Aunque Omega es la última letra del alfabeto griego, los ácidos grasos conocidos bajo su nombre (Omega 3, 6 y 9) son sustancias de primera. Desde que los científicos comenzaron a dar fe de sus cualidades, es mucho lo dicho sobre ellos sin que esto agote la curiosidad del círculo médico, pues incluso han manifestado que su descubrimiento es el más importante después de las vitaminas.
Lo cierto es que el interés comenzó gracias a la investigación del doctor Jorn Dyerberg, un médico danés que viajó a Groenlandia luego de contrastar ciertas cifras. Al parecer por esa época, este investigador se dio cuenta que mientras el 5.3 por ciento de los varones esquimales de 45 a 65 años murieron por enfermedad coronaria, en los estadounidenses de las mismas características esa cifra subió ¡hasta el 40.4 por ciento!
Tras cinco expediciones examinando la dieta de la sociedad llamada Inuit, el doctor Dyerberg pudo establecer que su excelente salud se debía al alto consumo de carne de foca y de peces de agua fría (animales ricos en ácidos grasos Omega 3). Este hallazgo marcó el inicio de varias investigaciones sobre esas grasas poliinsaturadas.
Una explosión OmegaMuchas personas piensan todavía, y erróneamente, que las grasas son compuestos que deben erradicarse por completo de la dieta. Lo cierto es que todos los grupos de alimentos son necesarios para un buen funcionamiento del organismo. Sin embargo, en el caso particular de las grasas, debemos tener en cuenta su clasificación.
En primer lugar están las grasas saturadas, que tienen su origen en el reino animal, y por lo tanto son también producidas por nuestro cuerpo. Por eso debemos ‘medirnos’ con las carnes rojas y otros alimentos ricos en este tipo de grasa, pues al producirla naturalmente es más difícil controlar el nivel adecuado cuando nos excedemos en su consumo.
También, y por suerte, existen alimentos grasos importantísimos para optimizar nuestra calidad de vida. Estos se reúnen en el grupo de las grasas no saturadas, al cual pertenecen, por supuesto, los alimentos ricos en los diferentes omegas. También llamados poliinsaturados, estos ácidos grasos son esenciales, así que el cuerpo humano no puede sintetizarlos… razón de peso para consumir alimentos que los contengan.
De hecho, los nutricionistas recomiendan que estas sustancias conformen el 30 por ciento de la dieta, complementando el trabajo de las proteínas, carbohidratos y otros alimentos. La razón de esta aseveración la entendemos si desciframos todas sus funciones fisiológicas, especialmente las del Omega 3, el más popular de todos.
Cualidades de primeraSegún lo revelado por los científicos, estos compuestos son indispensables para la formación de las paredes celulares, protegen la función cognitiva, ayudan a disminuir los triglicéridos, los niveles de colesterol y la presión, además de impedir que se formen placas en los vasos sanguíneos –características que los hacen muy eficaces a la hora de prevenir enfermedades cardiovasculares-.
De igual manera, fortalecen el sistema inmunológico. Por eso se recomienda incentivar en los niños el consumo de alimentos que los contienen. De esta manera no solo asegurarán salir invictos de sus encuentros con los resfríos y otras enfermedades ocasionadas por virus, también optimizarán las transmisiones químicas existentes entre las neuronas. Y quienes sufren enfermedades como artritis y artrosis tampoco deben prescindir de ellos, pues dentro de sus funciones es muy famosa la acción antiinflamatoria.
Una de las bondades más importantes para los seres humanos radica en la relación que ostentan los omegas con la producción de hormonas sexuales. Las personas que presentan bajas reservas de estos ácidos tienen problemas con la producción de estrógeno y testosterona, lo cual significa que en el primer caso la ovulación y el ciclo menstrual serán irregulares -incluso fallidos-, y en el segundo caso lo que no funcionará será la correcta producción de espermatozoides –llegando a generar en ambas situaciones esterilidad-.
De hecho, en cuadros de desnutrición tan severos como los presentados por las mujeres que sufren anorexia, una de las señales más claras de esa falta de nutrientes se refleja en la ausencia de la menstruación. A pesar de ser un proceso biológico –y por lo tanto no necesitamos ocuparnos de él para que ocurra- al no haber grasa suficiente para perpetuar el ciclo, el organismo deja de hacerlo con el ánimo de no agotarse.
¿Cree que necesita más motivos para consumirlo? Si todavía lo duda, continuamos. Hay muchos especialistas que comparan el cuerpo humano con cualquier otro tipo de máquina, y si lo ponemos en esos términos, es de suponer que imaginarán la importancia del aceite.
De acuerdo con los resultados arrojados por investigaciones recientes, los ácidos grasos Omega también benefician al sistema nervioso, lo que se traduce en un estado anímico más estable, positivo y fuerte. Incluso en personas que sufrieron accidentes o traumas fuertes, en que los nervios se dañaron provocando dolores intensos, debilidad y hasta parálisis muscular, fue de gran ayuda ingerirlos sin falta.
Fuentes ricas y nutritivasSi usted no sabe si está consumiendo la cantidad apropiada de ácidos grasos, es muy fácil determinarlo: solo basta con que se acerque al espejo y examine su piel y pelo. Como cualquier compuesto beneficioso, su ausencia también se nota en la belleza; porque aunque no podemos ver cómo anda el estado de nuestro corazón o del cerebro, mucho podemos concluir gracias a la lozanía o ausencia de hidratación del órgano más grande que tenemos: la piel.
Al parecer, quienes consumen juiciosamente omegas lucen un cutis fresco, inclusive con cierta humedad que salta a la vista; también suelen ser las personas más activas y fuertes muscularmente hablando. Pero a estas alturas, seguro se estará preguntando qué debe comer para verse fresca y bella. Le contamos que las posibilidades son muchas y para todos.
Por supuesto, como debe imaginarlo, los alimentos con mayor grado de omegas son los peces y mariscos. Incluso el atún enlatado califica como una excelente fuente de ‘grasa buena’ si no tiene a su disposición frutos del mar frescos. Si eso no es un impedimento, entonces enfóquese en el consumo de salmón, sardinas, trucha, mejillones y ostras, con eso estará haciendo la mitad de la tarea. De hecho, algunas asociaciones médicas europeas recomiendan comerlos hasta cuatro veces a la semana… pero dos veces serán suficientes.
Los aceites de origen vegetal también son importantísimos. Encabezando la lista está el de oliva –designado por muchos como un elíxir de salud y juventud-; le sigue el de maíz, soya, girasol, ajonjolí y palma. Todos muy benéficos y completos para cualquier persona, sin importar su edad. No sobra hacer una salvedad: usarlos para fritar alimentos no aplica como un hábito saludable.
Si hablamos de frutas y verduras, tenemos amplias posibilidades. Por ejemplo, las fresas y la piña son excelentes contenedores de omega. Pero entre los vegetales figuran muchos con este ácido graso. Lechuga, espinacas, brócoli, coliflor y pepino son algunos de ellos, así que incluyendo una porción de ensalada diaria nos estaremos protegiendo.
Si la comida de mar, los vegetales y las frutas no son de su preferencia, todavía le queda algo por hacer: ingiera semillas y frutos secos. Consumir nueces, almendras, maní, semillas de girasol, ajonjolí y linaza igualmente le proveerá de buenos niveles de omegas. Pero cuidado: hablar de buena nutrición implica comer de todos los grupos alimenticios, así que algo fallará si prescinde de los ya nombrados y de los que faltan (como los carbohidratos: yuca, plátano, papa, entre otros).
La hidratación, por ejemplo, es fundamental, pues a través de líquidos como el agua o jugos de fruta encontramos las sales minerales para no perder rendimiento. De hecho, lo realmente importante es entender que no hay alimentos malos, el problema es el exceso (aunque en otras ocasiones es el déficit de ellos).
En cuanto a los suplementos, las recomendaciones son muy claras: lo mejor es buscar tanto las vitaminas y minerales como los ácidos grasos en la alimentación. No habrá nunca nada mejor que ir a la propia fuente. ¿La razón? Los alimentos traen otros tantos compuestos que permiten el aprovechamiento total de los poliinsaturados, mientras que en las cápsulas están aislados y por lo tanto, solos. Por supuesto, si la persona es mayor o tiene condiciones clínicas especiales, con supervisión médica puede consumir el suplemento que más le convenga.
_____________________Asesoría: Doctora Consuelo Pardo, profesora e investigadora en Nutrición de la Universidad Javeriana y LaSalle College. Mail: Judith.pardo@lci.edu.com

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