Dentro de las patologías que puede en algún momento de la vida presentar el ojo, está el glaucoma, siendo una de las causas más frecuentes de ceguera, por cuanto su daño es irreversible. En síntesis, esta enfermedad daña el nervio óptico, que es la conexión del ojo con el cerebro.
Al ser un padecimiento progresivo, el glaucoma lleva a que el nervio se desgaste a un punto que no podrá transmitir la información visual al cerebro y por ende, de no existir un tratamiento que lo detenga, el siguiente paso es la pérdida de la visión, indica la oftalmóloga Mónica Muñoz.
El glaucoma es entonces la primera causa a nivel mundial de ceguera irreversible, porque una vez ocurre el daño, no existe tratamiento, cirugía o trasplante que pueda repararlo, por tanto es importante detectarlo a tiempo.
Como la mayoría de padecimientos con difícil pronóstico, los síntomas son imperceptibles en sus inicios, dando lugar a un desarrollo que va a dificultar un proceso exitoso una vez detectado. Para conocer si se padece de glaucoma, se hace necesaria la valoración de un oftalmólogo.
En este orden de ideas, la peligrosidad del glaucoma radica en que cuando el paciente percibe deterioro de la visión, hay un indicador muy alto de que la enfermedad está avanzada y ya es poco lo que se puede hacer, advierte la doctora Muñoz.
Prevención
Siendo un padecimiento que aparece a cualquier edad, incluso desde el nacimiento, como es el glaucoma congénito, la prevención es la única práctica para contrarrestarlo. Existen factores de riesgo que prenden las alarmas para programar visita al especialista más temprano, y el principal es si en la familia ya existe la enfermedad.
En este caso, la consulta al oftalmólogo debe programarse anualmente, toda vez que el glaucoma es hereditario y evitarlo no está en prácticas saludables ni de alimentación o ejercicio, simplemente se puede descubrir a tiempo, agrega la doctora Mónica Muñoz.
Es de aclarar, que lo único que se puede prevenir es la ceguera por glaucoma, la cual sólo es detectable con la revisión antes mencionada, lo que obligará a un tratamiento para impedir su avance y el daño del nervio óptico.
La visión perdida antes de descubrir el glaucoma no se recupera, sin embargo si es posible conservar la que aún queda si se empieza con el tratamiento adecuando en la inmediatez, afirma la profesional.
Las campañas que se adelantan a nivel mundial, buscan despertar conciencia sobre la visita médica oportuna que ayude a frenar el tránsito del glaucoma y por ende la ceguera que este produce inevitablemente.
Tratamiento
Al existir varios tipos de glaucoma, también está la variedad en los tratamientos del mismo. En el glaucoma congénito, generalmente se hace necesario el abordaje quirúrgico con una cirugía que va a mejorar la presión alta que maneja el ojo, sin embargo, es de aclarar que este tipo no es el más común.
El glaucoma más frecuente es el de ángulo abierto, es decir, cuando toda la estructura del ojo está normal, pero que de manera silenciosa apareció y requiere un tratamiento con gotas medicadas, hay casos más avanzados que requieren de intervención quirúrgica para controlarlo de mejor manera, aunque la idea es no llegar a ese punto, advierte la doctora Muñoz.
Existe también el de ángulo cerrado, que siempre maneja presiones intraoculares muy elevadas, por darse en ojos más estrechos, con hipermetropía, llevando a que el drenaje del humor acuoso se vea comprometido, aumentando la presión. Este se maneja con una intervención con láser, tratamiento tópico, o cirugías más invasivas para controlar la presión intraocular.
El más peligroso, según indica la experta, es el glaucoma agudo, representado en esos ataques que se presentan tras el aumento repentino de la presión del ojo y es una emergencia oftalmológica que requiere atención inmediata. Es de aclarar que ante una subida de presión, el nervio óptico tiene un tiempo de seis horas para deteriorarse sin reversa, por lo que allí es inevitable la cirugía.
Con el glaucoma se debe ser precavido y tener en cuenta que, el de ángulo cerrado es más frecuente en mujeres, lo mismo que en las poblaciones indígenas. En cuanto al de ángulo abierto no discrimina, mientras que el sexo femenino debe tener más cuidado con el agudo.
En cuanto a las edades en que se puede intensificar, la doctora Muñoz advierte que el riesgo mayor está entre los 40 y 60 años, justamente cuando la visión empieza a sufrir cambios por el envejecimiento. De otra parte hay factores de riesgo como la hipertensión y la diabetes.
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