Se inició como actriz en la maravillosa Italia, al lado de importantes figuras como Sandra Mondaini y Raimondo Vianello, una pareja reconocida por sus exitosas series de comedia familiar. Ella era modelo y luego de hacer 67 comerciales en cinco años, su verdadera pasión echó a andar por fin. Un día recibiría una propuesta muy tentadora para regresar a Colombia y aunque no planeaba dejar del todo a Italia, el amor la atrapó y acá se quedó…;
Esta hermosa dama no necesita presentación. Su vasto recorrido, lleno de papeles emblemáticos, habla por sí solo. Y está tan arraigada en nuestro imaginario, como las propias telenovelas en las que ha actuado.
Viéndola por primera vez, es imposible adivinar su lugar de nacimiento; pero luego suelta una carcajada o se para a bailar salsa en una entrevista y no queda duda de que es caleña de pura cepa. Esa es María Helena en realidad, una ‘gocetas’ consagrada; o por lo menos así se define entre risas.
Su recorrido como modelo es capaz de producir envidia hasta a las mejores de hoy en día. Fue imagen de las campañas de Alfa Romeo en Italia y de otras tantas multinacionales para España y Alemania. Mucho antes de que la globalización pudiera abrir los mercados, ella ya salía en revistas como Vogue, y actuaba en italiano.
“Hice campañas importantísimas y otras más pequeñas; pero para mí, nada era menos relevante. La verdad es que hablo poco de eso, pero esa época fue más importante de lo que yo misma me di cuenta”, afirma la actriz, quien en la actualidad sigue participando en diversas campañas publicitarias.
Por eso es obvio que la elegancia y los rastros germanos que la caracterizan son solo la punta del iceberg. Con una formación exquisita en diversos idiomas y un catálogo de recuerdos de lugares tan remotos como Japón (donde modeló un buen tiempo para Toyota), María Helena sí que puede dar fe de vivir en grande.
Sus rasgos de diva obedecen a un mestizaje bastante interesante. De hecho, por sus venas corre sangre colombiana, boliviana y alemana. Además, habla perfectamente italiano, inglés y francés; eso sin contar su licenciatura en Literatura Moderna Contemporánea. Sin embargo, el motivo que más la llena de felicidad está en su casa, al lado de Eduardo y Alejandro, su esposo e hijo.
ANTESALA: LA COMEDIA
A los 16 entró a estudiar interna en un colegio inglés, y dos años después estaba en Italia, estudiando Literatura. Pero esos primeros años en Inglaterra le imprimirían rasgos y costumbres que la acompañan hasta hoy. De hecho, su afición por la comedia se acentúa cuando de formatos ingleses se trata.
Para ella, en la actuación también se puede decir que “menos es más”. Comenzó su carrera haciendo comedia al lado de dos grandes italianos, pero los gritos y carcajadas excesivas le parecen recursos sobreactuados que no congenian con la esencia misma del género.
Pasó 12 años en la hermosa península y al pensar en esos tiempos sonríe agradecida. Sin duda, fueron mágicos años de formación, en los que pudo explorar y, como ella misma dice, aprendió a ser una “ciudadana del mundo”.
“Hay muchas cosas que uno lucha, hay otras que simplemente suceden. Cuando Julio Sánchez Cristo me buscó para que protagonizara tomé la decisión de volver a Colombia, pero inicialmente por el tiempo que iba a durar La maldición del paraíso. Después, mi idea era regresar a Italia, pues allá tenía mi vida hecha, mi carrera. Así que el factor determinante para que me quedara fue el amor. Me enamoré recién llegada y ahora llevamos 18 años casados”.
Así, de la mano con ese romántico motivo, su carrera en la televisión nacional se disparó. Cuando aún no terminaba La maldición del paraíso, Jorge Alí Triana la llamó para protagonizar Crónicas de una generación trágica. Luego vendría uno de sus trabajos favoritos, porque con pudo cantar: su papel de Melissa Ferrer en la legendaria novela de época, Las aguas mansas.
Pero sería su quinto proyecto el que la consagraría como una de las actrices favoritas del país. La dama de blanco, protagonizada al lado del puertorriqueño Oswaldo Ríos, fue un éxito absoluto y para ella significó todo en términos de conocimiento. “Fue un privilegio. Se trataba de una novela blanca, en la que la violencia era relativamente poca y el sexo insinuado. Esta novela enamoró desde los abuelos hasta a los niños. Además se transmitía a las 8 de la noche, cuando no se movían los horarios y realmente sabías que encendías el televisor a esa hora y te ibas a encontrar con ese producto”.
LEJOS DE LA TELE DE ANTAÑO
Después de La viuda de blanco, esta mujer participaría en 11 producciones más antes de Pobres Rico, novela en la cual interpretó a Ana María Fernández, un personaje maravilloso que la hizo conectarse nuevamente con el público. Como actriz, admite que el raiting la tiene sin cuidado, pero aún así se pregunta cómo será que lo miden.
“La gente ya está aburrida de que el nuevo programa ocupe la parrilla después del noticiero. No importa qué enganchen, a las otras las van corriendo a las 11 ó 12 de la noche. La verdad, ni siquiera sé cómo miden el raiting. Porque a veces escuchas que el proyecto en el que estás no marca tanto, pero sales a la calle y todo el mundo, absolutamente todo el mundo, lo comenta”, afirma con determinación.
Desde que actuó en Hasta que la plata nos separe, hizo siete proyectos sin parar. Así que este descanso que se ha tomado luego de terminar Pobres Rico, es merecido. Y aunque no ha firmado nada todavía, María Helena analiza detenidamente qué sigue.
Entre otras, la llamaron de Miami para hacer televisión y tiene una propuesta relacionada con teatro. Sin embargo, el proyecto que más la entusiasma es un ofrecimiento para rodar en 35 mm, la ilusión de todo actor. Habrá que esperar por cuál se decide y mientras tanto aprovecha al máximo el tiempo al lado de Eduardo y Alejandro.
“Ha sido clave que él esté totalmente fuera de la farándula porque mi vida privada anda bastante alejada de los medios. Disfruto mucho la compañía de mis amigos actores, pero realmente la mayor parte de mi vida transcurre con gente que no es del mundo del espectáculo”.
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