Las batallas del Puente Heredia

23 de junio de 2019 12:00 AM

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

Una página importante de la historia de Cartagena está enterrada ahí. Sobre él se libraron batallas de cañones y balas. Luchas de opiniones polémicas, pero también guerras contra el olvido. Si las arenas del Puente Heredia se removieran y si se levantara el concreto, encontraríamos dos estructuras: la más antigua es el Puente Fortificado de la Media Luna. “El Baluarte de la Media Luna o de San Antonio era uno de los más importantes de la ciudad, estaba bien artillado y era una defensa. Cuando venías de la provincia a Cartagena tenías que pasar por esa puerta, que se cerraba a las 5 o 6 de la tarde. Si llegabas después de esa hora tenías que dormir en El Espinal, donde fueron surgiendo unas posadas para la gente que llegaba tarde”. Eso explica el arquitecto restaurador Fidias Álvarez Marín, experto en el tema.

El Puente Militar Fortificado conectaba al baluarte San Antonio (Media Luna) con El Espinal, atravesando la ciénaga de San Lázaro. Más que un puente común y corriente tenía plataforma artillada, un revellín, en el centro, dotada con cañones para repeler ataques a la ciudad como el perpetrado por el Barón de Pointis. A través de ese puente, también ingresaban los alimentos para gran parte de la ciudad amurallada.

“Desde ahí dispararon al Barón de Pointis, que estaba refugiado cerca al Pie del Cerro, donde sentó su cuartel mientras combatía a la ciudad en 1696 y una bala del revellín casi lo mata, lo hirió en la oreja”, narra Álvarez. El puente, casi a ras de agua, tenía una estructura de tenazas al final, “un alarde de la ingeniería militar colonial”. Tenía tres pasos de agua y un puente levadizo llamado Rafael Núñez, que luego fue llevado al caño de la Ahuyama, en Barranquilla. Y su diseño, elogiado por el español Juan Manuel Zapatero, uno de los sabios de las fortificaciones, se considera único, no se construyó otro igual.

El Paseo de Heredia

Si remueven las arenas del viejo puente que hoy vemos y transitamos, encontramos una segunda estructura, más contemporánea. Tras la Independencia, el revellín fue destruido y el puente fue rellenado para otra construcción. “Los ciudadanos republicanos construyeron el Paseo de Heredia, muy bonito e interesante, tenían la intención de poner ahí una estatua de Pedro de Heredia hecha en Europa”, comenta Fidias. Nunca se instaló esa estatua, pero sí se dejó su nombre al sitio. El Paseo de Heredia tenía columnas, a lado y lado, algunas de ellas, “están hoy enterradas en el terraplén”, asegura Álvarez. Luego, “el puente recibió otro relleno, como de dos metros y con la llegada del automóvil más o menos en 1920, ya se le adaptó al tráfico vehicular (...) Todo lo que pasó desde la Colonia y la República está ahí, intacto, así que tú puedes excavar y rescatar las estructuras sin ningún problema”, agrega.

La polémica caída

Álvarez y otros arquitectos de la ciudad excavaron en el año 1992 la zona para comprobar a la Empresa de Desarrollo Urbano de Bolívar, Edurbe, la existencia de las ruinas del puente fortificado y del Paseo de Heredia. “Sabíamos de unas ruinas coloniales, un puente fortificado, que era la puerta continental principal de la ciudad, que unía a la Media Luna con la costa frente al Castillo San Felipe”, y todo eso pudieron comprobarlo. Así evitaron que se construyera, encima de donde estuvo el revellín, un nuevo puente vehicular mucho más alto cuyo propósito era hacer más navegable a la ciénaga. “Nosotros éramos unos abanderados porque el puente lo iban a pasar por ahí encima, dimos la batalla y terminaron metiendo el puente por un costado”, dice. Con estas “batallas” evitaron afectar las ruinas enterradas.

En un primer diseño, el nuevo Puente Heredia conectaba la Avenida Luis Carlos López con la marginal San Lázaro (carrera 19), atravesando de forma diagonal al viejo puente pero evitando que este fuese tocado. El segundo y definitivo diseño, que está ahora, conecta con la calle 30, junto a la Policía Comunitaria. “El diseño que se hizo era de una sola viga, continua, pero -al momento de edificarlo- construyeron el puente en siete tramos, el de la mitad lo hicieron mal y se cayó”, sostiene Fidias. El nuevo puente colapsó el 20 de junio 1995, en un hecho que centró los ojos del país en Cartagena, todos se preguntaban cómo una obra tan importante para la ciudad pudo sufrir un colapso tan grande.

Así que quedaron dos puentes, el nuevo, sobre el que nadie confiaba en pasar, pese a su reconstrucción, y el viejo pero bien cimentado y confiable Puente Heredia.

Hoy, el nuevo Puente Heredia tiene andenes llenos de huecos peligrosos, en los que las personas pueden caer, como le sucedió Nemecio Daza Julio, un hombre con problemas visuales de Getsemaní. “Me golpeé todas las costillas y los brazos al irme en uno de esos huecos”, relata. Hoy, el viejo puente es intervenido, venciendo una vieja batalla de varios años de olvidos y de penumbras. Está casi listo un paseo peatonal que le da un nuevo rostro a este paso obligado para muchos turistas.

Es una intervención superficial que no toca a profundidad al puente. Sin embargo, Fidias asegura que es una intervención que “no está cerca de la realidad histórica” del lugar, algo con lo que coinciden otros arquitectos. “Las ciudades históricas derivan su importancia del hecho de resaltar sus elementos históricos, eso es una gran verdad”, sostiene Fidias. A su juicio, la intervención es inocua porque no le quita ni le pone a las ruinas históricas del revellín.

Una década, otra batalla

¿Qué pasaría si desenterramos al puente fortificado y le devolviéramos a la ciudad una pedazo importante de su historia? Es una pregunta para la que el arquitecto Álvarez tiene respuestas hace diez años o más. Él lleva las banderas de otra “batalla”: junto a otros arquitectos elaboraron un proyecto de restauración que propone desnudar al revellín, revivir al puente fortificado. “Es inevitable que se tenga que restaurar, pero no tenemos gobernantes ilustrados ni personas que se casen con los proyectos”, señala.

“Si tú sabes lo que ahí pasó, tu respuesta moderna tiende a guardar una relación con eso (...) La realidad arqueológica de los testimonios que yacen bajo el actual Puente Heredia es que guarda una página interesante de nuestra historia de todos los tiempos (...) Considero que la intervención actual no ha llenado los requisitos metodológicos que debería, es una verdad y así lo he dicho, es posible hacer intervenciones intermedias en zonas arqueológicas, pero sabiendo a ciencia cierta de qué se trata”, argumenta.

El proyecto de restauración del puente fortificado está en fase de presupuestos y consiste en retirar todo el relleno del puente para crear un paseo peatonal, regresando a su época colonial. “Es devolver a la ciudad una estructura colonial, famosa y única en su género”, sostiene.

Una ventana al pasado
“Estamos hablando de la intervención sobre un relleno que guarda testimonio de dos intervenciones importantes de la ciudad, lo republicano y lo colonial, bien podrías utilizar un recurso como la ventana arqueológica (una especie de excavación con una ventana transparente que permite ver las ruinas), hacer un muestreo que estimule el interés por sacar a la luz toda la estructura colonial que no está arruinada”, dice Álvarez.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS