Facetas


Son 100 años, ¡Felicidades, doña Elizabeth!

Elizabeth Beltrán Álvarez cumple un siglo de vida hoy, 21 de febrero de 2021, y lo celebra bailando ‘Fiesta en corraleja’.

IVIS MARTÍNEZ PIMIENTA

21 de febrero de 2021 12:00 AM

¿Ya está el café? Esa es la primera pregunta que hace la protagonista de esta faceta todas las mañanas. Acto seguido: pide el periódico El Universal y si aparece un titular que diga ‘Marialabaja’, salta de emoción.

A la señora Elizabeth le gusta la música de banda. Sentada y desde su silla, mueve los hombros mientras canta: “Ay, ya llegó el 20 de enero, la fiesta de Sincelejo”. Baila al son que le pongan y sus ojos se iluminan cada vez que siente los acordes de esas canciones que antaño y, hasta el sol de hoy, llaman tanto su atención. “Yo no necesito de trago para disfrutar”, decía entonces.

Hoy, 21 de febrero de este 2021, Elizabeth Beltrán Álvarez cumple 100 años, lúcida y, para orgullo de sus hijas, sin sufrir de una sola enfermedad. Su entereza es admirable.

Miriam, Daira, Estela y Nora son sus hijas. La describen como una mujer trabajadora, alegre y muy bondadosa. Sus vecinos en el Paseo Bolívar concuerdan y es que antes de la pandemia se le podía ver sentada en la terraza de su casa, saludando a todos los transeúntes y a las decenas de amigos que hizo con los años, gracias a su personalidad sociable.

¿Qué crees que es lo que te mantiene tan bien a los 100 años? -le preguntamos. Ella dice que la alegría. “Soy una persona alegre, y bastante, bastante bailaba, todavía bailo. Siempre fui muy festiva mijita”.

Su voz es, por momentos, esa oleada de frescura que todos necesitamos, conserva ese aliento de dulzura que le permite ver tras sí a una familia de más de 18 integrantes.

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Cuando doña Elizabeth se concentra en el periódico no hay nada más que capte su atención. A veces, cuando no entiende una palabra nueva, como esa que está de moda: ‘pandemia’, pregunta cuál es el significado. Daira, Estela o Miriam se acercan y al oído le dicen la respuesta.

“¿Y ahora por qué la gente anda con ese bozal?”, les preguntaba a sus hijas al inicio de la crisis sanitaria por COVID- 19, refiriéndose a los tapabocas que, notaba, usaba la gente que entraba a la casa.

“Dios nos ha dado la dicha de tener a nuestra madre a esta edad y con buena salud, sobre todo”, dice Estela.

Es popular en su barrio y cómo no, si siempre tuvo un consejo para todas las personas que lo pedían, buscando soluciones a problemas ajenos. Eso es lo que más admiran sus hijas.

“Ella tenía amigos en los hospitales, si había una persona pobre que no tenía cómo pagar un hotel para seguir con su tratamiento acá, en Cartagena, ella se los traía a la casa. Siempre fue muy humanitaria”, continúa Miriam.

Una vida en paseo bolívar

Nació en 1921, en el seno de una familia humilde de Marialabaja, Bolívar; en una isla, donde la alimentación principal era pescado. De allí, a raíz de una inundación que arrasó parte del pueblo, empezó con sus familiares su nueva vida en Cartagena. Tenía apenas 17 años.

Un mundo de oportunidades se le abrió en la capital de Bolívar, recompensado el tesón y el esfuerzo que Elizabeth mostró desde siempre. Fue confeccionista de cortinas en una gran empresa, profesora y además se dedicó a la cocina como hobby. “De todo hacía yo”, refiere doña Elizabeth. Su sazón lo heredó Daira, que, orgullosa, cuenta cómo a su madre le gustaba elaborar platillos especiales y postres, además.

Tararea una melodía, es un porro, lo hace con tanta alegría que no podemos quitarle la mirada

La agilidad mental que aún posee doña Elizabeth da cuenta de la importancia del ejercicio de atención y percepción que debe estar presente en el ambiente cotidiano del adulto mayor, y es que expertos señalan que cultivarlos facilita la capacidad psicológica de la memoria.

En 1921 nació, lo recuerda, así como recuerda a cada uno de sus familiares y hasta cuánto costó en su momento la casita de madera que hoy es su hogar.

Su esposo, Joaquín Meza, que murió en sus sesenta años, fue parte importante de su vida, por supuesto, con él forjó a su familia. Él, un experto en maquinaria de imprenta, es quizá la razón por la cual doña Elizabeth ama leer esos titulares enormes que aparecen en el periódico.

Tiene puesto un elegante vestido rosa; se levanta a tomar agua. Sujeta fuerte su caminador y, acompañada de Miriam, llega hasta la cocina. Que a los cien años esté tan activa le da esperanzas a una generación como la mía: nos quedan muchos años por delante para cumplir metas.

¿Cuál es el secreto de su longevidad? Además de que Dios la bendijo con unos buenos genes, sus hijas afirman que la generosidad del corazón de doña Elizabeth y el hecho de que sus hijos no le produjeron disgustos ni rabietas ayuda. Siempre estuvo rodeada de amor; lo que da se retribuye y, a su edad, es la joya de su hogar, un tesoro preciado que incluso sus bisnietos cuidan con amor.

El patio de doña Elizabeth está rodeado de árboles y flores, un lugar donde ella puede descansar a una edad en la que los recuerdos se convierten en alegría; aquellos en los que bailaba con una vela en la mano, entre bombos y platillos. Hoy volverá a escuchar, como cada año, esa bella música de viento que ama. Esta vez de lejos y con músicos de boca sellada con tapabocas, conmemora sus cien años con salud, en medio del momento más bizarro del último siglo por el COVID - 19.

Los besos y abrazos se guardarán hasta que se pueda, pero el amor está en el aire para ella y para siempre. ¡Feliz cumpleaños, doña Elizabeth!