-Rafael Alberto Caro Suárez
Aura María Nanclares Balanta nunca se olvidará de aquella mañana premonitoria del 2001, cuando vio por televisión la transmisión de la Santa Misa y, a un costado de la pantalla, sobresalía la imagen de una monja que movía rítmicamente sus brazos y manos. Sin saberlo, estaba presenciando una escena del que sería más adelante el trabajo de su vida.
Su vocación
Desde 2013 es Intérprete de Lengua de Señas en el Centro de Relevo, donde tiene la misión de transmitir telefónicamente los mensajes que las personas con discapacidad auditiva y los oyentes requieran darles a sus familiares o conocidos. Una felicitación de cumpleaños, una excusa laboral, un saludo a la novia o la oportunidad de hacer un gran negocio son algunos de los motivos más recurrentes de las llamadas. Gracias a la tecnología, en Colombia la comunidad sorda sí puede hablar por teléfono: cada mes, en promedio, se atienden 24.600 relevos de llamadas.
El Centro de Relevo
El Centro de Relevo es un proyecto del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) en asocio con la Federación Nacional de Sordos de Colombia (Fenascol), cuyo objetivo es integrar diversas herramientas tecnológicas como Internet y telefonía para responder a las necesidades comunicativas de las personas sordas de todo el país. La sede administrativa funciona en Bogotá, pero los centros operativos están en 17 municipios (Medellín, Barranquilla, Facatativá, Bello, Duitama, Pitalito, Santa Marta, Montería, Fusagasugá, Santander de Quilichao, Madrid, Pereira, Piedecuesta, Mariquita, Montería, Floridablanca y Bogotá), donde laboran 36 tele-operadores que, como Aura María, saben lengua de señas.
Todavía no se conocen detalles sobre la posibilidad de que en Cartagena existan estos importantes Centros de Relevo.
“Este es un servicio muy importante que brinda el MinTIC a todas las personas con discapacidad auditiva. A nivel nacional, atendimos durante el pasado cuatrienio más de 1.178.363 llamadas, gracias a una inversión de 6.000 millones de pesos; mientras el año pasado fueron 249.929 comunicaciones. Atendemos a nuestros usuarios de lunes a domingo, en horario de 6:00 a.m. a 10:00 p.m.”, señaló el Ministro TIC, David Luna.
Historias de una mensajera
Todos los días, Aura les relata a sus usuarios las buenas noticias que no se pueden decir personalmente. A veces, también debe entregar mensajes demoledores; entonces debe armarse de valor, y cuidar lo que dice los mensajes para no herir sentimientos. Aunque sabe que es mejor no andarse con rodeos, pues tarde o temprano todo se sabe.
Una de las llamadas más angustiosas que recuerda es la de un joven que le dijo a su mamá que era portador del VIH. La señora entró, de inmediato, en estado de shock: “Comenzó a llorar y la voz se le quebró. Luego empezó a recriminarle a su hijo por no haberse cuidado, pero al rato le dijo que le brindaría todo su apoyo“, evocó.
Otro día, mientras guardaba luto por el fallecimiento de su abuelita, atendió a un muchacho sordo que llamaba a la mamá; así se enteró que al igual que ella, la abuela del joven también acababa de morir: se había conformado una escena de duelo colectivo. Aunque Aura trató de controlar sus sentimientos, se estremeció al transmitir la mala noticia de ellos, que también la sentía muy suya, y lloró amargamente. Ambos usuarios, al notar la reacción, quedaron atónitos. La señora le dijo: “Oiga mija, usted tiene un alma noble y buenos sentimientos, pareciera que nuestro duelo le afectó. Gracias por ser tan comprensiva“.
También ha sido testigo de escenas conmovedoras y emocionantes. Recordó la tarde primaveral, de sol radiante, cuando un señor sordo llamó al hijo de 3 años. “El chiquillo me decía «Señora recepcionista, por favor dígale a mi papi que se quede tranquilo, que hoy sí me tomé la sopa». Y el señor me preguntó si su pequeño tenía la voz bonita“. Aura le contestó, enternecida, que ese pequeño era el ser más lindo que ella había conocido, y que su voz bien podía ser la de un ángel que se había caído del cielo. “El usuario soltó de inmediato unas lágrimas largas y dulces, porque eran de alegría“, indicó.
El mundo del silencio
Aura nació en Santander de Quilichao (Cauca). A sus hace 30 años se siente poderosa y útil porque con su trabajo le puede dar voz a quienes no la tienen. Cada llamada que releva dura en promedio de 3 a 5 minutos, pero cada usuario tiene un máximo de 15 minutos por servicio. “La mayoría llama para excusarse por faltar al trabajo, avisar a qué horas irán a casa a cenar, o para saludar a un ser querido“, declaró.
Otro aspecto que le gusta a Nanclares de su empleo, es que se hace en la modalidad de Teletrabajo, promovida a nivel nacional por el MinTIC para aprovechar la tecnología como herramienta para aumentar la productividad de los trabajadores y las empresas. En su caso, le representa un ahorro en tiempo y dinero porque no tiene que movilizarse fuera de casa: “Como soy madre cabeza de hogar, teletrabajar me permite cuidar a mi hija Michelle (2 años) “, argumentó.
Un escritorio, un computador portátil con conexión a la red, audífonos y micrófono constituyen sus herramientas para atender las 80 ó 90 llamadas telefónicas que releva en un turno de va de 8:00 a.m. a 2:00 p.m., y que tiene intervalos de 10 minutos por hora para descansar, más otros 20 de almuerzo. “Aunque permanezco sentada todo el rato, es una tarea agotadora porque interpretar lengua de señas durante horas tensiona los músculos y crispa los nervios. Pienso que esto se debe a que uno siente las mismas sensaciones de los usuarios, porque las tiene que transmitir fielmente: si se enojan, lloran o se acongojan, el receptor lo sabe porque yo se lo expreso con mis movimientos“, explicó. Sin embargo, advirtió que las políticas de uso del Centro de Relevo prohíben el lenguaje grosero, las ofensas, amenazas y contenidos sexuales.
En la lengua de señas, cuya gramática es tan diferente a la del verbal, no todo está construido. Al ser un idioma visogestual se debe tener en cuenta cada gesto, pues el sentido de un mensaje se alteraría hasta con el más sutil movimiento o mirada.
Por eso ha tenido que investigar previamente cómo se comunica la comunidad sorda, y descubrió, por ejemplo, que si alguien quiere decir “Tengo hambre, quiero comer algo“, sería “Hambre yo, querer comer“. Involucrarse hasta el tuétano en el mundo de ellos le cambió la vida: desde hace 9 años vive, piensa y actúa como persona sorda. “A veces se me olvida hablar y comienzo a comunicarme en señas con amigos y familiares “, aseguró.
Existen en Colombia unos 500 intérpretes, cantidad insuficiente para atender a las 455.718 personas con limitaciones para oír (hipoacústicos) y las 134.758 con sordera profunda, según reportes del Instituto Nacional para Sordos (INSOR); por eso que decidió tomar el curso de 120 horas ofrecido por Fenascol (Federación Nacional de Sordos). “Pero el verdadero aprendizaje comienza cuando se entra en contacto con la comunidad sorda“, manifestó.
