Uno de los avances tecnológicos al servicio de la salud más destacados en la historia es el lápiz de aplicar insulina, que les permite a los pacientes diabéticos dejar a un lado las jeringas de vidrio (instrumento de alto riesgo de contaminación) con las que se inyectaban antes, por un innovador dispositivo para obtener su dosis de insulina mejorando su calidad de vida.
Según Juan Gabriel Cendales, director médico de Novo Nordisk, especialista en medicina interna y cuidado crítico, “estos dispositivos son biodegradables, inviolables, desechables, precisos, cómodos, discretos, sin posibilidad de ser recargables y fáciles de usar, lo cual influye en gran forma en la calidad de vida del paciente, mejorando la adherencia al tratamiento”.
En un estudio realizado por Global Attitudes of Patients and Physicians (GAPP), en el laboratorio de Novo Nordisk, se indica que entre las principales barreras para que los pacientes hagan uso de la insulina se encuentran: gran cantidad de ocupaciones (18.9%); estar de viaje (16.2%) y pena de inyectarse en público (9.7%).
Es así como estudio revela que el 72,5% de los médicos reportaron que sus pacientes diabéticos no se administraban la insulina de acuerdo con las indicaciones, además de destacar que estas razones de falta de adherencia al tratamiento son de tipo psico-social y son contrarrestadas con el uso de los lápices de aplicación de insulina que hacen más llevadera la enfermedad. Cendales explicó que “la calidad de vida no es sólo el control de la enfermedad sino cómo me siento con ella y con lo que necesito para manejarla”.
¿CÓMO FUNCIONA EL LÁPIZ DE INSULINA?
Una de las principales características de estos dispositivos es la precisión en la administración de la dosis de insulina, porque cuando se utiliza una jeringa tradicional y se carga la dosis, siempre queda un espacio vacío o muerto en la punta, es decir, entre la aguja y el émbolo.
Este espacio está lleno de aire y no es cuantificado, sin embargo hace parte de lo que el paciente se inyecta, por tal razón, la dosis no es precisa, a diferencia de los nuevos dispositivos que no cuentan con este espacio y permiten una mayor exactitud.
Según Cendales, las agujas que se introducen en estos dispositivos también han evolucionado. En 1985 éstas medían aproximadamente un centímetro, hoy se utilizan agujas de cuatro milímetros. “La literatura nos enseña que entre más larga sea la aguja, hay mayor probabilidad de que la inyección se vaya al músculo y no al tejido celular subcutáneo; si esto sucede se produce una mala absorción. Con una aguja de cuatro milímetros se está garantizando que la insulina entre al espacio donde más se absorbe”, asegura.
Según Cendales, es frecuente que los pacientes cometan errores a la hora de aplicarse la insulina, pues muchos se inyectan en el mismo sitio del cuerpo, lo que produce una cicatriz y hace que haya una mala absorción del medicamento. Para él se debe aplicar en el abdomen en el sentido de las manecillas del reloj, moviéndose un centímetro por día. También se puede aplicar en la cara anterior de los muslos o en la cara posterior de los antebrazos.
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