Por edad, por tiempo en la industria y por su indiscutible talento, puede considerarse un enlace tácito entre esa salsa que defiende y valora, y el sonido nuevo que inevitablemente llega para transformar esta era musical.
Se trata del salsero neoyorquino, pero con fuertes raíces boricuas, Víctor Manuelle, quien este año celebra sus 30 años como solista, una carrera que se inició desde lo más tradicional del género, sin embargo, ha hecho amplios coqueteos con otras vertientes que no le impiden mantener el título bien ganado de “Sonero de la juventud”.
La celebración empezó en firme hace tres meses, tiempo en el que el artista ha rememorado situaciones pasadas, llegando incluso a revisar la primera producción como solista en el año 1993. “Al ver esto me pongo nostálgico, entiendo que Dios me ha permitido hacer cosas maravillosas, que pasan y no se gozan en ese instante por estar en el tornado del éxito, pero ahora me las estoy disfrutando al escuchar anécdotas de colegas, felicitaciones, historias”, afirma.
El salsero celebra tres décadas en medio de la más absoluta vigencia, no es un homenaje en el retiro y por tanto presenta lo que ha vivido, el presente y lo que vendrá. El inicio de esta gran fiesta fue en Puerto Rico, donde llenó la “casa”, es decir, dos funciones sold out en el Coliseo José Miguel Agrelot, o el Choli, como se le conoce en la isla, acompañado de sus amigos colegas.
Ahora, cuando ya empieza a asimilar lo que está viviendo, agradece a Dios al permitirle extender su arte por 30 años, al público que como afirma, no se ha cansado de escuchar su música y sigue allí, y suma a los medios de comunicación, por quienes agrega, tomó conciencia de agradecimiento en pandemia, cuando en medio del encierro sintió como se valoraba desde ese entorno su trabajo.

Una carrera extensa
Si bien se habla de estas tres décadas, es menester recordar que su incursión artística fue mucho antes. Víctor Manuelle hizo parte de importantes orquestas, haciendo coros con figuras consagradas, y aun cuando contaba con ese respaldo, decidió escuchar su voz interior e inspirado en los grandes de la Fania, pensó en tener su propia orquesta.
“Me tomó dos años en sentir que mi carrera arrancaba, los primeros meses fueron inciertos y esa primera producción no tuvo el impacto que hubiese querido, pero era necesario ir escalón por escalón y ahora recuerdo esos momentos con mucho cariño, valió la pena asumir el riesgo”, manifiesta satisfecho.
“Justo a tiempo” fue ese primer álbum, Gilberto Santa Rosa fue su productor, por lo que para Víctor resultó más fácil asumir esa decisión. “Tuve la bendición de tener en los coros a Cheo Feliciano, Adalberto Santiago, Tito Allen y arreglistas como Ramón Sánchez, entré apadrinado por un grandes ligas, que además me llevó a la compañía Sony, en un momento en que el género estaba en buenos lugares, es decir, las cartas estaban acomodadas”, agrega.
Si bien lo anterior era un buen presagio, la competencia era fuerte, para entonces salían grandes figuras como Rey Ruiz, Luis Enrique, Jerry Rivera, el mismo Gilberto que estaba establecido, al tiempo que se compartía escenario con los consagrados, pero la calidad y el talento le dieron luz propia.
Lo que pocos saben es que el sueño de Víctor Manuelle era ser el cantante de una orquesta como el Gran Combo, de Tommy Olivencia o de Willy Rosario, porque además era todo un honor, concepto que cambió un poco a finales de los 80 con la llegada de voces solistas como Eddy Santiago, Frankie Ruiz y Santa Rosa, baluartes de la salsa romántica.
El don que se supera cada día
Hay muy buenos cantantes en el género, y en el mismo ser sonero es más que el talento, un don. Víctor Manuelle hace parte de ese selecto grupo, aunque se declara respetuoso y cree que esa virtud de la improvisación es un regalo de Dios, sin embargo, cuando habla de Cheo Feliciano o Beni Moré, afirma ser un aprendiz de ellos y considera que le falta para alcanzar el nivel.
“Ese don lo he ido desarrollando y en el homenaje en vida a Celia Cruz, tuve la oportunidad de que la gente conociera esa habilidad que, si bien la manejaba, no se había hecho internacional, esa presentación me llevó a que en adelante me pidieran incluirla”, afirma.
Dentro de todo ese concepto musical, la madurez de este artista llegó al entender que no sólo era un exponente de salsa, le gustaba el negocio, era como tener un empresario interno que analizaba hacia dónde se dirigía su carrera y fue percibiendo que el género, que desde los años 70 era un movimiento juvenil, para entrar al nuevo siglo buscaba evolución.
“Encontré en el movimiento urbano la preferencia joven, y pensé que si no me unía, pasaba a la historia, quería estar vigente y de ahí salió mi primera colaboración con Héctor y Tito en el 2001, luego llegó Tego Calderón, Don Omar, Yomo, entre otros, y ahora, en lo más reciente, entra Bad Bunny, Farruko, Wisin, Yandel. Al principio fui criticado, pero en esta celebración de 30 años entendí que fue un acierto, porque me mantuvo en el gusto de la juventud, mi carrera ha sido de riesgos”, afirma satisfecho.

Componer, otra fortaleza
La composición es otra faceta de Víctor Manuelle, la considera más retadora. “Empecé a componer para mí y era muy cómodo, pero cuando le di canciones a otros artistas y fueron éxitos, como “Quizás él”, “Si te dijeron” en voz de Gilberto Santa Rosa, producciones para Ismael Miranda, el respeto que adquirí fue mayor, porque lo que escribo para uno, no se parece a lo que hago para el otro, y eso me emociona, porque se trata de convencerlos, aun cuando son mis amigos”, expresa satisfecho.
Lo más reciente de este sonero es “Lado A, Lado B”, una producción que define lo ya hablado, celebra este aniversario, al tiempo que muestra esas dos caras que ha tenido en la música, el lado tradicional que se grabó en análogo, emulando los años 70, exigente en arreglos; y el otro, donde entra el espectro urbano con sonidos refrescantes y colaboraciones del género, ponerlos allí fue retante, porque hubo quien pensara que no se debían mezclar, pero él quería tener todo junto.

