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Menstruar en la Cartagena pobre: Mujeres cortan retazos para usarlos de “toallas”

Diana* corta un pedazo de tela con una vieja tijera. Es un rectángulo de unos veinte por diez centímetros. Lo que un día fue un suéter, ahora roído sirve para fabricarse sus propias “toallas” para el periodo.

Diana* corta un pedazo de tela con una vieja tijera. Es un rectángulo de unos veinte por diez centímetros. Lo que un día fue un suéter, ahora roído sirve para fabricarse sus propias “toallas” para el periodo. Las ‘kote’ les llaman estas niñas de uno de los barrios más pobres de Cartagena: Olaya Herrera. No sé si decir que son estrato uno porque realmente es tanta la precariedad en la que viven que parecen estar en un “cero”.

Con ayuda de la comunidad de Olaya, El Universal logró encuestar a 57 mujeres de 13 a 50 años. Se conoció que aunque todas las mujeres de ese barrio deprimido de Cartagena usan toallas higiénicas durante su periodo al menos una vez, su alto costo hace que el 87,7 por ciento de ellas use trapos o recortes de tela con regularidad. Preocupa la situación, al tal punto que un siete por ciento de estas mujeres casi nunca puede costearse este producto de higiene menstrual.

“Es que mira”, me dice Mary. Ella tiene 16 años. “Una ‘kote’ en la tienda cuesta 700 pesos, o si son las más grandes, mil pesos. Y en el día usamos dos o tres. A veces no hay plata porque a mí me duraba hasta cuatro o cinco días la regla”. Si multiplicamos, son más de diez mil pesos lo que se gasta una mujer de estrato bajo durante este ciclo. Y si en la casa hay cuatro o cinco niñas, ese costo para ese tipo de hogares es insostenible. “Entonces por eso usamos trapitos, usamos los suéteres que ya no sirven y así. Ya estamos acostumbradas”, dice mientras sonríe. Yo la miro con estupor, porque su relato me recuerda al de mi abuela, en el pueblo. Ella me contaba que cuando las toallas no existían, usaban retazos de tela para aguantar las menstruaciones...Pero es que desde la invención de las toallas higiénicas (por las compañías “Hartmann” y “Johnson y Johnson” a finales del siglo XIX) se suponía que todas las mujeres del mundo tendrían acceso, a precios módicos, a estos productos en todo el mundo. Colombia no fue la excepción y sin embargo estas niñas nos transportan al pasado. Le puede interesar: “Se acaban las conversaciones”, responde Fajardo a Rodolfo Hernández

Andrea Paola Moreno, química de la Universidad del Atlántico, me cuenta que las toallas se diseñaron para absorber el fluido sanguíneo y así evitar derrames del líquido y manchas. “Para su fabricación usan polipropileno, poliéster (que son fibras sintéticas obtenidas del petróleo) y polietileno, que es más ecológico por ser un plástico vegetal. También se usa fibra de poliéster o de papel para absorber el líquido, aunque también contienen perfumes y tintas. Eso es lo que tienen algunas toallas comerciales. Se dice que son hipoalergénicas, pero a muchas mujeres les causa irritación en la zona íntima. Por su parte, los trapos o compresas son una opción que usan las mujeres desde la Edad Media. Ellas usaban telas de algodón o de lana, que mantienen ventiladas las zonas”. Pero hay que tener cuidado, porque si no se tiene mucha higiene en la manipulación de estas piezas, se producen infecciones o malos olores.

“No almacenar bien las toallas sucias haría que se forme un ambiente propicio para las bacterias y hongos. Pero cada opción se ajusta a los gustos, comodidad y economía de la mujer”.

En el Imperio Romano acostumbraban usar vendajes de tela, en África y Australia, compresas elaboradas a partir de hierbas y fibras vegetales; en América y Australia se usaban lienzos lavables.

Pero en pleno 2022, según el último estudio del Dane, el 13,5% de las mujeres que viven en Colombia ha tenido dificultades económicas para adquirir elementos para atender su periodo menstrual.

La situación en la Costa colombiana

Le pregunto a Patricia Hoyos, gerente de marketing de Kimberly Clark Colombia y Ecuador, si ellos han adelantado estudios en Colombia para conocer el tipo de productos (toalla desechable, protectores o trapos de tela) que usan las adolescentes y mujeres de estratos bajos de la Costa Caribe colombiana durante su menstruación y si me pueden compartir los resultados que les parezcan importantes.

- “No es alentador”, empieza Patricia, “pero la situación de la Costa Caribe no es exclusiva de la región. Se presenta a lo largo y ancho del país. Tenemos un buen entendimiento del comportamiento nacional, lo que nos ha llevado a tomar acciones particulares en la región Caribe. Desde hace varios años hemos trabajado junto a la Fundación Plan Internacional, con quienes hemos podido verificar que, en Colombia, el 91,87% de mujeres utiliza toallas higiénicas para gestionar su menstruación. Sin embargo, es importante reconocer que, en el país, 5 de cada 10 niñas de poblaciones vulnerables no tienen acceso a productos de higiene durante su periodo menstrual. Además, el 90% no tiene conocimiento básico antes de la menarquia (primera menstruación) y más del 30% de niñas en edades de desarrollo se sienten incómodas y avergonzadas de hablar sobre el tema. Estas cifras no dan un panorama alentador frente al acceso que tienen las niñas y adolescentes a los productos higiénicos que requieren para tener un ciclo menstrual digno”.

Y agregó: “Nuestra marca ha implementado programas para impactar de manera directa a estas comunidades vulnerables, no solo a través de donaciones de producto, sino con contenidos educativos que permiten romper los estigmas de la menstruación y que las niñas y adolescentes de comunidades como Sincerín, Gambote y La Boquilla, puedan vivir su ciclo de manera natural. A lo largo de la alianza con Fundación Plan, hemos alcanzamos a 13.946 personas (4.581 de manera directa y 9.365 de manera indirecta) y tenemos la expectativa de impactar un total de 152.069 personas en El Pozón, Membrillal, Puerto Rey y Tierrabaja de Cartagena, en los próximos 24 meses”.

¿Cuál es la mayor barrera para el uso de productos de higiene menstrual en Colombia?

- “En primer lugar, los mitos y tabúes que rodean la menstruación en Colombia llevan a situaciones de exclusión para las niñas y adolescentes, donde empiezan a tener una visión negativa del periodo y sienten que tienen que ocultar el hecho de que están menstruando para evitar el ridículo, la vergüenza y la discriminación. A esta situación se suma que las familias no tienen la información suficiente, porque no recibieron información sobre ello o porque ha sido una forma de control de la sexualidad de las niñas y adolescentes. En algunos casos, muchas niñas y adolescentes están enfrentando su menarquia y no cuentan con la educación y elementos necesarios”.

Íntima salud

El ginecólogo Ernesto Posada explica que la parte cultural es importante y tiene impacto en la manera en que muchas mujeres gestionan su periodo. “Y esta parte íntima de las mujeres debe manejarse con sumo cuidado, pero hay dos aristas. La primera en la práctica diaria, es que las mujeres no se deben rasurar y no deben usar ni protectores, ni toallas higiénicas. De otro lado, hay quienes creen que sí pueden rasurarse y utilizar estos productos de higiene menstrual sin problema. Yo soy de la línea de usar lo que sea, pero el cuidado de la parte genital es importante. Este grupo de mujeres desafortunadamente usa cualquier tipo de prenda para ponérsela en esta parte íntima genital y va a generar, probablemente, un cambio en el PH, infecciones, molestias e incomodidad. A algunas no les generará nada. Esta es una práctica de los países en vías de desarrollo, sin una mínima condición higiénica. Vaginosis bacteriana, olores fuertes y flujos que producen incomodidad es lo que regularmente se genera bajo estas circunstancias”.

Él recomienda que si se va a usar tela, debe ser algo muy limpio, pero invita a que se den garantías para las adolescentes y mujeres que no pueden acceder a productos de higiene menstrual.

*Nombre cambiado a

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