Hace algunos días se desarrolló exitosamente la edición 53 del Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI) y en medio de reconocidos invitados, premiados largometrajes e interesantes cortometrajes, el género del documental no solo tuvo un lugar de privilegio, también fue protagonista a la hora de la entrega de los galardones.
Fue el caso de la ganadora en la categoría Mejor Película en la sección Gemas, en la cual se presentaron los últimos trabajos de grandes maestros y los filmes más destacados del año. El premio se lo llevó una pieza documental ganadora de un Oscar, Buscando a Sugarman, en la que sus realizadores van en búsqueda de Sixto Rodríguez, quien con un estilo muy a lo Bob Dylan, pasó desapercibido en la industria musical estadounidense en los años setenta, pero sin saberlo ni buscarlo, fue un éxito sin precedentes en Sudáfrica como banda sonora del Apartheid, pues las letras de sus canciones eran un llamado en contra de la rebeldía y la pobreza.
Los niños del riel
La propuesta colombiana en el FICCI fue nutrida mostró formas diversas de narrar las realidades que se entrelazan en un país tan complejo como Colombia. Así lo hace Irene Lema en El charco azul, el cual rodó en dos viajes que hizo a Córdoba, municipio cercano a Buenaventura, durante los años 2007 y 2011.
“Esta obra tiene dos líneas de trabajo: el documental y la web-documental. Así se pensó desde el inicio del proyecto, porque nos interesa que el género del documental salga del cajón y se deje de pensar que es algo aburrido. Deseamos llegar a una audiencia grande”, asegura Irene, una cineasta de la Universidad Nacional que ya ve su obra transmitiéndose en Señal Colombia.
A través del recorrido por un riel, la creadora cuenta las historias propias de la región y su tradición oral, sin dejar de narrar lo que sucede allí, en el día a día de quienes viven en esta zona del Pacífico.
“Llegué en el 2005 porque estaba haciendo unos videos de infancia. Esto me llevó a Buenaventura y me encantó su riqueza cultural, lo afro de lo que sabemos tan poquito. Por eso pensé en hacer allí mi tesis, y encontré a dos niños que llevaban gente en unos carritos por unos rieles. Los grabé y cuando regresé habían desaparecido. En su búsqueda me encontré a quienes terminarían siendo los protagonistas del documental: los niños y su curiosidad ante el mundo en un paisaje exuberante”, recuerda Irene.
UN LARGO VIAJE
En 2008, Andrew Tucker y Rey Sagbini estaban grabando un concierto de la Orquesta de Acordeones Hohner, en una ciudad alemana donde se encuentra una de las fábricas más tradicionales de este instrumento. Allí nació la idea de estos jóvenes de repetir el recorrido que décadas atrás hizo el acordeón desde las lejanas tierras europeas hasta la Guajira y el Cesar; culturas muy distintas, con una interpretación de este emblemático instrumento, tan diferente como el día y la noche.
Para Andrew Tucker y Rey Sagbini, El Viaje del Acordeón no solo es un homenaje a la música interpretada por ese instrumento -desde la música clásica hasta la puya vallenata-, sino una historia muy humana sobre tres hombres luchando para lograr un sueño: ganar el Festival de la Leyenda Vallenata. Mientras les sigue el paso, va mostrando todos los detalles de cómo el acordeón llegó a esa región de nuestro país y se quedó, pese a que su destino final era Buenos Aires (Argentina).
Texto cinematográfico
Por esa misma zona, al norte de la Guajira, en una ranchería wayuu, vive una adolescente que permanece encerrada durante doce lunas, siguiendo al pie de la letra la tradición de su comunidad indígena, la cual dicta que luego de su primera menstruación ningún hombre la podrá ver y ella se dedicará a aprender a tejer y a cocinar, tareas útiles y claves en una mujer wayuu. En este tránsito la acompaña Priscila Padilla, documentalista colombiana que a través de su cámara le muestra al mundo esta tradición en su documental La eterna noche de las doce lunas.
Con un discurso sólido, es una interesante exploración por la cosmogonía wayuu; un hermoso texto cinematográfico que más allá de estar o no de acuerdo con algunas prácticas indígenas, es un homenaje al siempre duro oficio de ser mujer.
La cámara se traslada de nuevo al Pacífico, exactamente a la isla Gorgona, hoy una maravillosa reserva ecológica, que desde 1960 hasta 1985 fue la “Alcatraz colombiana”.
Dos décadas y media después, la periodista Silvia Gutiérrez y el documentalista Camilo Botero van en búsqueda de reconstruir las historias de los personajes que fueron habitantes de una isla-prisión, la cual hoy es hábitat de maravillosos animales y escenario de vegetación exótica.
UNA SEMANA COMPLETA
La Habana, Cuba, como otras ciudades de legado histórico, debe lidiar con una gran cantidad de estereotipos, rasgos que si bien son reales, no es lo único que les ofrece a los miles de turistas que llegan allí. Por eso, un grupo de inquietos artistas decidieron invitar a siete directores del mundo para que cada uno contara una historia, una por cada día de la semana, y así conformar la película 7 días en La Habana.
Benicio Del Toro, Pablo Trapero, Elia Suleiman, el español Julio Medem, Gaspar Noé, Juan Carlos Tabio y Laurent Cantet, son los encargados de mostrar una semana en La Habana contemporánea, ecléctica y vital, permitiéndole al espectador vivirla a través de la experiencia de los protagonistas.
Un largometraje que va más allá de los estereotipos cubanos, pues en 7 días en La Habana se muestra el alma de esta ciudad, y sus diversos barrios, atmósferas, generaciones y culturas, bajo un estilo ameno y divertido.
MÁS ALLÁ DE LAS ESTRELLAS
El fútbol y el cine se encuentran en Los rebeldes del fútbol, dirigido por Gilles Pérez y conducido por el polémico exfutbolista francés Éric Cantona.
La historia parece ficción, pero es completamente real. Es la vida de cinco futbolistas, en diferentes épocas y partes del mundo, que además de ser estrellas del deporte, también luchan, a su manera, contra los regímenes autoritarios que azotan a sus países.
Por ejemplo, el documental viaja al pasado, a los años cincuenta, cuando un futbolista se escapó de un Mundial de Fútbol para luchar por la independencia de su país. También recuerda la historia del yugoslavo -en esa época y ahora bosnio- Predag Pasic, quien al comenzar la guerra en los noventa decidió quedarse en la bombardeada Sarajevo y crear una escuela de fútbol para niños.

Carolina Soto tiene una misión: promover la donación de órganos
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