba a clases nunca, mi hermano me pegaba porque pasaba dibujando en el cuaderno y no hacía tareas, dibujaba y punto. No es que me apasionara, me nacía hacerlo, era algo intuitivo”, explica. Hizo séptimo grado siete veces, al final, su mamá decidió no pagarle más el colegio y, en un arranque, él mismo se matriculó en una escuela nocturna para terminar ese curso porque se obsesionó con ello. Pero no volvió a la secundaria. “A los 18 ya valía nada, era bazuco corrido, estaba flaco, me volví loco. Se me perdió la mente”, dice.

Artista del encierroDe La Haye nunca ha hecho una exposición, sin embargo, sus cuadros se exhiben desde hace año y medio en un ‘café bar’ del barrio San Diego, donde fue contratado para pintar algunas obras como decoración. Tuvo tanto éxito que, sin esperarlo, los primeros lienzos comenzaron a venderse entre clientes fascinados con su arte.

Son rostros de un realismo increíble, de expresiones sublimes y picarescas, reproducciones de personajes a los que pone su toque. El humo del tabaco de ‘Compay Segundo’ parece escaparse del cuadro, igual que la contagiosa sonrisa de Celia Cruz. Puedes entrar allí, simplemente pedir un café y deleitarte con todo el arte.

Incluso, varios de los clientes del bar preguntan por el autor de esos cuadros, porque quieren que él los pinte. No se imaginan que ese gran artista nunca ha pisado un salón de artes y, cuando más cerca estuvo, fracasó en el intento. “Porque no tenía plata para el bus, solo fui a la primera clase”, explica. Tampoco imaginan que el encierro de una cárcel se convirtió en un comienzo de estas creaciones.

A la libertad“En 2005 me culparon de algo que yo no hice. Un vecino decía que yo lo estaba extorsionando. No pudieron probar que yo lo llamara, él era quien me llamaba a mí a amenazarme. Nunca lo llamé, mi abogado dijo que no había pruebas en mi contra, que me tranquilizara, pero luego se echó para atrás. No sé por qué, me dijo que tenía que declararme culpable porque iban a condenarme a 18 años. Tuve que decir que fui yo para que me rebajaran la pena. Se basaron en que alguna vez fui drogadicto para culparme. Por mi barrio piensan que sí, que fui yo, pero no es así”, narra. 

En la cárcel, Luis escribió una carta a un juzgado especializado para que revisaran su caso y afirma que consiguió una rebaja de pena. Estuvo tres años preso. “Cuando entré, como fui drogadicto, mucha gente ahí me conocía y eso me tranquilizó. Pasaba tirado en un pasillo. Los pandilleros me decían gomelo y fueron los que me incentivaron a pintar. Le dije a mi hermana que me trajera pinturas y comencé a pintar las artesanías que hacen en la cárcel”, cuenta.

A los seis meses de haber enviado una pintura a un concurso nacional le llegó una buena noticia: ganó. “Pinté todo lo que hacía todo el mundo en el patio. Con ese cuadro gané. Me sentía bien feliz, eso me incentivó mucho. Había otros pintores destacados dentro de la prisión, pero la gente comenzó a buscarme a mí. En algún momento no sentí que estaba preso, me sentí como prestando un servicio”, recuerda.

Hasta que un 24 de diciembre le llegó una notificación: estaba libre.  

Otra vida“Cuando  salí, se acabó la pintura. Mis amigos me decían que abriera Facebook y ahí conocí a la que hoy es mi mujer. Ella me motivó a que compráramos una moto. Cuando comencé a ‘mototaxiar’, conocí a un cubano en el Centro, Lázaro Tejero, que necesitaba que le pintara una bandera y me pidió que le hiciera a Celia Cruz. Yo nunca había pintado rostros, pero lo hice. Y comencé a pintar de nuevo”, sostiene.

Entonces su arte comenzó a ser solicitado. “Desde tres años para acá no he tenido que ‘mototaxiar’. Todos los días me mandan a hacer cosas, porque ven que lo que hago es un poquito diferente a lo de los demás artistas. Mucha gente elogia mi trabajo. Yo soy capaz de pintar cualquier cosa. Tengo pasión por el arte, me gusta, pero no te voy a negar que mi motivación es el dinero porque he pasado mucho trabajo”, asegura Luis.

***De La Haye ahora va dándole colores a la vida, aquella que alguna vez se oscureció para él, y que lo puso en aquella jaula donde empezó la génesis de un gran artista.  

Source: Luis De La Haye: El gran pintor que nació del encierro by vanguardiacom

Luis De La Haye, pintor. Fotos: Luis Eduardo Aparicio.
Luis De La Haye, pintor. Fotos: Luis Eduardo Aparicio.
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