Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973), es un virtuoso escritor de ficciones, a la hora de juntar milagros. No hay una sola novela suya que no contenga una visión inquietante y novedosa de lo que a veces asumimos falsamente como la realidad colombiana. Él descifra una imagen y un dato y lo convierte en una narración fascinante. Su novela El ruido de las cosas al caer, Premio Alfaguara 2011, reconstruye intersticios de la historia pavorosa de los años de Pablo Escobar, y su nueva novela La forma de las ruinas, parte de una nueva construcción del crimen de Gaitán. Su obra literaria ha sido publicada en 26 lenguas y en más de 40 países. Es uno de los mejores escritores de nuestro tiempo. Sostuvimos una larga e intensa conversación sobre los secretos del acto de crear y leer.
¿Ha cambiado su vida con el arte de escribir?
- Creo que el contacto sostenido de lector con los grandes libros que nos hablan durante siglos, termina entrenándonos en el arte de la imagen moral del otro. Eso cambia la vida. Leer entrena tu atención y te lleva a entender el misterio que son los otros. Tu lugar en el mundo se ensancha. He vuelto a releer a Fedor Dostoievski, a quien leí a mis 18 años. Él es uno de esos autores que al leerlo lo cambia a uno notoriamente. Sus novelas han sido traducidas al inglés por una pareja de traductores, y al leer otra vez Crimen y castigo, veinte años después, he encontrado cosas nuevas. Fue un choque leerlo la primera vez porque como lector uno termina simpatizando con el asesino, el protagonista Raskólnikov. Esa lectura me produjo un sacudida impresionante, me dio miedo. Una buena novela te interpela. Lo mismo me ocurrió con Cien años de soledad, al leerlo a mis 16 ó 17 años. Esa relación con la novela fue de seducción con un libro que domina tu imaginación, hasta el punto, que sentía que se borraba todo lo que estaba fuera del libro. Nunca me había pasado con ningún libro. Fue el primer clásico contemporáneo que leí. Cuando leía a García Márquez me dejaba llevar por la novela, lo único que quería era dejar de vivir para meterme en este libro. Había leído ya El coronel no tiene quien le escriba y La Hojarasca, pero Cien años de soledad me sedujo por sus frases sinuosas que fluyen en un universo redondo que secuestra la atención. Nunca lo había experimentado con tanta intensidad como con esa novela.
¿Cómo fue la experiencia de investigar su novela El ruido de las cosas al caer?
-Hay un proceso inconsciente en la creación de la arquitectura de una novela. Es irracional. En ese proceso entran las obsesiones que tienen que ver más con el inconsciente que con la razón. Pero en 1998 descubrí un documento: la transcripción de la caja negra de un avión que se estrelló en 1995. El archivo escrito en Bélgica no era técnico, pero fue una pieza clave de ese proceso creador y en mi instinto de novelista. Diez años después encontré otros documentos. Entre encuentros y documentos se fue tejiendo una inquietud, una pregunta formulada de manera narrativa. En 2008 sentí que debía sentarme a escribirla. Duré dos años y medio, entre junio de 2008 hasta diciembre de 2010.
¿Cómo trabaja estructura, cadencia y ritmo narrativo?
- Es difícil y se va descubriendo en el proceso. Cuando llevaba 150 páginas de la novela, la había escrito en tercera persona, y era la historia del piloto que lleva droga a los Estados Unidos en 1970. Pero no funcionó. Me sentía emocionalmente lejos del libro y estuve a punto de abandonarlo. Pero una foto vista en la revista Semana fue decisiva: era la foto de un hipopótamo que se había escapado de la hacienda Nápoles, y ahora estaba muerto y rodeado por sus captores. La imagen de ese hipopótamo gris y sin ninguna mancha de sangre, me remitió a Pablo Escobar muerto en el tejado de su casa y rodeado por sus captores. Mi experiencia de vivir en una Bogotá entre bombas en los años de Escobar, era parte de mi memoria personal y de una generación que padeció la violencia y la destrucción. Había que contar lo que la gente común y corriente había vivido. El ruido de las cosas al caer es una metáfora de un país que cae. Las novelas en mi caso no parten de ideas abstractas, sino de imágenes, encuentros, relatos. Los novelistas no pensamos en abstracto sino en imágenes.
¿Cuál es el origen de su novela La forma de las ruinas, que plantea una nueva visión del crimen de Gaitán?
-Todo surge de una especulación. En las memorias de García Márquez, él cuenta que en la escena del crimen, apareció “un hombre de traje gris de tres piezas y modales de duque británico” que azuzó a la multitud frente a la droguería en donde tenían encerrado a Juan Roa Sierra, y el propietario abrió la persiana de hierro que permitió que los emboladores entraran a la fuerza y a golpes de cajón mataran al asesino. El hombre elegante gritó: ¡A Palacio!, y García Márquez aseveró que aquel hombre había logrado que mataran a un falso asesino para proteger la identidad del verdadero. Mi tío conservador José María Villarreal era Gobernador de Boyacá, y había enviado desde Tunja agentes de policía para enfrentar a los alzados. Lo había escogido el presidente Ospina Pérez, quien había conformado un cuerpo de policía cuyos miembros eran todos de filiación conservadora. Poco antes del 9 de abril esa policía ya se había salido de madre, y pronto se convirtió en un organismo represor de consecuencias nefastas. Cuando llevaba más de doscientas páginas, apareció un personaje clave como Carlos Carballo , lo que me obligó a integrarlo al principio. La tesis de este personaje es que los crímenes de Gaitán, Uribe Uribe y Kennedy, se explican desde la conspiración. El novelista Nabokov decía que sus personajes le obedecían siempre, pero en mi caso, hacen lo que quieren. Cuando yo escribo una novela no sé para dónde voy. Es un acto de exploración y descubrimiento. Si una novela sorprende al autor, debe sorprender a los lectores. Esa es mi garantía.
¿Qué otro arte hubiera querido explorar y desarrollar?
- Hubiera querido ser caricaturista político como Ricardo Rendón, o defensa central del Barcelona. Practiqué el fútbol hasta que sufrí un desprendimiento de retina.
¿A qué horas prefiere escribir?
- Soy un escritor matutino. Escribo de 7 y media a 2 y media, que es el tiempo en que no están mis hijas.
¿Cuál es el rincón donde es absolutamente feliz?
- Allí donde escribo cada día y el espacio donde estoy con mi esposa y mis hijas. No se cruzan esos lugares.
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