Javier Gámez escribe porque en los pueblos pasan cosas extrañas

26 de julio de 2020 12:00 AM
Javier Gámez escribe porque en los pueblos pasan cosas extrañas
Los cuentos de Javier se desarrollan en Ciudad Distante y Pueblo Distante, que para él, son todos los pueblos del Magdalena, “digamos es mi visión de los pueblos de la región Caribe”, explica. //Foto: Cortesía: Humberto Gámez.

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Cuando Javier Gámez tenía unos 7 años, vio un monstruo... o un duende.

Acababa de llover y sus padres habían salido con sus hermanos. Él estaba en compañía de una joven que hacía el aseo en su casa, en una de esas viviendas grandes de dos pisos, que en los pueblos parecen mansiones.

“Ya se sabía que después de un aguacero se iba la luz”, recuerda.

Él estaba en el primer piso, con ganas de orinar y un repentino miedo a la oscuridad. “Le pedí a la muchacha que me acompañara al baño arriba, pero me dijo que fuera solo y me dio una linterna”.

Subiendo al segundo piso pudo ver una sombra, así la describe. “Era un duende”, que estaba recostado a un asiento, y parecía estar roncando, así como en las caricaturas que solía ver en la televisión.

“Le pregunté quién era y no me contestó; le pregunté si era mi padre, y con voz gruesa me dijo que no; le pregunté si era mi hermano, y me dijo que no. ‘Acércate si quieres saber quién soy’, me respondió”, cuenta.

La sombra se levantó del asiento y empezó a avanzar, pero los gritos de Javier detuvieron todo lo que pudo haber pasado a continuación. La luz vino, la muchacha le preguntó qué pasaba y le aclaró entre risas que de ninguna manera había un monstruo en el segundo piso.

“Ese día todos se rieron de mí”, recuerda a carcajadas.

Los cuentos de Javier se desarrollan en Ciudad Distante y Pueblo Distante, que para él son todos los pueblos del Magdalena, “digamos es mi visión de los pueblos de la región Caribe”, explica. En ellos se desarrollan los más diversos sucesos: hay cazadores de nubes, hombres que comparten el nombre Ernesto, asesinos que parecen las mejores personas. Bueno... a la ficción de sus historias la acompañan pizcas de realidad.

Con 29 años, entre sus logros literarios están ocupar el segundo puesto en la modalidad de Cuento en el Primer Festival Regional de Literatura y Narración Oral (Ascun, 2014-I), y hacer parte de publicaciones como Cuentos del campus 2018, de la Universidad del Magdalena; Antología de Cuentos 2016, Antología Literaria del grupo Tallium 2019 y ser galardonado en Erótica - IV Concurso Internacional de Correlatos 2016.

“Estudié Negocios Internacionales en la Universidad del Magdalena. Ya venía escribiendo desde hace rato para mí mismo, conocí un concurso en la Universidad del Magdalena y, pues, con Cuentos de historias de amor entré a participar y quedé en segundo lugar. De ahí pasé al taller de escritura Tallium y con ellos participé en diferentes convocatorias; quedé en segundo lugar en el concurso de Ascun. Desde ahí empecé a escribir”, narra.

Aunque sus estudios no tienen que ver con literatura, pues debido a su carrera de Negocios estudió en Polonia seis meses, y después se fue dos años a Grecia, donde hizo su maestría en Negocios y Mercadeo Electrónico, consiguió conectarse con las letras casi que de manera mágica.

“En Grecia, por ejemplo, me conecté con el mundo de otra forma y conocí al escritor Henry Miller, autor de El Coloso de Marusi. Eso jugó un papel fundamental en mi vida”, refiere, y nos cuenta un poco más:

¿Qué escribes, qué ofreces a los lectores?

- Es una mezcla de lo que llamamos realidad con la ficción... con aquello que no somos capaces de realizar y que solo es posible a través de las películas, del arte, de la literatura, de la pintura. Eso es lo que trato de hacer en mis cuentos, ofrecer una visión diferente del Caribe... mostrar la realidad a través de ficción.

¿Qué es lo que te inspira?

- Antes le tenía miedo a la página en blanco, porque me bloqueaba. Y no era un bloqueo de un día o de una semana, sino de meses. Lo que hago ahora es sentarme a escribir cualquier cosa, lo que se me venga a la mente. Y pues, como decía Picasso, cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando. Es en ese momento en que llega la musa: selecciono noticias, frases de personas, cosas que me llamen la atención, algo que vea en alguien y me parezca interesante. A veces parecen mentira esas historias que uno escucha y las plasma en un papel, esas cosas que le pasan a las personas a veces parecen irreales y, como escritores, solo hacemos de traductores.

¿Cómo te describes y cuál ha sido la obra que más te ha gustado escribir?

- Hay una historia que se llama El acto mesmérico de Poe, publicado en Cuentos del Campus inspirado en Édgar Allan Poe, ese me gusta mucho. Realmente creo que cuando uno se convierte en lector asiduo es inevitable escribir.

Soy cinéfilo, escritor, amante de películas como Media noche en París, y realmente soy una persona callada, que por lo general solo escucha. También soy un fotógrafo aficionado.

¿Qué historia de la vida real te ha impactado?

-Una vez en un aeropuerto me encontré con una persona que, bueno, no parecía habitante de calle. Él me contó que tenía el dinero suficiente para vivir bien, gracias a los trabajos que hacía en Reino Unido, pero que quería tener una perspectiva de vida diferente. Él dormía en el aeropuerto y decía que era mucho mejor que los hogares para homeless.

Fue hace cuatro años que me encontré con él y a veces me escribe. Ha recorrido muchísimos países haciendo lo mismo, durmiendo en los aeropuertos y trabajando a diario en las ciudades que escoge.

**

Fan de Charles Bukowski, Ryu Murakami, y Henry Miller, Javier Gámez devora sobre todo novela negra, y se declara seguidor de los escritores colombianos Rubén Fonseca, John Jairo Junieles, Javier Samudio y Carlos Polo.

Sobre su encuentro con Miller, relata: “Cuando leía a Miller sentía que estaba leyendo un libro sobre mi propia experiencia en Grecia y hay una cita maravillosa: ‘Me di cuenta en ese momento que no hay Grecia nueva o antigua, que solamente existe Grecia, un mundo concebido y creado para la eternidad. El hombre que hablaba había dejado de tener talla y proporciones humanas, convirtiéndose en un coloso cuya silueta se perdía’.

“Mi propósito es escribir para mi deleite y si a alguien en alguna parte del mundo lo llega a leer y le gusta, ya cumplí mi cometido y he hecho mi labor”, finaliza el joven escritor.

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