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Revista viernes

Llegó la hora del disfraz

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Todos en algún momento de nuestras vidas hemos tenido el deseo de encarnar un héroe, un personaje o hasta un objeto, se trata de esa magia que transmite el disfraz a la cual no escapa ningún ser humano.

Lo anterior aplica para adultos y niños, estos últimos los más atraídos por lucir un disfraz, ya que a través de una personificación se transportan a ese mundo de fantasía que rodea la edad más bella.

Los superhéroes son entonces los más aceptados, con ese atuendo pueden “hacer realidad” el sueño de vencer a los malos, salvar el mundo y ser admirados, reforzando la autoestima, además de desinhibirse por completo.

El juego del disfraz aparece de forma tácita en los infantes desde que empiezan a caminar. Visten y usan elementos propios de sus padres, quienes a su vez se convierten en los primeros personajes dignos de imitar, éstos se reemplazan más adelante con capas y máscaras de aquellos que vienen a salvar el mundo.

Imitar a los adultos es un juego placentero para los niños, logrando adoptar en ese papel de mayores su participación activa en el mundo. De otra parte, practican roles que hacen parte de su entorno, divirtiéndose y preparándose para la vida futura.

 Qué hay detrás de ese disfraz

A los niños les encanta disfrazarse de héroes. Supermán, Batman, entre otros, se ponen la capa (que puede ser cualquier tela a su alcance) y “vuelan” empuñando una espada quizá invisible.

Se trata de un juego universal, pues todos los niños han pasado por eso, sintiéndose poderosos, lo que compensa de alguna manera sus carencias y dependencia de los adultos, algo que siempre es motivo de lucha interna.

La lucha entre el héroe bueno y los malos es, en realidad, la batalla interna de los niños entre sus impulsos de ser traviesos u obedecer a sus padres. Es una autoterapia que libera los impetus negativos y le ayuda a adquirir control sobre ellos mismos, desfogando sus energías y agresividad de forma creativa y positiva sin enojar a los adultos.

Los superhéroes siempre serán un símbolo de bondad para ellos, dispuestos a combatir a los malhechores, algo que también se convierte en un refuerzo a su personalidad. Las niñas por su parte se inclinan claramente por disfraces de Cenicienta o Blanca Nieves, quienes a través de su buen comportamiento pueden vencer las fuerzas oscuras de las malvadas madrastras.

 El vestido de Halloween

En esta noche tan especial no todo es miedo y terror, si bien por la diversión que encierra pedir dulces ataviados con esos personajes que producen espanto es lo más común, los niños también se disfrazan de animales, una forma creativa de mostrar su amor por los mismos.

Hadas y duendes se suman a la tradición de la noche más dulce del año y se mantienen las brujitas con mirada tierna, las momias felices, los fantasmas traviesos y uno que otro Frankestein con el más bello rostro.

La fantasía hace parte del disfraz y la fiesta que se realiza a su alrededor. ROYALTY FREE 123
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Cualquier motivo es bueno para cambiar a través de un disfraz. ROYALTY FREE 123
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