Los sueños se pueden cumplir. Eso lo advierte en cada palabra acompañada por una sonrisa la arquitecta y artista plástica Liliana Durán, quien ve realizado todo lo que en un momento ideó y que siempre partía de las tradiciones colombianas.
Liliana es egresada de la facultad de Arquitectura de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, pero pinta desde su niñez, haciendo una hermandad entre el arte y el diseño, por cuanto perfeccionó sus técnicas en Europa.
Los estudios en el Viejo Continente le dieron el aval para lo que actualmente realiza, pues su enfoque se basó en los muebles e interiores. La propuesta de Liliana es única y más que decorativa, lleva un fin social que la mueve a trabajar.
Al regresar a Colombia, empezó a restaurar locaciones en el Centro Histórico de Cartagena, siempre acompañada de artistas locales, y pensando que su inquietud se desarrollaría algún día.
La propuesta de esta artista consiste en tomar los conocimientos adquiridos en Europa en cuanto al diseño y aplicarlos a técnicas ancestrales colombianas, todas muy hermosas, pero hasta hace poco, carentes de un orden.
Liliana Durán expresa calma, la misma que suelen tener los artesanos de este país, pero también desborda en sueños y por eso su proyecto, ese que ahora empieza a despuntar, no conoce límites y se cristaliza con ideas bien fundamentadas.
Luna flecha
El trabajo actual, que ha merecido excelentes comentarios, empezó por la cultura artesanal de Sucre y Córdoba, dándole un vuelco a esos trabajos y agregándoles sofisticación y elegancia.
La inspiración de Liliana sigue estando en su tierra, por eso se dedicó en esta nueva etapa de su vida a tomar las técnicas ancestrales e impregnarlas del diseño contemporáneo, adaptándolas a este tiempo y espacio.
La muestra que ahora presenta consta de elementos llamativos en caña flecha, una colección inspirada en el sombrero vueltiao, en los tapices que acostumbran a tejer los campesinos de esa inmensa sabana y que hacen parte de la identidad colombiana.
Liliana Durán ha llamado su colección “Luna flecha”, compuesta por elementos magnificados, puff, sillones de descanso en este material, algo innovador y que complementa la decoración actual. También presenta espejos cuidadosamente enmarcados en este tejido y otros elementos de menor dimensión, pero igual importancia.
Nada se ha improvisado en este trabajo, desde hace más de un año realizan pruebas de todo tipo, desde el color, para fijarlo fielmente a la fibra, hasta el diseño idóneo y cómodo, sin obviar la resistencia, pues son muebles que van a estar expuestos al uso y a la intemperie en algunos casos.
Un fin social
Desde cuando empezó a gestarse esta labor, Liliana la idealizó como un compromiso social y eso precisamente lo cumple a través de una empresa que se nutre de los artesanos y ellos a la vez han logrado un trabajo estable que aumenta la calidad de vida de sus familias.
El laboratorio creativo está en Turbaco, donde ya empieza a crecer la fábrica de muebles que sacará muy pronto una línea muy artística dirigida por Liliana y con la mano de obra de estas tres familias que acudieron a su llamado.
Algo que la llena de orgullo es que dentro de este grupo maravilloso, como ella define a sus artesanos, están dos mujeres invidentes, que han logrado un trabajo digno y con la remuneración merecida.
La meta de Liliana es ahora dirigir su trabajo a una nueva colección con otra cultura, porque su sueño es involucrar a todo el país con su arte, su belleza y materiales que se pueden adaptar a las necesidades de la decoración.
El destino, el mundo entero. Europa y el Cono Sur han sido los primeros lugares en recibir este innovador diseño que ya cuenta con personas que creen en la propuesta y en el arte en manos colombianas.

