Es hija y hermana de arquitectos, y cuando estaba pequeña su padre pensaba que ella lo sería también, pues le gustaba dibujar. Sin embargo, Cristina recuerda que se la pasaba disfrazada como una delirante o abstraída frente de su máquina de escribir donde creaba obras de teatro, un ejercicio que complementaba como miembro activo en el grupo del colegio y en el creado por María Angélica Mallarino.
Al terminar secundaria estudió Derecho y un poco después, al desconectarse para pensar el paso a seguir, decidió retomar la actuación pues le había invertido pasión y trabajo desde pequeña. Por eso, tras tomar unas clases en el país se fue a la prestigiosa academia neoyorquina Lee Strasberg, donde aprendió además a manejar las cámaras y otros aspectos técnicos de la TV.
Y así fue el comienzo
Cristina recuerda que regresó de Nueva York con toda la actitud del mundo. Ahora que lo piensa, no entiende muy bien qué la hacía sentir tan segura de su victoria y sin embargo estaba obstinada en conseguir trabajo y demostrar su capacidad histriónica. “Sabía que era una carrera muy inestable, pero nunca tuve miedo. Hoy miro atrás y me pregunto en qué estaba pensando. Me encantaría sentirme así otra vez… porque con los años uno se vuelve más inseguro”, comenta.
Igual, el sostén de esas cavilaciones como adulta son entendibles: no tenía mánager, no había trabajado nunca en televisión y no venía de una familia de actores, así que pocas puertas podía tocar. Sin embargo, sola como estaba, buscó a directores y productores encontrándose a varios “ángeles” en el camino; finalmente, logró participar en unitarios y comerciales.
Es una mujer hermosa. Y ella siente que eso sea relevante ni a favor o en contra para su profesión. “Creo que el prejuicio de ‘está ahí por bonita’ lo llevan más las reinas (al comenzar). Nunca he sentido nada de eso, pues empecé desde abajo, haciendo unitarios y papeles pequeños. Lo que pasa es que he tenido suerte y por eso me siento muy agradecida con Dios y con la vida; porque aparte de la disciplina, del talento y la constancia, se necesita mucha suerte”.
¡Y la de Cristina es muy buena! Se constata al verla como Camila (La Hipocondriaca), Amelia (Allá te espero), Cristina (Correo de inocentes) y Paulina (El último matrimonio feliz), entre otras. Pero el de Paulina tal vez sea uno de los papeles más recordados, pues se convertía en una mujer recién casada muy ambiciosa, que competía laboralmente con su esposo. De hecho, nos confiesa que fue uno de sus favoritos. No obstante, ser una buena ‘mala’ en televisión puede hacer que la gente se confunda.
“Soy de carácter fuerte, pero a veces las personas se hacen una idea de mí muy errada, y por eso me da temor hacer antagónicos. Soy muy ‘frentera’, lo que recibes de mí es lo que hay, digo las cosas como son, soy terca y perseverante con lo que quiero, y al mismo tiempo mucho más dulce de lo que puedo mostrar”.
El placer de la “no rutina”
Hace unos meses está descansando. Había pensado hacerlo antes, pero siempre llegaba un proyecto nuevo y se ocupaba. Aun así, las cosas cambiaron desde que terminó de grabar La Hipocondriaca para Canal Caracol (a mediados del 2013). En ese momento retomó su vida paralela, esa en la que duerme mucho y no trabaja, donde visita a la familia y a los amigos y luego se va de viaje.
La misma que le permite hacer un curso de improvisación en México y en la que piensa estar tranquila mientras se vuelve a poner el traje de otra mujer. Además está empeñada en hacer cine este año y por eso ahora mueve el mayor número de fichas posible. En noviembre del año pasado la vimos en pantalla gigante encarnando a Tatiana, una mujer que enfrenta la monotonía del matrimonio en la película La justa medida. Antes había interpretado a Clara Rojas en Operación Jaque, una producción española filmada para televisión. Su paso por el cine lleva un largo camino, siendo Algo huele mal una de las películas más aplaudidas en las que ha participado.
También espera montar una obra de teatro con su amigo Ricardo Leguízamo y seguir estudiando, pues lo considera importantísimo para su carrera. “Cuando uno empieza cree que lo sabe todo y, por ejemplo, cuando empecé en televisión fue muy chévere porque me enfrentaba a muchas cosas que no conocía como los horarios, el maquillaje y el vestuario… siempre hay nuevas cosas por explorar”. De hecho, lo que espera de sus papeles, más allá de que se trate de teatro, cine o televisión, es imponerse un nuevo reto, no encasillarse y hacer cosas con directores y libretistas que admire.
Por el momento le quedan un par de semanas más en México, país al que se fue en enero con su mejor amiga a celebrar su cumpleaños y en el que estará hasta que comience casting en el país. ¡Le deseamos un feliz regreso!
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