Karen, ¿a dónde no te he buscado?

24 de diciembre de 2017 12:30 AM

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Karen, te encontré. Por fin, después de tanto buscarte, te encontré sentada frente al terminal de Sincelejo. Te tenía una señora, y tú llevabas tu blusita azul, tu pantaloncito y una binchita. Me viste, corriste, me abrazaste, yo te cargué, hija mía, cruzamos la carretera, llegaron los periodistas, venía mucha gente. Y ahí, en ese momento, desperté, todo era un sueño, pero quedé contento y le di gracias a Dios por darme esa señal de que estás viva. Tengo la fe, estás viva.  Ese fue el día que cumpliste ocho años, el 15 de  marzo, hicimos una misa y soñé que te encontraba, hija mía.

Tres meses después volví a encontrarte en mis sueños. Esta vez, estabas en un parquecito, en un columpio, yo te mecía, me sentí feliz de verte, de tenerte conmigo, entre mis brazos, pero al despertar sentí un desespero grande. No estabas. Como te digo mi niña, son señales de Dios, Él es quien conoce nuestro corazón y sabe que uno puede ser lo que sea, pero lucha porque sus niños estén bien. Esos dos sueños han sido los momentos más felices en estos tres años de ausencia tuya. 

Hija mía, te cuento que ahora ando por Corozal, aquí cerca de la casa de tu abuela Alba, en San Pedro. Después voy donde tu tía Digna, en Turbaco, allá siempre están pendientes y preguntan por ti. Vivo vendiendo tintos de pueblo en pueblo, en Córdoba, Sucre, Bolívar, La Guajira, Cesar, Magdalena, Atlántico y Antioquia. Todos esos departamentos. Llevo tu foto pegada en la caja de los termos, esperando que alguien te reconozca, llevo volantes explicando a la gente que no sé nada de ti desde aquel 23 de diciembre de 2014, en que desapareciste de las calles de Mompox. Me desperté con la mala noticia de que no estabas y tres días después, vendí mi cama, la estufa y todo lo que tenía, me fui para los lados de Magdalena, me dijeron que podías estar por allá.

He viajado por Planeta Rica, Tolú, Sahagún, Coveñas, Sampués, Corozal, Magangué, Cereté, San Marcos, San Pedro, Ayapel, Caucasia, Tarazá y muchos otros pueblos que ni te imaginas. Sigo tu pista, voy a todo aquel lugar donde me han dicho te han visto.

El 30 de noviembre me fui Bogotá. Vendí dos de los termos de tinto y con 30 mil pesos viajé, primero llegué a Medellín, puse unos volantes y dormí dos días en el terminal de Transportes, luego me fui hasta Bogotá. Por allá llegué donde una señora que me ayudó, fui a Las Américas a RCN, a Blu Radio y a Q’hubo, publicaron la noticia. Paso luchando, queriendo encontrar una respuesta.

Un día, hace tiempo ya, me llamaron del Gaula para decirme que te tenían ubicada, que estaban esperando una llamada de la Interpol para el allanamiento en Panamá, me ilusioné bastante... pero nada.

A mí me dicen que no me preocupe, que ya están cerca de encontrarte, pero, al final, siempre da lo mismo, nadie nos da una respuesta contundente, ni concreta. Me dicen que te están buscando en Venezuela, en Panamá, en Ecuador, que saben que te compró un ganadero de la depresión momposina por 12 millones de pesos. Nosotros queremos saber cuál es ese ganadero, por qué te llevó, quién dio esa información, porque no nos han dado ninguna respuesta. La verdad es que para mí todo es falso, a veces nos alegran un momento, pero al final... nada.

Recuerdo mucho cuando te visitaba, en Mompox, siempre eras las más apegada a mi, una niña feliz. Tus hermanos menores ahora están en Barranquilla, en casa de una tía, ella los cuida, mientras yo te busco. Yo los amo a todos aunque no los tengo al lado.

¿Sabes? Ya prefiero no regresar a Mompox, allá todo el mundo me pregunta por ti, me preguntan qué pasó, que si te vas a perder, me preguntan por el cuento del ganadero. Me da sentimiento, porque hasta los niños me preguntan si vas a volver al colegio el otro año, allá me estreso mucho por eso me vengo para acá, para Sincelejo. No soporto pasar por el punto donde tú pasabas jugando con tus amiguitos, es que ni por el colegio paso porque me da guayabo. Pero bueno.

Allá, en el almacén Cuatro Esquinas, tienes pagas tus dos mudas de ropa de Navidad, sé que un día como hoy estarías pidiendo que te compre unos jeans, unos tenis. El dueño de la tienda siempre me dice para devolverme el dinero, pero yo sé que algún día tienes que regresar tú misma por tu ropita. Ahora mismo, me es difícil comunicarme, desde que mi celular se me fue en el río, y con él muchos contactos de tu búsqueda se perdieron. No he podido comprar otro, pero siempre hago lo posible por estar en contacto con mi mamá, por si se sabe algo de ti. A ella siempre la llaman para dar las informaciones.

Hoy solo quiero que no se te olvide tu pueblo. El nombre de tu papá, de tu mamá. Sinceramente, sé que eres una niña muy inteligente y lo único que te puedo decir es que no nos olvides, no olvides el nombre de tu padre Edilberto y tu madre Sandra Marcela, de tus hermanitos. Tengo la fe en Dios y la esperanza de que, así como he soñado dos veces contigo, te voy a encontrar Karen Dayana, porque nos haces falta, mi niña.

Que Dios te bendiga y te cuide con su sangre. No aguanto que te me pierdas. Ojalá que quienes te tengan, si están viendo esto, se les ablande el corazón, porque no aguanto. El día no es tanto, si no la noche cuando llega y yo estoy pensando en ti.

Sigo andando de pueblo en pueblo. No me canso de buscarte, ni de caminarte. No me da pena, a veces he tenido que pedir comida y plata para seguir, pero lo importante eres tú, hija. Tengo fe y algún día te encontraré en el camino. Algún día de estos.

[bitsontherun PacTUUPq]

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