Antes de empezar el FICCI 53 un amigo me dijo que este año no se acercaría a las salas de cine durante esos días, para él, el hecho de que la entrada fuera gratis, le complicaba el ingreso y no estaba dispuesto a meterse durante mucho tiempo en las largas, tediosas y humillantes filas para ver una película que en años anteriores veía sin tanta incomodidad.
Días después de que empezara el Festival pensé que esa promesa no la cumpliría y que estaba exagerando; para él no era fácil entender que lo mejor que le puede pasar a un evento como estos, es que las salas estén repletas de todo tipo de público.
En su quincuagésima tercera edición el FICCI creció de manera generosa en su asistencia. Hubo más público que en los últimos años. Así lo sentimos los que festival tras festival seguimos la historia de uno de los eventos culturales más importantes de la ciudad. El balance de lo que sucedió en esta versión hace pensar que estamos entrando a una nueva época dorada.
Ahora de la mano de una Junta Directiva, presidida por el actor Salvo Basile, la dirección de Monika Wagenberg, la gerencia de la cartagenera Lina Rodríguez; de la tecnología, y de un grupo de empresas y aliados, asistimos a un festival con las salas llenas, con visitantes de todo el país, de América Latina y el Caribe; igualmente vimos los nuevos y veteranos directores; grupos de estudiantes de la ciudad, una Ley de Cine fortalecida; espacios para la reflexión y capacitación, una excelente película del Caribe colombiano, “El Faro”; una reciente, rica y amplia muestra cinematográfica; y la presencia de actores y guionistas del cine norteamericano, de esta parte del continente y de España. El Festival pensó no sólo en los directores, en la prensa, productores y académicos sino en el público. Las salas se atiborraron de todo tipo de espectadores.
Desde su creación, con Don Víctor Nieto, en 1960 hasta inicio de los años 80, la organización consolidó un certamen y sentó las bases que ayudaron a construir una tradición y una imagen que hoy más que nunca podemos disfrutar. Del 91 al 97, de la mano y apoyo del Nobel García Márquez, la fiesta tuvo otra gran época de esplendor: las salas de cine llenas, las grandes figuras del cine mundial eran comunes en las calles de Cartagena y el ambiente de Festival transformaba la ciudad. Actualmente, estudiantes, directores, promesas de directores y productores, actores nuevos, veteranos y reconocidos siguen siendo los protagonistas del buen momento por el que pasa el FICCI.
“Cine Bajo las Estrellas” y “Cine en los barrios” multiplicaron sus espectadores y su calidad en la proyección, y fueron los niños los más beneficiados. La fiesta fue diseñada para todos, y las salas se saturaron de un público hambriento de historias diferentes.
El martes pasado vi a mi amigo nuevamente, estaba a la entrada de Teatro Adolfo Mejía haciendo fila para entrar. Y como él, había más de 400 personas haciendo la cola. Mientras esperamos la apertura…; conversamos y alcanzamos a departir una cerveza, hablamos sobre cine, y otros temas…; y como nosotros, había otras personas que dialogaban sobre cine y más cine; apenas abrieron las puertas, ingresamos. No nos alcanzamos a tomar toda la cerveza, y en pocos minutos estábamos adentro del Teatro disfrutando del tributo a Julio Medem y de su película “La ardilla roja”, así como las otras 400 personas que llenaron la sala.
