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[Video] Las matronas del frito callejero en Cartagena

Sin haber participado en el Festival del Frito Cartagenero, estas fritangueras se han ganado la admiración de los comensales de la ciudad. Llevan décadas dedicadas a su labor.

CINDY ORTIZ ESCOBAR

14 de febrero de 2021 09:23 AM

“Estamos buscando las 5 mesas de frito más tradicionales, antiguas y con la mejor sazón de Cartagena. ¿Conoces alguna?”. Publicamos esas palabras en la cuenta de Facebook de Q’hubo Cartagena y no habían transcurrido 15 minutos cuando ya había más de 100 comentarios en la publicación. La tradición de las mesas de frito en la esquinas de nuestros sectores populares se niega a desaparecer y los cartageneros reconocen a esas fritangueras que, a pulso y décadas, se han ganado el título de matronas sin necesidad de participar en el Festival del Frito Cartagenero.

La mayoría gana, las más mencionadas son: ‘Libia’, ‘Consue’, ‘Leonor’ y ‘La de San Diego’. Tras identificarlas como las cuatro favoritas de los amantes de los fritos en La Heroica, emprendo mi búsqueda para encontrarlas, conocerlas y, por supuesto, probar su prestigiosa sazón.

Fueron casi 500 comentarios los que generó el sondeo, que confirmó que los fritos son uno de los temas favoritos de los cartageneros, quienes, además, tienen plenamente identificada la ubicación de los puestos que no dudan dos veces en recomendar. (Le puede interesar: Todo listo para el Festival del Frito Cartagenero 2021)

Imagen Isabel Cristina Simancas González libia

‘Libia’, en Olaya Herrera, sector Central

“Mi nombre es Isabel Cristina Simáncas González, popularmente me dicen, Libia”, no ha terminado de decir su sobrenombre, ‘Libia’, cuando suelta una carcajada y dice: “No sé quién ni por qué me cambió el nombre, pero así quedé bautizada”. Al reconocerla como una de las fritangueras más populares de Cartagena, uno se imaginaría encontrar un puesto donde estuviera el caldero con aceite ardiendo al costado de una extensa mesa donde se ofrecen al aire libre todo tipo de fritos: carimañolas, arepas dulces, de huevo, empanaditas de carne, entre otros, pero no, ‘Libia’ está en toda la entrada del ‘Cuartelillo’ en Olaya, en un “puestico que Dionisio Vélez les entregó”, hecho en material y con la forma de un pequeño local comercial. Mientras su prima le ayuda a freír un par de arepas de huevo, ella, que nació en la calle El Socorro de Olaya Herrera, revela que en esto de los fritos su popularidad no ha sido en vano: son 38 años dedicada a la labor.

“Bueno, empecé a hacer fritos desde que tenía 13 años. Yo estudiaba y esto lo heredé de mi madre. Tuve mis hijos trabajando en esto. Son 38 años haciendo esto, mija. Viene de herencia, viendo aprendí a hacer los buñuelos, las carimañolas, las arepas”, cuenta, mientras dos comensales se acercan a comprarle.

“Despáchame ahí dos carimañolas”, le dice a su familiar y continúa. “Por seguridad de la Policía y de nosotros, nos mudaron hasta acá, abajo, pero eso no significó que mi popularidad bajara... por el contrario, todo el mundo dice vamos pa’ donde Libia a comer fritos. Donde quiera que vaya, todo el mundo dice ‘allá va la que vende fritos’. A todo el mundo conozco y todo el mundo me conoce a mí”, dice mientras atiende a la clienta que llegó acompañada de un niño.

Libia, a quien consigues desde las 4 de la tarde por ‘El Cuartelillo’, lleva toda una vida dedicada a los fritos y reconoce con orgullo que gracias a ellos pudo construir su casa de material en el mismo barrio que la vio crecer.

Imagen Leonor Cecilia Vega Manjarrés

Leonor Cecilia Vega Manjarrés, en Olaya Herrera, sector Nuevo Paraíso

La mesa está abierta normalmente a partir de las 6 de la tarde, pero este día era especial, por lo que sus exquisitos fritos estaban disponibles al público desde las 4 de la tarde. “Toma, cómete este buñuelito de frijol pa’ que vayas probando”, me entrega el frito mientras ella se dispone a preparar carimañolas de carne, su frito favorito confesado por sus mismos labios. Varias motos se parquean en frente a esperar que salgan los exquisitos manjares del caldero y ella, con una linda sonrisa, se dispone a contarnos más de su vida con los fritos. “Soy madre soltera y con eso levanté a mis hijos. Tengo tres”, cuenta la cartagenera nacida también en las calles de Olaya. El amor de Leonor por los fritos es una tradición que heredó de su abuela y su mamá. “Este fue el trabajo al que se dedicó toda la vida mi mamá, ahora, después que ella falleció, decidí seguirlo. Me pareció una buena fuente de trabajo que, además, me permitía cuidar a mis hijos”, cuenta. Los fritos empiezan a chispotear un poco, pero ella no se preocupa, les da vuelta y deja que un viejo abanico, que le echa aire al carbón, haga lo suyo. “Leonor, ¿te ha pasado algo curioso en todo este tiempo que llevas aquí?”, tiene más de 20 años. Se ríe con fuerza y responde: “Son muchas anécdotas, varias veces he tenido clientes que se han ido sin pagar. Me toca corretearlos o después espero que pasen sobrios para cobrarles”. Para ‘Leo’, como la llaman sus fieles comensales, no ha sido fácil sobrevivir a la pandemia. Las limitaciones en los horarios que hubo durante la cuarentena y los toques de queda afectaron su bolsillo... “Este era el medio de subsistencia de toda mi familia y, la verdad, me he sentido un poco apretadita”, finaliza. (Lea también: Participantes del Festival del Frito se realizaron prueba de COVID-19)

Imagen Luz Darys Gómez Lozano

Luz Darys Gómez Lozano, San Diego

Cáceres, Antioquia, era su lugar natal, pero la violencia que azotaba al país hace 25 años la obligó a desplazarse hasta nuestra ciudad y San Diego la adoptó como una de sus fritangueras favoritas. Luz Darys cuenta que entrar a trabajar a una ‘casa de familia’ significó su primer contacto con los fritos. Allí aprendió, pero, cuando la cosa se complicó, se quedó sin trabajo y de las decenas de hojas de vida que envió, nunca la llamaron, acudió a las arepas de huevo, las carimañolas y los buñuelitos de frijol para subsistir. En esta tarde, alardea que sus preparaciones son tan buenas que hasta una vez “María Clemencia de Santos vino a comer fritos aquí y hasta el que se equivocó con la tarjeta de Miss Universo (Steve Harvey)”.

El día a día de Luz Darys comienza desde muy temprano. Tiene que trasladarse desde Flor del Campo, donde el Gobierno le dio “una casita”, hasta San Diego, donde tiene su puesto hace 20 años. Allí le ha pasado de todo, pero recuerda entre risas que los nervios de primípara le pasaron factura. “Cuando estaba empezando, un cliente vino, me pidió una arepa de huevo y yo no tenía tanta experiencia y el huevo se me salió. Me dio mucha pena”, se ríe.

Mientras atiende a un par de ‘cachacos’ que saborean una crujiente arepa de huevo, expresa: “Mi trabajo es reconocido en Cartagena porque me gusta, trato de concentrarme, manejar un buen aceite y que mis clientes se vayan satisfechos siempre”.

Imagen María Consuelo González

María Consuelo González, La Central

“Estaba cansada de lidiar con los borrachos de mi billar”, revela ‘Consue’ sobre la real razón por la que terminó en el mundo de los fritos. Frente al Divino Niño, en toda la entrada de La Central, se ve una gran terraza de la que se destaca una vitrina que desde lejos antoja a más de uno. “Bienvenidos”, nos dice la persistente mujer que llegó a Cartagena hace 42 años, en el momento es interrumpida por uno de sus empleados, la demandan en la cocina. Regresa y, como viejas amigas, empieza a contarme su historia. “Yo tenía un billar y estaba aburrida de lidiar con borrachos. Yo le decía: ‘Diosito, mándame algo que hacer diferente’. Le dije a Toño, mi marido, que se quedara atendiendo y luchando, mientras yo ‘pegaba’ el ‘negocito’ de los fritos. Mi marido me dijo: ‘¿Qué vas a vender tú fritos?’, ombe, que sí. Puse un sartencito, una estufita pequeña, ahí comencé. Compraba los dos kilitos de harina hecha, porque no sabía hacerla, dos kilitos de maíz molido, de yuca. Hacía una ‘miguitica’ de fritos y ahí, con esa insistencia, fui creciendo. ‘Ve, Consuelo, que eso no se vende’, me decía Toño, ‘ombe que sí’. Ya hoy estamos consumiendo 4 bultos de maíz. Compré mis molinos eléctricos, mi maquinaria. Ahora es más fácil. Molemos la masa aquí mismo, tenemos los términos del maíz para que la masa sepa mejor. Después empecé con las chichitas y los jugos de frutas”. La sangre paisa le corre por las venas y su negocio es la prueba de ello.