Guillermo Guerrero Figueroa: El humanista que ha tallado su mármol

15 de septiembre de 2013 09:26 AM

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La poesía es lo que más extraña de los gabinetes de abogados. A diferencia de su casa que es una gigantesca biblioteca donde conviven códigos civiles, penales y laborales, clásicos literarios y filosóficos, esculturas y retratos pictóricos y más de veinticinco de sus libros  escritos. Y un tesoro que hasta hace poco mantenía en secreto: un cuaderno de apuntes filosóficos que le dejó su padre.

Es el conocido jurista y abogado laboralista Guillermo Guerrero Figueroa, nacido hace 79 años en Arjona, pero criado desde niño en Cartagena de Indias.  Un hombre que desde joven ha conservado su pasión y devoción por la filosofía y la poesía.  Poco antes de recibir el homenaje iberoamericano de los tratadistas de América, durante el Seminario Internacional de Derecho Internacional en el Paraninfo de la Universidad de Cartagena, conversamos a lo largo de una mañana sobre su brillante trayectoria de pensador del Derecho por más de medio siglo.

Confesó su preocupación por la deshumanización del mundo contemporáneo, el mal uso de las tecnologías, la desaparición de las bibliotecas en los gabinetes de los abogados y el criterio mercantilista de los nuevos profesionales.

“No son humanistas ni están interesados en el humanismo, me dijo. “Están metalizados y deshumanizados y atrapados en la tecnología”, sentencia Guerrero Figueroa, el autor de “Manual del Derecho del Trabajo” y “Teoría General del Derecho Laboral”, libros de obligada lectura para todos los profesionales del Derecho.

Qué diferencia el sentido humanístico y el criterio profesional de quienes fueron sus maestros al graduarse en 1959 con su tesis laureada en la Universidad de Cartagena se tituló “Reivindicaión del hombre y la tierra en Colombia”. Evoca a sus maestros y profesores Diego Montaña Cuéllar, Gerardo Molina, Carlos Lleras Restrepo, Darío Echandía. Y al historiador Gabriel Porras Troconis que fue rector del Colegio San Pedro Claver, cuando él estudiaba bachillerato.

Haber escrito el artículo 53 de la Constitución de 1991 y haber sentado las bases de los derechos fundamentales del trabajo y del trabajador, y la seguridad social, es uno de sus grandes orgullos.

“Todo el país sabe que ese artículo lo escribí yo, y ese artículo es la base que contiene la democracia en Colombia”, me precisa.
“La Constitución de 1991 fue una verdadera revolución pacífica. Como constituyente trabajaba hasta 18 horas diarias. Y eso fue una pelea que duró 5 meses. A mí me fue muy bien. Me decían: El maestro Guerrero. Trabajamos junto a Argelino Garzón, Horacio Serpa, el hermano de Luis Carlos Galán. Cuando le pregunto por todos los honores y premios que ha recibido a lo largo de su vida, me dice que “el homenaje iberoamericano que me hacen los tratadistas de toda América es el más grande que he recibido en toda mi existencia. Es insuperable este reconocimiento”, y me enseña el libro que se edita con motivo de esta exaltación: Homenaje Iberoamericano, en la que se habla de su vida y obra, en cuya portada hay un retrato del pintor José Quintero.

“Mi rostro aparece en medio de los colores del atardecer cartagenero y el artista interpretó el resplandor de las ideas a través del paso del tiempo”.
¿A qué le tiene miedo?-le pregunto. Su mirada penetrante y meditabunda resplandece cuando dice: “ No le tengo miedo a nada.  Fui trashumante y aventurero de joven por la plaza Garibaldi en México y Argentina. Hice lo que tenía que hacer. No aspiré a hacer. Hice. Cumplí. Puedo decir: He vivido”. 

Para él cada ser humano viene a este mundo con un bloque de mármol encima y con todas las herramientas para pulirlo. Hay quienes dejan intacto ese bloque al morir. Otros, lo esculpen día a  día y lo convierten en obra de arte. Uno de sus recuerdos maravillosos fue cuando  su eminente maestro Guillermo Cabanellas se le acercó y le dijo: “Tocayo usted es el elegido para pronunciar un discurso en representación de todos los abogados de América Latina.”. Toda la obra de Cabanellas tiene un lugar sagrado en su biblioteca. Conserva una carta suya de 1971 en la que le solicita su libro De  La Huelga (1971) y le comparte su visión de Cartagena de Indias: “Me quedaron saudades de su Cartagena de Indias, que no es reemplazada en mi recuerdo por ninguna otra ciudad...”. Guarda como una joya de su nostalgia la foto del 12 de abril de 1983 en Buenos Aires compartiendo vinos con muchos tratadistas entre ellos su profesor Guillermo Cabanellas que aparece sonriendo, en esa mesa celebratoria, Al día siguiente murió.

Me cuenta que entre las frases que su padre escribió y figura en el libro “Un canto a la vida y al trabajo”, había una que solía decirles a todos sus hijos: “Quien no estudie, debe tener anchos los hombros para cargar bultos”, le decía su padre  Rafael Guerrero,  quien se graduó en 1920 en Medicina en la Universidad de Cartagena y luego continuó estudios de especialización en París.

“Mi padre era un liberal gaitanista y seguidor del pensamiento de Rafael Uribe Uribe”.

Mira ahora el lienzo inmenso de sus libros alineados y las condecoraciones. Y me dice sonriente que ya no hay espacio para tantas condecoraciones y reconomientos. Tiene un fino humor y una elegancia para expresar sus ideas.“La poesía siempre me acompa{a y yo cierro siempre todas mis intervenciones con algo poético. Lo primero que yo hice en mi vida fue escribir poemas”.Y me recita de memoria una sentencia del poeta Gonzalo Arango:

“No aspiro otro cielo ni a otros mundos. Me bastan con las maravillas que me asignó Dios en la vida. Un lecho para soñar, un cuerpo para amar, un corazón para querer y dos brazos para bendecir y hacer de la nada el infinito. Porque la tierra, después de todo, no es sino un pequeño terrón que uno modela a imagen y semejanza de sus sueños, día a día, con humildad y adoración”. 

“Lo más importante de la vida, es la vida”,  me dice mirando su propio retrato, mientras se echa atrás un mechón de su cabellera blanca y brillante que el viento le  desordena.

Afuera  empieza a llover y en su patio se reflejan las nubes grises del cielo de septiembre. Me promete que seguiremos conversando sobre derecho y poesía.
 

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