La pérdida de un hijo no nacido puede generar consecuencias emocionales negativas para muchas familias, producto de las expectativas truncadas, sentimientos de frustración y desilusión que pueden desencadenar algún trastorno psicológico como depresión o ansiedad, lo que hace más complejo superar el duelo.
Aunque no hay con exactitud una fecha de cuánto podría durar el proceso de duelo, dado que cada mujer y familia es diferente, expertos aseguran que este proceso puede durar entre dos y cuatro años.
El aborto espontáneo y pérdida de un hijo no nacido representa grandes retos no solo para la familia sino para el sistema de salud, dado que existen tabús en cuanto a la pérdida por las semanas de gestación, y el trato y la atención en muchas ocasiones también es dado dependiendo de ello; así mismo muchas familias suelen no comprender la magnitud del dolor de la pérdida y recurrir al apoyo con lugares comunes.
Para la directora del programa de Psicología de Areandina sede Valledupar, Jessica Mejía, muchos profesionales y familiares asumen que el apego de la madre y demás familiares con el bebe, es mayor según el número de semanas de gestación que tenga, y en consecuencia se brinda más acompañamiento y atención dependiendo de esto, una ideología errada dado que el proceso de duelo que atraviesan la madre y familiares no es relativo al tiempo de gestación, sino a la expectativa e ilusión de recibir a otro miembro de la familia, con quien hacen planes de vida desde los primeros momentos posteriores al descubrimiento del embarazo, en general la madre y la familia del futuro bebe, sueñan el momento en que ya este entre ellos y hacen ajustes a su vida en virtud de la espera.
También es importante considerar cómo se comunica la noticia del fallecimiento, debido a que es un factor determinante en la elaboración del duelo para los afectados.
“El desconocimiento y la falta de empatía ocasiona que muchas veces que las madres y padres tengan que escuchar frases desafortunadas y poco acertadas, es importante que quienes rodean está perdida puedan comprender la importancia del embarazo y la pérdida para el padre y la madre y no cuantificar la importancia del mismo por el calendario gestacional”.
Para la experta, la pérdida de un bebé en etapa de gestación puede manifestarse a través de emociones como tristeza, rabia, ansiedad o culpa, trastornos del sueño y alimentario, cansancio, falta de aire, desgano, negación, confusión, sueños relacionados con el bebé, desapego, entre otros.
En esos duros momentos que muchas familias atraviesan, la experta recomienda permitirse llorar, compartir sus emociones con sus personas cercanas y darse el tiempo y los momentos para aceptar los sentimientos, emociones y reacciones; todo ello hace parte de vivir el proceso de duelo. Para los familiares y personas cercanas de la madre y/o el padre recomienda:
• Aceptar y comprender las reacciones de los afectados, permitir la expresión de las emociones, escuchar a la madre y/o al padre sin juzgar, estar atentos a lo que puedan necesitar.
• Apoyar a madre y padre equitativamente, dado que ambos enfrentan la perdida y pueden resultar igualmente afectados, aunque lo expresen de formas diferentes.
• Evitar palabras o lugares comunes como “debes ser fuerte”, “pronto lo superarás”, “el tiempo lo cura todo”, “así lo quiso Dios”, etc.
• Acompañar cuanto sea necesario y respetar los espacios de intimidad que deseen los padres.
• Sugerir y acompañar un proceso psicoterapéutico.
• No se debe recomendar una nueva gestación hasta que no se haya producido una recuperación física y psicológica.
