Para todos, absolutamente todos los colombianos, Carlos Vives resulta ser familiar, en su música hay seguidores de todas las generaciones y si de expresar orgullo por una figura que represente al país en el exterior se trata, el artista samario lleva la delantera.
Su vida personal y profesional va ligada a todo lo que le signifique Colombia y precisamente la puesta en escena que desde el año pasado lleva consigo para celebrar las tres décadas de un movimiento musical sin precedentes al lado de La Provincia, su grupo, es todo un homenaje nacional que no pierde un solo detalle. Al salir de ese concierto, cada uno de los asistentes sin duda siente el orgullo a flor de piel por haber nacido en esta tierra.
Esa ha sido la misión de Vives desde cuando entendió que en las raíces estaba todo lo que quería llevar por el mundo, y si bien su carrera artística se remonta a su propia existencia, toda vez que desarrolló todo cuando quiso antes de aunar su canto a las gaitas y acordeones, la verdadera identidad empezó en 1993 y a través de su exaltación al Maestro Rafael Escalona.
Su vida representa fielmente ese viaje por las provincias recorridas junto a su padre, donde sin proponérselo se nutrió del folclor que ahora de forma impecable incluye en canciones que trascienden, un trabajo que encuentra réplica en la generación naciente, donde es evidente su influencia.
“Esto ha sido un viaje interno, disfruté de la música y la cultura, mi papá era amante de los boleros, vallenatos, sones, mientras que mi mamá paisa cantaba tango y le gustaban los bambucos, entonces mi trabajo me ha permitido ser atrevido y experimentar desde la identidad, después vinieron los viajes y entendí que todo lo que llamábamos moderno, nacía de ritmos ancestrales”, afirma convencido de lo que le rodea.
Para Carlos, entender hace treinta años que su música moderna iba nacer de su colombianidad y patrones como el vallenato, la cumbia, el chandé, currulaos, entre otros aires, lo llevó a formar parte de unas nuevas corrientes que edificaron modelos criollos en instrumentos eléctricos. Lo llamaron entonces tropipop, por la expresión tropical, se añadieron otros factores más adelante y todo esto llevó al artista a ser pionero por haber influido en una nueva generación de músicos.

El camino recorrido
Profesando respeto por la cultura, el samario valora que tuvo la fortuna de vivir sin pensar en migrar, entonces, aun tomando un camino distinto al que la industria proponía, le apostó a lo que llevaba en su corazón y, ante todo, a la gente que le enseñó a amar todo eso.
“Yo era ‘viejito’ cuando empecé hace treinta años y sabía que no iba a hacer folclor, la diferencia entre los juglares y el ‘man’ de la televisión era grande, entonces me inventé un método que me llevara a la industria y me reafirmo en que el folclor no debe quedarse en el pasado, porque Colombia merece futuro”, agrega.
Carlos Vives reconoce que el camino no ha sido fácil, pero el pálpito que le infundió el público lo ha motivado siempre, se considera muy de la vieja guardia en sus procesos, confiesa que recurre al cuaderno y el lápiz para crear sus canciones, luego las acompaña con la guitarra, pero así mismo valora el aporte de los jóvenes que trabajan a su lado, un equipo que tiene relevos, porque muchos de los iniciales se proyectaron y de la misma forma otros llegaron.
Otro canto a Cartagena
Carlos siempre está de estreno, con álbum o en los ya masificados sencillos, es común encontrar de un mes a otro una nueva canción, por lo que la reciente es la que está por venir y la actual es para disfrutar.
El orgullo por la tierra lleva a este artista a mantener un enlace permanente a través de sus canciones y Cartagena siempre presente en sus letras, vuelve a ser musa, esta vez al lado de la española Rozalén.
A “La fantástica”, que tantos adeptos tiene, se une “Tres días en Cartagena”, la producción que colmó expectativa por su ritmo festivo y que fue una especie de conexión entre culturas, toda vez que lleva, además de la champeta local, algo de jota, el canto y baile español que se acompaña de varios instrumentos, esta vez se incorporó la bandurria, interpretada por la artista manchega.
Todo este proceso que Vives ha cumplido con exponentes ibéricos y su cercanía más allá de lo profesional, ha hecho que reaccione ante esa herencia que se debe aprovechar y que una vez más toma como referente de su estilo.

Más allá de la música
“Volver a la raíz”. Esgrime esa frase y con tono decidido indica que ese regreso es necesario para mantener todo lo que se precisa en la actualidad, y hace referencia a su ciudad nativa, Santa Marta, piensa en los 500 años de su fundación y todo lo que ha planeado para tal celebración, porque su campaña empezó, y desde España, con la invitación al Rey Felipe VI.
Revivir la gesta de Rodrigo de Bastidas es parte de su misión y así se lo hizo saber al soberano español, porque su interés está centrado en que más allá de la música, la cultura colombiana resuene en el exterior.
Si bien Carlos Vives habita en un marco de arte, no es ajeno a lo que sucede en el país, ha sido testigo de años difíciles, y por eso trabaja también en ese rescate de identidad que promueve a su vez el orgullo de ser hispanoamericanos y de la maravillosa mezcla de razas que se produjo en esta tierra. A esto le suma la gloria de juglares y eterniza sus obras.
