La batalla de un buque llamado ‘Mosquera’ ‘Mosquera’

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Su lucha en Colombia arrancó en 1932, cuando llegó desde Francia para defender la soberanía nacional en el Amazonas durante el conflicto colombo-peruano que se extendió hasta 1934 por problemas limítrofes.

Para esa época, el país no tenía marina de guerra sino un reducido ejército de 7 mil hombres en pie de fuerza agrupados en seis brigadas, precariamente dotadas de armamento; y una fuerza aérea con muy pocos aviones y sin mayor autonomía de vuelo, según cuenta el teniente coronel Alfonso Pinzón Forero en su libro ‘La colonización militar y el conflicto colombo-peruano’.

“De fuerza naval no había nada. Tres pequeños cañoneros dependientes del Ministerio de Hacienda, llamados Pichincha, Junín y Carabobo, mal armados, cada uno con un cañón articulado, destinados como guardacostas. Tan solo había tres oficiales de reserva procedentes de la escuela Naval fundada por el general Rafael Reyes en 1097 y clausurada en 1909. Todo nuestro potencial, en esa arma, lo constituían tres buques fluviales que patrullaban el río Magdalena, llamados Castillo Rada, Fernández Madrid y Mosquera, de poco calado, lentos, viejísimos y mal armados”, dice el libro. Pero también se contaba con tres cañoneros fluviales blindados, con motores potentes y bien armados, llamados Barranquilla, Cartagena y Santa Marta.

El entonces presidente, Enrique Olaya Herrera, no escatimó recursos y se preparó para recuperar Leticia, que había sido tomada por los peruanos. Se armó la Marina Colombiana, el general Alfredo Vásquez Cobo fue nombrado comandante de la expedición para rescatar los territorios del sur y se ordenó comprar nuevos buques. El libro ‘Análisis histórico del desarrollo marítimo colombiano’ (2004), del capitán de navío (r) Enrique Román Bazurto, señala que dentro de ellos se compró un buque que se llamaba Royal Highlander, el cual fue rebautizado ‘Mosquera’ en homenaje al general y expresidente Tomás Cipriano de Mosquera. Ese buque zarpó de Francia el 30 de noviembre de 1932 y llegó a Belém do Pará (Brasil) el 21 de diciembre de ese mismo año para pasar a Colombia y defender la soberanía nacional, ya que no se podía entrar por el río Amazonas.

Belém es la capital del estado de Pará y la puerta de la región brasileña del bajo Amazonas. Allí se integró una gran tropa colombiana conformada por dos columnas: “La primera compuesta por los buques de guerra Mosquera, Córdoba y Bogotá, procedentes de Francia al mando del general Alfredo Vásquez Cobo, y la segunda, llegada de Barranquilla e integrada por el buque transporte Boyacá con 700 hombres de infantería, reforzados con ametralladoras y artillería, escoltado por los cañoneros Barranquilla y Pichincha y posteriormente por el cañonero Sucre, procedente de Nueva York, al mando del general Efraín Rojas”, escribió Pinzón Forero.

“En el año 32 se compraron muchos buques, entre ellos los famosos ‘Antioquia’ y ‘Caldas’, que en ese entonces no era A.R.C (Armada de la República de Colombia) sino M.C (Marina Colombiana). Esos fueron dos de los destructores más poderosos de la época, construidos en Inglaterra para Portugal”, agregó el almirante Rafael Grau Araújo, ex comandante de la Armada Nacional.

Dos buques ‘Mosquera’

El primero, el buque de río que patrullaba por las aguas del Magdalena, era el MC ‘Presidente Mosquera’. Una publicación de la Armada Nacional, titulada ‘Fuerza de superficie: génesis y desarrollo’, indica que prestó sus servicios a la Nación hasta 1957. “Vapor cañonero, antes llamado ‘Colombia’, era un transporte fluvial con una rueda de propulsión en la popa. Mostraba su nombre en el casco, pero la palabra ‘Presidente’ estaba abreviada como ‘PDTE’, en la que la D se confundía fácilmente con una O, por lo cual en el ambiente naval, informalmente el buque se conocía como el ‘POTE Mosquera’”. El segundo, el MC ‘General Mosquera’, era un buque de transporte armado que sirvió para alojar a los miembros de la comisión de ‘La Liga de las Naciones’ que participó en los acuerdos para finalizar el conflicto en Leticia. Pero a diferencia de otras publicaciones, esta dice que fue traído de Inglaterra y no de Francia.

De ahí que, debido a la poca información que existe de ambos y al ser nombrados solo como ‘Mosquera’, sus historias lleguen a confundirse.

El final

“Cuando el Perú recapacita ante la reacción de Colombia, se firma el Tratado de Río Janeiro y Colombia accede nuevamente a Leticia, ese buque (el MC ‘General Mosquera’) regresa después de esas operaciones a Cartagena. El Buque empezó a envejecer en la Armada y se convirtió en una especie de estorbo porque no dejaba atracar a los otros buques, como el ‘Caldas’ y el ‘Antioquia’”, cuenta el almirante Grau.

Entonces decidieron remolcarlo hasta Bocagrande, que en esa época -cuenta Grau- era una duna, llena de ‘uvita’ de playa e icacos. “Lo recostaron en un bajo que queda frente a lo que hoy es el Club Naval y un día, como ocurre con frecuencia, un viento sur que produce unas olas gigantescas hizo el buque se diera vuelta de campana y se hundió, aunque no totalmente”.

Grau agrega que muchas de sus partes fueron usadas como repuestos. “Le desvencijaron todos los muebles. Me acuerdo que el comedor era muy hermoso, tenía unas sillas en bronce con unas mesas labradas. Todo eso fue llevado a la Escuela Naval cuando se trasladó para Bocagrande”.

El libro de Román Bazurto dice, incluso, que el MC ‘General Mosquera’ después de la disputa con el Perú y en regular estado, participó en algunas actividades en Cartagena con la Armada, “pero llegó un momento en que se consideró conveniente venderlo por su mal estado. Desafortunadamente hubo problemas legales con su venta y el buque prácticamente se quedó en la Base y poco a poco empezó deteriorase”. Relata que llegó un momento en que existía el peligro de que se hundiera en el muelle y trataron de remolcarlo fuera de la bahía, pero no se alcanzó a sacar y encalló.

Otra versión, en ‘Fuerza de Superficie’, de la Armada, se refiere al MC ‘Presidente Mosquera’ como el buque encallado en Castillogrande. “Por decreto 3 de 1937 el cañonero quedó asignado temporalmente a la Escuela de Maquinistas y Grumetes. Durante los años 1953 y 1954 permaneció en Barranquilla en reparaciones, y en los años 1955 y 1956 sus servicios fueron limitados, hasta que el 28 de noviembre de 1957, a las 02:15, hallándose en la Base Naval A.R.C. ‘Bolívar’, abarloado al A.R.C. ‘Antioquia’, posiblemente debido a un error de aprovisionamiento de agua, el buque comenzó a hundirse y se hizo necesario cortar las amarras, siendo imposible reflotarlo”.

El almirante Grau enfatiza que el encallado en Cartagena es el ‘General Mosquera’. “El otro (el ‘POTE Mosquera’) era de río. Ese se hundió cuando yo estaba de segundo comandante del A.R.C ‘Antioquia’ y A.R.C ‘Caldas’”. Y el texto de Román Bazurto también se refiere a la embarcación traída de Francia y no al vapor cañonero que recorría el río Magdalena.

Hoy, sus vestigios permanecen muy cerca al Club Naval de Castillogrande, a la vista de muchas personas que tal vez no sepan que esas ruinas, sobre las que casi siempre revolotean alcatraces, fueron una insignia de la historia de Colombia que se niega a morir.

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