El mundo se detiene, pero el cáncer no

19 de abril de 2020 07:30 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Karen García quisiera correr todo el día, pero el aliento se le escapa en los primeros pasos: esa terrible sensación de ahogo, de invertir todas sus fuerzas en el simple y vital hecho de respirar, le arrebata de tajo las ganas de jugar. De brincar. De ser. Es que el cáncer que comenzó en su cercenado riñón derecho le “caminó” —le corrió— hasta los pulmones, se ensañó con ellos y le impide jugar tanto como su carácter de niña lo requiere: Karen tiene 11 años.

-¡Aló!

-Aló, buenas tardes, ¿hablo con la señora Martha Ramírez?

-Nou.

-¿Hablo con Karen?

-Sip.

-¡Hola, Karen!, ¿cómo estás?

-Bieeeeen

-Yo soy Laura, una periodista que conociste hace raaaaaato en Fundevida. ¿Te acuerdas que te entrevisté y te tomamos fotos?

(Karen calla y ríe).

-¿Tu mamita está por ahí?

-Sip... ¡Mamiiiiiii, te llaman!

Puedo escuchar cómo sus zapatos chocan con el suelo mientras corre, se detiene y luego oigo la voz serena de Martha, la mamá.

***

“Todo comenzó porque un día estaba donde la abuela y se cayó, entonces comenzó a orinar sangre. La llevé al hospital de Magangué -municipio en el que viven- y me dijeron que no era nada, pero ella me decía que le dolía, así que después le descubrieron un tumor en el riñón izquierdo”, dice Martha. “Esto ha sido duro”, añade. “Esto” es una enfermedad llamada tumor de Wilms, el segundo tipo más frecuente de cáncer abdominal en niños. “Esto” es que se la hayan diagnosticado cuando Karen apenas estaba a punto de cumplir cinco años. “Esto” es que le hayan sacado el riñón izquierdo, pero que el bendito cáncer le hiciera metástasis en los pulmones. “Esto” es que hayan tenido que someter a cirugía a un cuerpo tan pequeño para quitarle “seis pedazos del pulmón izquierdo y uno grande del derecho”. Y lo más duro es que “esto” no acaba.

En febrero de 2020, los doctores descubrieron que el cáncer sigue aferrado a Karen y dijeron que su única alternativa es un trasplante de médula, pero a Ambuq, la Eps, “parece que no importara que ella se está desmejorándose todos los días. Es desesperante verla con su dolor y no poder hacer nada”, dice Martha y me explica que a veces tiene que poner una sábana en el piso para que Karen se acueste, “porque ella dice que así le duele menos. Yo la veo decaída, el otro día me dijo que cuando dejaran salir a todo el mundo la llevara a Magangué, para la casa”. Pero no, la nena no irá a Magangué sino a Cali, por su propio bien: allá es donde tienen la experiencia y los equipos necesarios para operarla y después le harán una serie de radioterapias, para ver si por fin destierran el cáncer de su vida. Falta que la Eps actúe y la salud de Karen no puede esperar tanto. “Ya ordenaron la cirugía hace dos meses, llevamos dos meses aquí, en Fundevida, esperando, y nada. Hace unos días hablé con la doctora Jasmín (de Ambuq) y me dijo que ya el gerente había firmado, pero a mí no me han llamado a decirme cuándo nos vamos ni nada. Me dicen que ahora están enfocados en el COVID, pero yo les digo que Karen fue antes que el virus ese”, Martha respira profundo y repite: “Esto ha sido duro”.

Con o sin coronavirus, Martha está dispuesta a luchar por su hija siempre y como el cáncer no tiene toque de queda, ni sabe de cuarentenas o pandemias, le toca seguirla llevando a las sesiones de quimioterapias en el Hospital Infantil Napoleón Franco Pareja-Casa del Niño.

El camino desde Fundevida, en Zaragocilla, hasta la Casa del Niño, en Amberes, es relativamente corto en días normales, pero no con el coronavirus de por medio y no para la mamá de una niña con cáncer. “Uno no quisiera ni salir, pero toca. Lo que yo hago es que le pongo su tapabocas y los guantes, pero ella me dice que los guantes le molestan, se los quito y ando siempre con una botella de gel y se lo paso echando en las manos”, cuenta la mamá.

Tienen tanto en común

Es de Magangué. Tiene seis años. Un día se cayó y comenzó a dolerle mucho, mucho, y su papá tuvo que llevarlo al hospital. Allá descubrieron que padece “un tumor que se llama neuroblastoma y que está encima de uno de sus riñones”, me dice el papá ahora, también por teléfono. Él se llama Jaseth Acuña y su papá Pedro.

El dolor que el pequeño Jaseth sintió desde el 28 de enero de 2020, después de aquella caída, no podía ser nada bueno, así que lo remitieron a Cartagena. Los Acuña llegaron a nuestra ciudad a la una de la madrugada del 30 de enero. Las quimioterapias, que le tocan cada ocho días, ya se llevaron el cabello de Jaseth, pero no su alegría. “Él sabe que tiene una masita, pero está bien emocionalmente. Por el cabello no, porque él ya veía a los otros niños con cáncer cuando llegamos y él sabía”, narra Pedro.

-Precisamente hoy lo llevé a una quimio me dice Pedro—.

-¿Y cómo hizo?

-¿Con el coronavirus, dice usted?

-Sí.

-Bueno, lo cubrí bien. Le puse su tapabocas, le advertí que no fuera a tocar nada y lo cargué para que no tocara nada. Nos lavamos las manos bastante con agua y jabón.

Antes de colgar, Pedro me dice que la semana que viene es la siguiente quimioterapia y que lo más seguro es que lo dejen hospitalizado para programar su cirugía. Respecto a la pandemia, Pedro piensa que “todo el mundo tiene que estar pendiente de cuidarse” y que la vida jamás volverá a ser como la conocimos después del coronavirus. Todo eso, sin embargo, le preocupa menos que el cáncer. Al fin y al cabo, una parte del mundo podrá detenerse por el coronavirus, pero el cáncer, lastimosamente, no.

En Fundevida
Tanto Karen como Jaseth permanecen en Fundevida, una fundación que alberga a niños con cáncer y a sus papás que vienen de otras poblaciones de la Costa y que muchas veces no tienen familiares ni recursos económicos para costear todo lo que implica un tratamiento oncológico.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS